Opinión

  • | 2014/06/13 07:00

    ¿Por quién estamos votando?

    La falta de coherencia política e ideológica es uno de los problemas más graves que tiene esta contienda presidencial. Ya no se sabe quién está hablando y, lo peor de todo, qué es lo que finalmente van a hacer.

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Ríos de tinta se han escrito sobre el desarrollo de esta sangrienta y agresiva campaña presidencial entre el candidato-presidente Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga. El respeto a las ideas ha sido el gran ausente, reemplazado por la guerra sucia de lado y lado, por el escándalo, el cinismo y las volteretas que parecen saltos mortales. Y de las cosas más sorprendentes de todas, es la falta de coherencia entre lo que pensábamos que representaban los dos candidatos y lo que realmente están demostrando ser capaces de hacer.

¿Cómo se explica uno que Juan Manuel Santos esté aliándose con algunos sectores del Polo y los Progresistas para hacer política, sobre todo después del enfrentamiento entre Santos y Petro hace apenas unos meses? ¿Cómo va a funcionar esa alianza? Creo que la misma no se circunscribe exclusivamente al tema de la paz. No puedo sino pensar en la ocurrencia de uno de tres escenarios si el Presidente sale reelegido. Uno: incumple los compromisos adquiridos con la izquierda en razón a diferencias insalvables de posiciones y criterio (lo cual no sería nada raro). Dos: ciertas definiciones de política pública –el post conflicto, la política agraria, el gasto y la inversión social, la política laboral son algunas de las que se me ocurren– se paralizan, por esas mismas diferencias insalvables (es decir, no se gobierna). Tres: las políticas públicas que se van a considerar van a presentar un viraje ideológico tan grande que nos vamos a llevar una enorme sorpresa. En cualquier caso, el escenario no es bueno. Y generan un manto de duda sobre lo que realmente piensa y quiere el candidato-presidente.

Y la perla de la incoherencia: ¿cómo hace el candidato-presidente cuando, en referencia al gobierno anterior, habla de “ustedes”? ¿Es que acaso se le olvidó de repente que dentro de “ustedes” estaba él? ¿Que se sentaba en el Consejo de Ministros, que participaba del mismo y de sus decisiones? ¿Que algunos de los escándalos que le achacan al gobierno de Uribe estuvieron relacionados con el tema de seguridad, la cual depende del Ministro de Defensa?

Pero si por los lados de la Unidad Nacional llueve, por el Centro Democrático no escampa. Óscar Iván Zuluaga, el candidato de ese partido, que fue Ministro de Hacienda durante los años 2006 a 2010, ahora resulta que no comulga con la idea de vender Isagen, por ejemplo. Pero resulta que el proceso que se estructuró en esa época fue cuando Zuluaga estuvo al frente del Ministerio que es el dueño directo de las acciones de la Nación en esa compañía. En ese momento se frustró la venta no por una expresión ideológica, que es la que utiliza Zuluaga ahora para oponerse a la venta, sino por cuestiones prácticas de mercado. Probablemente el tema de Isagen es apenas uno de varios virajes “estratégicos” que se podrían encontrar en el plan de gobierno de Zuluaga.

Es sorprendente la falta de coherencia de nuestros candidatos. A veces cuesta creer que se estén dando las cosas así. Se viene a la cabeza una frase de Macchiavello: la política no tiene ninguna relación con la moral. Y podría uno complementar: ni con la ideología, ni con el pensamiento, ni con la honestidad intelectual, ni con nada. La política solamente tiene relación con la política y, por supuesto, con los políticos. El poder no es un medio para lograr un fin. El poder es un fin en sí mismo.

El ejemplo que nuestros líderes están dando es que por la política y el poder se justifica todo, lo cual claramente es incomprensible y peligroso. La hipocresía y la falta de claridad y contundencia son lesivas, no solamente para el contrincante político de turno, sino para toda la sociedad. Ya es suficientemente complejo elegir a alguien que gobierne bien, que ejecute, que pretenda poner en práctica políticas públicas que sirvan al desarrollo y el bienestar, como para que ahora, además, no sepamos si al que estamos eligiendo va a cambiar de parecer una vez elegido. Aunque dicen que al perro no lo capan dos veces, parece que los colombianos vamos para la segunda, sin importar el resultado de las elecciones.
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