Opinión

  • | 2016/04/14 00:00

    El verdadero paraíso fiscal

    Si el motivo de tanto despliegue en la prensa es el de los ‘paraísos fiscales’, debería mostrarse algún interés en que los verdaderos paraísos fiscales están en Estados Unidos.

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Paraíso fiscal’ tiene dos acepciones principales: una, la correcta, la de un sitio donde los impuestos son bajos y el enemigo no es la fiscalidad; otra, la que por uso se ha tornado más común, que es donde se pueden esconder capitales para no pagar sobre ellos o incluso para mover dineros en forma clandestina o semiclandestina.

El caso de Panamá es que es un país que desarrolló toda su economía alrededor de ser una especie de ombligo del hemisferio occidental, teniendo como principal y prácticamente única entrada el permitir que, por su ubicación y su modelo económico, las operaciones de cualquier naturaleza pasen por ahí y dejen un pequeño rendimiento y una gran inversión disponible para su desarrollo.

Eso no solo en materia financiera, sino como puerto libre para manejar el comercio, o como armador para tener bajo su bandera la mayor cantidad de cargueros, o el mismo carácter de bodega sobre el paso internacional de un océano al otro, les ha permitido tener una economía boyante a pesar de no tener ningún tipo de producción. El resultado es que en el último lustro ha sido el país de mayor crecimiento del continente y tal vez el segundo del mundo.

Es un modelo de desarrollo que les ha producido frutos y que, independientemente de la calificación que se le dé, está basado en un régimen legal que se cumple.

Los listados sobre individuos o compañías que tienen cuentas allá son ciertos, pero ni quiere decir que sean ilegales, ni que el verdadero objetivo sea la denuncia contra quienes las tengan para propósitos indebidos: la víctima es Panamá, puesto que lo que se pone en entredicho es el régimen y el modelo que tienen.

El escándalo mediático dentro de su falta de profundidad ha dejado de lado que tener cuentas allá no es ilegal desde que estén declaradas (y que con seguridad gran parte de las de los ‘papeles’ lo están); que depende de muchos otros factores lo correcto o incorrecto del manejo fiscal (si existen convenios de ‘no doble tributación’ y según la residencia del declarante); y que funcionalmente lo que ofrece Panamá como facilidades no necesariamente es para que se adelanten actividades cuestionables.

Ningún país deja a disposición de otro su información tributaria ni bancaria para que sea abierta al antojo de otro. Los convenios entre naciones o aquellos suscritos en el marco de la Ocde se basan en el principio de la obligatoriedad del pago de impuestos en uno u otro lugar, pero no en la discrecionalidad de acceso a informaciones que usualmente ni siquiera las autoridades internas –diferentes de las judiciales en casos de delitos– lo tienen.

Pero si el tema motivo de tanto despliegue en la prensa es el de los ‘paraísos fiscales’, debería mostrarse algún interés en que los verdaderos paraísos fiscales están en Estados Unidos.

Al igual que para temas como la marihuana, la política externa es diferente de la interna y en estados como Colorado es legal hoy en día no solo el consumo medicinal sino el recreativo, y se puede producir y comercializar el cannabis, en estados como Delaware, Wyoming y otros se reúnen las dos condiciones de paraíso fiscal (baja tributación y amparo contra intervención por controles) más que en cualquier otro país, pero allá no se cuestionan.

La esencia de la relación política entre cada uno de los estados y la Constitución Americana hace que los estados sean autónomos e independientes en su funcionamiento interno (ejemplo: la diferencia del matrimonio gay según los estados).

Eso explica que mientras los Estados Unidos persiguen por el mundo a los traficantes y promueve una política de ‘tolerancia cero’, la abandona internamente, porque, de romper esa relación de autonomía de sus estados y tratar de centralizar un poder por encima de ellos, se acabaría el modelo político que tanto les ha servido. Y tanta razón tienen en defender su modelo de Estado como lo tiene Panamá.

Los paraísos fiscales internos –varios de los estados gringos tienen ese atractivo, sobre todo los pequeños– tienen más carácter de ‘paraíso’ en el sentido de que están amparados porque para llegar a ellos tendría que pasarse antes por el cuestionamiento al sistema y en consecuencia al poder de los Estados Unidos.

En cuanto a la pretensión que tenía Colombia de forzar un acuerdo de revelación tributaria que permitiera que nuestra Dian tuviera acceso a toda la información de allá, ya la había tenido el IRS –sistema tributario americano– sin que tampoco lograra más de un convenio restringido que solo excepcionalmente obligaba a informar por intercambio judicial algo del secreto bancario. Probablemente algo estamos viendo en cuanto a que es a otro precio no dejarse imponer lo que quiere Estados Unidos de lo que es no dejarse imponer lo que quiere Colombia.

Al fin y al cabo nunca, ni con los wikileaks, se había visto semejante concertación mediática sin que se sepa cómo comenzó.

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