Opinión

  • | 2017/02/02 00:00

    Lo que nos dejan el modelo y la filosofía del neoliberalismo

    Estamos completando un ciclo histórico en el cual termina lo que se puede llamar la época neoliberal, caracterizada por un modelo en lo económico y una filosofía en lo político. Y lo que estamos viviendo es el fin de este periodo con unos resultados concretos.

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Después de haber sido el centro de debates desde su implantación, desde hace una década ya ni el vocablo se usa; dejó de suscitar controversias después de haberse consolidado en el mundo, y hoy cuando se menciona es para señalar las limitaciones que tuvo, pero siempre hablando en pasado. (Caso del mismo Banco Mundial o del ‘Economist’).

A nombre de la superioridad del Mercado como ordenador de la economía se desarrollaron la globalización, la desregulación y las privatizaciones, dejando al Estado la responsabilidad de los ajustes fiscales; en lo político se acompañó natural e inevitablemente del también orden de la libre competencia pero en el poder; es decir, disminuyendo la función de intervención de las autoridades para manejar las tensiones sociales.

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Lo estamos viendo con lo sucedido en los Estados Unidos como vanguardia, pero repetido en cierta forma en el resto del mundo. Entre el gobierno americano y la Reserva Federal manejaron adecuadamente desde el punto de vista el rescate económico de una crisis que se inició con perspectivas de ser la más grande desde el crack del 29. Hoy se puede considerar –y en todo caso consideran ellos– que se superó esa crisis y que están en periodo de recuperación. A su turno ese manejo permitió que, lejos de ser un factor ‘cascada’ para que se agravara la crisis en Europa, morigeró el efecto que hubiera podido tener en el viejo continente y hoy contribuye a su lenta reactivación.

Pero esa ‘salvación económica’ consolidó también los males del sistema. Que hoy ocho individuos tengan una fortuna igual a la de la mitad de la humanidad simplemente complementa el que en todos los países del mundo aumentó la desigualdad, o que el ingreso per cápita de los Estados Unidos, que era 15 veces el del promedio latinoamericano, aumentó 40 veces.

En el último lustro hemos visto eso expresado en movimientos de ‘indignados’ en los países que accedían al nivel de punta, pero a costa del bienestar y la tranquilidad de sus poblaciones (Irlanda, Grecia, España, Portugal), o incluso en los abanderados del modelo en Estados Unidos e Inglaterra.

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Pero en lo político también se generan reacciones de extrema derecha que toman cada vez más fuerza, con la Gran Bretaña y Estados Unidos –quienes con Reagan y la Thatcher lideraron el modelo- siendo primeros en concretar electoralmente ese fenómeno.

Se reunieron en una conferencia titulada ‘Libertad para Europa’ los líderes (y ‘liderezas’ dirían hoy) de extrema derecha de ese continente –Marine Le Pen por Francia, Frauke Petry por Alemania, Geert Wilders por Holanda, Mateo Salvini por Italia, Harald Vilimiskyay por Austria (y otros pertenecientes a los que en sus respectivos países se proclaman ‘Partido de la Libertad’)–, todos con buenas posibilidades de tomar pronto el poder. Esto va más allá del simple ‘populismo’, hacia el populismo nacionalista, algo que se debería llamar Nacionalpopulismo, y recuerda al Nacionalsocialismo, con propuestas de corte extremista y caracteres xenófobos, incluso racistas como aquel.

Pero el punto a destacar es que si la anterior tendencia hacia la izquierda y hacia gobiernos socialdemócratas se podía insertar o corresponder al Estado Liberal –es decir a la llave democracia-capitalismo–, el triunfo del neoliberalismo sobre las propuestas o modelos alternativos se desbocó llevando a que se exacerbaran sus contradicciones internas.

Hoy, después de salir de las protestas de los indignados, el péndulo hacia el otro lado muestra un proyecto que parte de rechazar no solo los objetivos sino los valores del Estado Liberal.

No se trata de aquellos ‘morales’ que coinciden por lo demás con la misma esencia del capitalismo –con el egoísmo como su columna vertebral– pues buscan es ‘hacer mejor a la persona’; se trata de los que son funcionales a la sociedad, –la solidaridad, o la equidad, o la justicia social– que propician la convivencia ciudadana y coinciden con el propósito de la democracia (en el sentido de buscar igualdad y participación de toda la ciudadanía en derechos y oportunidades), y son ajenos a la filosofía de la superioridad y de las ventajas del mundo de la competencia, de ganadores y perdedores, que caracteriza al neoliberalismo (por algo llamado también ultracapitalismo).

A la ‘Libertad’ que se refieren esa reunión, esos partidos y esa tendencia es a liberarse de las obligaciones de los países desarrollados en relación a aquellos en desarrollo, de los problemas creados por ese modelo y las soluciones a aportar que deben ser compartidas con y en función de toda la humanidad, es decir de los propósitos y principios que caracterizan la filosofía del Estado Liberal.

El Estado Neoliberal acabó con el Estado Liberal.

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