Opinión

  • | 2016/02/04 00:00

    ¿Hasta dónde nos llevará el mal momento de Santos?

    Entre más se disculpa en factores externos, y más intenta presentar una supuesta maravilla de gestión, más inconformismo y enervamiento produce en la ciudadanía.

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Mal momento está pasando el Gobierno.

Entre más se disculpa en factores externos y más intenta presentar una supuesta maravilla de gestión, más inconformismo y enervamiento produce en la ciudadanía.

Y no porque lo que argumenta sea falso, sino porque con ello pretende ocultar el abandono en el cual se encuentra el ciudadano común, como si la eventual sanidad del Estado justificara el olvido del bienestar del individuo.

Se está produciendo el fenómeno de que a una población enervada pretenden convencerla de que no tiene razón para estarlo; lo cual acaba convirtiéndose en un círculo vicioso que hace que entre más se insiste en esa estrategia más se aliena el favor de los afectados.

El ciudadano espera las Reformas a la Salud, a la Educación, a la Justicia, al Estatuto del Trabajo, todas pendientes desde que subió Santos al poder, y de las cuales depende su bienestar… y lo que se ofrece es una Reforma Tributaria...

Lo grave es que es tal el desprestigio del Gobierno y del mandatario, que arriesga a acabar reflejándose en lo que llaman el ‘proceso de paz’.

Empieza a tomar importancia la sensación de que no siendo cuestionable el propósito que se busca con las conversaciones, sí lo es la forma en que se está sacando adelante; todos sabemos que hay que tragar sapos y, unos más y otros menos, todos estamos dispuestos a hacerlo; pero ya tampoco es el contenido de lo que se está negociando lo que está prevaleciendo como discusión (cuánto de impunidad; dónde la concentración; hasta dónde los derechos a actuar en política; etc.); la habilidad misma para evadir los obstáculos que se presentan se está convirtiendo en un nuevo cuestionamiento.

Sucede algo parecido –y en cierta forma refleja el mismo descontento– que lo manejado en la venta de Isagen: muchos se preguntan si no pasa lo mismo en la conducción del ‘Proceso de Paz’.

Es lo que ocurre con la Ley de Plebiscito respecto a la cual existe prácticamente un consenso sobre su inconstitucionalidad; pocos artículos han provocado más claridad que el del Dr. Uprimny al señalar la diferencia entre consulta popular y plebiscito1, como este no es vinculante, como no obliga sino al gobierno de turno; además la ley aprobada no desarrolla lo que la Constitución define como Plebiscito en Colombia.

En el caso de Isagen, fue desviada la atención hacia el precio o la conveniencia de la operación, los cuales pueden ser defendidos, pero no así lo grave que es que un gobierno, so pretexto de que sus intenciones son buenas, saque la venta a las malas aprovechando el receso de los órganos competentes para pronunciarse y sin esperar los fallos judiciales. Respecto al Plebiscito, el umbral o el quórum pueden ser uno u otro porcentaje, pero lo que no es admisible es que se tergiverse el sentido de la ley para cambiarla mediante ‘creatividad jurídica’.

Como vamos, ese ‘plebiscito’ no acabaría siendo la refrendación o no de los acuerdos sino un voto a favor o en contra del Gobierno, dependiendo de si este logra convertir en aprobación a su gestión el respaldo todavía mayoritario a una solución política del conflicto, o la oposición consolida contra él el descontento,.

Y quien ve desaparecer su patrimonio en Ecopetrol, o en sus acciones en Bolsa o en sus ahorros en los Fondos de Pensión, o disminuir su poder adquisitivo por la devaluación y la inflación; o el campesino que pierde su cosecha o el damnificado por las inundaciones de hace cuatro años al cual no le han cumplido; el que sufre un atraco, o le roban el celular o lo extorsionan; o en general el ciudadano que vive la realidad del país, no se satisface con que digan que el PIB colombiano crecerá más que el de Venezuela; ni los convence que un organismo internacional califique al Ministro de Hacienda como el mejor del Continente; ni les consuela saber que la tasa de homicidios bajó o que los últimos Directores de la Policía fueron calificados como los mejores del mundo.

Y molesta que se afirme que Reficar es la joya de la corona, cuando el Contralor divulga que tuvo sobrecostos por US$4.000 millones y el Ministro de Hacienda notifica que la producción de petróleo tiene que reducirse porque no es rentable.

Y hasta ofende –por demasiado burdo– el papelón populista de que los Ministros viajarán en clase económica para mostrar ejemplo de austeridad.

En fin, si no se logra deslindar la catastrófica gestión de Gobierno de lo deseable que es el cese de hostilidades con las Farc, y si siguen intentando convencernos de que debemos aplaudir a los actuales gobernantes, podemos acabar perdiendo lo bueno que el aguantar esto nos podría dejar.

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