Opinión

  • | 2017/03/02 00:00

    El modelo de subdesarrollo

    Estamos en que se maneja la economía como la política: con slogans y campañas publicitarias para convencer a la gente de que todo irá bien, pero sin crear las condiciones para que esto se dé.

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Parece evidente que los ‘modelos de desarrollo’ son necesarios para los países subdesarrollados o en desarrollo. Los países desarrollados ya superaron esa etapa y por eso no requieren de ellos.

Para ellos sirve el modelo de mercado –si así se puede llamar– consistente en que la economía funcione de acuerdo a las condiciones que este impone; es decir, sin intervención ni planeación por parte del Estado. En otras palabras, un antimodelo o la ausencia de un modelo de desarrollo.

Lo que sucedió entre nosotros es que adaptándonos a las condiciones del mercado (los altos precios del petróleo y el carbón) montamos una especie de ‘modelo de desarrollo’ que resultó ser el perfecto ‘modelo de subdesarrollo’.

Convencidos de que los precios del petróleo se mantendrían altos y que por eso podríamos contar con recursos infinitos para buscarlo hasta que se hallara, el Estado –o los gobiernos neoliberales devotos de la sumisión a las guías del mercado– estructuraron la economía conocida como ‘la enfermedad holandesa’, o sea en un modelo de desarrollo consistente en pretender vivir de una bonanza de ingresos externos (por venta de recursos naturales) a costa del abandono del aparato productivo.

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La caída en los precios de esas materias primas se refleja en las cifras de crecimiento del PIB: 2013 = 4,9%; 2014 = 4,4%; 2015 = 3, 1%; 2016 = 2%

La situación actual es que el Gobierno presenta la expectativa de un ‘repunte’ que está totalmente alejado de la realidad.

En las economías del mundo real no existe la posibilidad de crecer o decrecer indefinidamente. Siempre habrá un efecto rebote para arriba o para abajo al llegar a ciertos extremos. Pero la capacidad de los gobiernos para cambiar las tendencias económicas es marginal (aunque más para el daño que para la prosperidad).

Especialmente el sistema democrático es ineficiente y de lento progreso sin posibilidad de cambios bruscos, sobre todo cuando afecta intereses de los poderosos. Además, muchas veces, contrario a lo que prescribiría la Economía Política, no es en función de sus efectos sociales que se toman las decisiones económicas sino son las consideraciones políticas las que imponen el manejo económico.

Por supuesto es aún más difícil no siendo clara la situación en que nos encontramos. El Gobierno –Ministro de Hacienda y Presidente- parecen considerar que ya ‘tocamos fondo’, que la situación no puede ser peor (aunque no reconocen lo grave que está) y que la tendencia al ‘rebote’, acompañada de unas medidas de ‘Colombia Repunta’, cambiará lo que llaman el pesimismo de prácticamente todos los analistas económicos.

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La destinación de los $6 billones de la Reforma Tributaria a programas sociales y a ese ente etéreo que sería el posconflicto no sirve para sostener que eso incrementará el PIB. Dice el Minhacienda que no habrá adiciones presupuestales diferentes a esos $6 billones, pero eso quiere decir que ese mayor gasto del Estado vendrá de lo que les extraen a los contribuyentes, lo que se reflejará necesariamente en una disminución del consumo y/o la inversión; es decir, una influencia recesiva que a su turno lo que trae es disminución del PIB.

Igual la porción del sobrecosto a la gasolina que se intentó trasladar al presupuesto nacional sustrayéndolos a los ingresos de municipios y departamentos implicarían una reducción igual a lo que se aumenta para los de la Nación; no hay razón para asumir que por manejarlos el gobierno central aumentarán más el PIB que en los proyectos regionales (y hoy, con el ‘reverzaso’, no se sabe cómo sustituirán lo argumentado).

La explicación de que los recursos para uno u otro propósito saldrán de uno u otro sector es abrir un hueco para tapar otro; con la circunstancia de que no se sabe cuándo resulta lo que se busca solucionar, ni hasta dónde el problema nuevo que se crea pueda ser más grave.

La afirmación del Dr. Cárdenas, según la cual crecerá la economía porque la expectativa de mejores condiciones económicas ayudará a aumentar el PIB es simplemente una tautología sin ningún soporte analítico. Menos la declaración del Presidente de que él confía en que ‘Colombia Repunta’ mejorará el crecimiento en 1,3% y se llegará a 3%; menos cuando por el otro lado el nuevo Gerente del Banrepública opina que este puede estar entre 0,7% y 2,7%, con 1,7% como mayor probabilidad.

Pareciera que nuestro gobierno no ve que lo que vivimos es consecuencia de un mal modelo de desarrollo, ni que eso no se corrige con reformas tributarias ni con ‘medidas de impacto’ tipo PIPE 1 o 2, sino que requiere más decisiones políticas y más de largo plazo, intervención y planeación del Estado bajo forma de un modelo de desarrollo diferente.

Estamos en que se maneja la economía como la política: con slogans y campañas publicitarias para convencer a la gente de que todo irá bien pero sin crear las condiciones para que esto se dé.

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