Opinión

  • | 2014/06/13 06:00

    El materialismo dialéctico y el voto

    Este país inevitablemente tiene que vivir un proceso de cambio.

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Si algo ha caracterizado la actividad política en Colombia en tiempos recientes ha sido la ausencia del debate ideológico; o sea, de lo que debería ser el fundamento y la columna vertebral de las decisiones que después por la vía electoral se plasmen. Se puede decir que los planteamientos de 'izquierda' desaparecieron o se volvieron impresentables en la medida en que se consideró que quien los representaba era la guerrilla; y por eso mismo tampoco evolucionó a nivel analítico y teórico la comprensión de lo que significó la adopción del modelo neoliberal dentro de nuestro proceso histórico.

Me encontré un pequeño libro que hace notar más esta ausencia. Se trata de la publicación de un escrito hasta entonces inédito de Antonio García titulado El Realismo Dialéctico en la Historia. En este reivindica o recupera la metodología de análisis histórico que propuso Marx y divulgada por Engels como el 'materialismo dialéctico'. A pesar de lo abstruso que suena el mencionarlo así, lo interesante es lo elemental de su contenido –poco conocido o entendido justamente por esa ausencia de divulgación de los planteamientos de izquierda–.

Cabe recordar que la formación de Marx no fue la de economista sino la de historiador y sociólogo, y por tanto su obra debe verse como una propuesta de interpretación de la historia y de una metodología para estudiarla.

Como lo destaca Antonio García, esta se resume en reconocer que en la evolución de la humanidad, de la sociedad y de la naturaleza no existen situaciones estáticas o definitivas sino procesos permanentes de cambio, y que estos se basan en que en todo momento coexisten características contrarias que se manifiestan en la 'dialéctica de la historia', o sea que se resuelven creando nuevas condiciones que, a su turno, conllevan sus propias contradicciones, y así sucesivamente.

Esto que parece obvio requiere el complemento de cómo o qué determina la forma en que se pasa al estado siguiente. Lo que Marx propone es que no es alrededor de una confrontación ideológica que se motiva y decide ese proceso sino alrededor de intereses materiales y más concretamente económicos; de ahí la conclusión de que el desarrollo de las sociedades debe ser estudiado en función de las características de su modo de producción en el cual se incluyen las relaciones sociales que rigen –para él y para su época, la 'lucha de clases'–.

Lo que aporta este libro es la aplicación de esa metodología de análisis para explicar lo que sucedía o sucedió con las propuestas de estatismo soviético; la tesis que Antonio García desarrolla es que sus dirigentes pretendieron que ese modelo de socialismo era un estado definitivo; es decir, lo contrario a lo que el marxismo predecía, y esa sería la explicación de su fracaso.

Aunque la argumentación del escrito puede ser demasiado académica, las presentaciones que la acompañan –de Simón de la Pava Salazar y Luis Emiro Valencia– son más interesantes porque sitúan el tema más cerca de nosotros. La publicación es de 2006 y trata del momento histórico colombiano, del cual el momento electoral de hoy es apenas la continuación.

A la luz de este análisis parece incomprensible –o inverosímil– que los candidatos a ser Presidente no entiendan que lo que este país inevitablemente tiene que vivir es un proceso de cambio. Que de lo que se trata no es de preservar el modelo de Estado y de Sociedad que tenemos; que los cambios tecnológicos y demográficos obligan a la creación de un orden social y económico diferente: que tenga en cuenta los indicadores de bienestar ciudadano y no solo los indicadores macroeconómicos –salud, educación y solidaridad más que competitividad, etc.–. Que nuestro modelo económico no debe depender de acabar los recursos naturales y el medio ambiente sino de crear riqueza y valor agregado.

Es insólito que ninguno mencione esa necesidad y que se limiten a atacarse o debatir sobre la forma de lograr firmar un documento con las Farc sin divulgar lo que esperan, o en qué cambiaría lo que hoy tenemos, y se limiten a tratar de infundir miedo o rechazo a lo que propone el rival.

Sin decirlo explícitamente, lo que buscan es facilitar las condiciones para mantener estos modelos. La Paz sobre la que discuten no es la que produciría el reconocimiento de que los problemas que nos aquejan nacen del tipo de estructuras jurídicas, políticas, económicas y sociales que tenemos; la paz que contemplan es la que permita no cambiarlas.

En ese sentido plantean un debate ahistórico –al negar ese carácter dialéctico de la historia– pero sobre todo perverso, al obligarnos a escoger entre dos males. Retomando el texto de De la Pava Salazar: "En verdad, los procesos sociales que no reciben un tratamiento adecuado, que consiste en ese ajuste dialéctico permanente entre la realidad natural y social en continua evolución, y lo que piensa y quiere realizar el sujeto activo de la historia –el hombre– para adaptar esa realidad a sus necesidades, tanto espirituales como materiales, por fuerza de las circunstancias entran en la franja del más peligroso desequilibrio".

¿Qué sentido tiene votar para que no haya cambios; votar para que neguemos o desconozcamos los cambios que el mundo y nuestro país han vivido; votar para apoyar la continuidad de las causas del conflicto que se anhela terminar; votar para legitimar un sistema que niega sus defectos y pretende continuarse?.
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