Revista Dinero

Eduardo Lora.

| 9/21/2013 6:00:00 PM

La oportunidad para salir de la ignorancia

Los libros electrónicos pueden masificar la lectura, pero el mercado no despegará por sí solo.

por Eduardo Lora

Los colombianos apenas leen en promedio 1,9 libros por año, y esto incluyendo libros de texto, libros religiosos y manuales de autoayuda. Sin ser ninguna maravilla, los promedios de lectura en otros países latinoamericanos son mucho mejores: 5,4 libros por persona en Chile, 4,6 en Argentina y 4 en Brasil.

Como resultado, el mercado del libro en Colombia es minúsculo: tan solo $550.000 millones en 2011. Haga las cuentas: escasos US$300 millones para más de 30 millones de lectores potenciales. Con una decena de best-sellers en Estados Unidos se supera fácilmente esa cifra.

Puesto que el mercado es muy pequeño, los libros son muy caros, lo cual crea un círculo vicioso difícil de romper. En Colombia se publican muy pocos libros, y la mayoría tiene ediciones que no pasan de los mil ejemplares, que toman años para ser vendidas. Las importaciones también son escasas y su distribución muy costosa, a pesar de que los libros están totalmente exentos de aranceles.

En estas circunstancias, los libros electrónicos deberían ser parte de la solución pues, aunque los costos fijos de edición son semejantes a los de los libros físicos, los costos variables son insignificantes. Especialmente los libros importados se volverían mucho más baratos y aumentaría su oferta.

En Colombia ya puede conseguirse el Kindle, el lector digital más exitoso en todo el mundo, y en unos pocos meses Amazon.com empezará a operar directamente en el país. En menos de un año es posible que también entren Google y Apple con servicios de venta de libros electrónicos.

En palabras del presidente de la Cámara Colombiana del Libro, Enrique González, el despegue del libro electrónico “depende del factor contagio que genere la masificación del Kindle con la llegada de Amazon”. Además, la competencia con otros grandes proveedores será esencial para que los precios se acerquen a los de Estados Unidos, donde los libros electrónicos valen menos de la mitad de los libros impresos (y una tercera parte de lo que cuestan estos en Colombia).

Sin embargo, el despegue del mercado del libro electrónico no está garantizado. Amazon y otros potenciales proveedores de material cultural electrónico, como Netflix, son reticentes a ofrecer sus productos más exitosos en mercados como el colombiano, donde no hay suficiente protección a los derechos de propiedad intelectual, y donde la piratería está muy extendida.

Como lo ha dicho Juan Carlos Monroy, abogado especialista en estos temas, “Colombia no tiene normas claras respecto a la descarga de libros online, y esta falta de reglamentación es la que potencia la piratería”.

Para aprovechar las posibilidades del libro electrónico es necesario llenar cuanto antes estos vacíos legales y combatir seriamente la piratería. Además, el Gobierno puede ayudar a expandir el mercado, especialmente el de textos escolares.

El Ministerio de Educación tiene ya en marcha un ambicioso programa de distribución de tablets a los ocho y medio millones de estudiantes de las escuelas oficiales. Sin embargo, aún no se están desarrollando los contenidos electrónicos para que los estudiantes puedan aprovechar bien ese recurso. El Gobierno debería hacer alianzas con las casas editoriales nacionales para producir libros de texto electrónicos de alta calidad académica y con los estándares técnicos que requiere este medio. El mercado de textos escolares es suficientemente grande para que puedan pagarse los mejores autores y profesionales del diseño y la producción de libros electrónicos. En mercados más pequeños, como el de libros de texto universitario, el Gobierno podría subsidiar estos costos con los recursos de las regalías dedicados a innovación que administra Colciencias, que se están desperdiciando.

El país no puede conformarse con la ignorancia. El desempeño de los jóvenes colombianos en las pruebas académicas internacionales es lamentablemente malo, la producción de patentes es una de las más bajas del mundo y las actividades productivas se están concentrando cada vez más en recursos mineros y productos poco sofisticados.

El acceso a internet ha aumentado muy rápidamente en los últimos años, pero menos de una cuarta parte de los usuarios utiliza ese medio para descargar o leer libros. Igual puede ocurrir con las tablets. La oportunidad para salir de la ignorancia puede pasar por delante de todos nosotros sin que siquiera nos demos cuenta.
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