Opinión

  • | 2013/12/15 00:00

    El lobby mamerto

    Ese lobby verde, que ha impedido el desarrollo de la minería a gran escala, nos recuerda en sus estrategias al lobby internacional de la guerrilla. Y es que causalmente es a la guerrilla a la que le conviene que no haya desarrollo minero.

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Hay dos grandes mitos que han florecido: que la minería a gran escala se opone a la conservación del medio ambiente y que la agricultura a gran escala es un pecado capitalista.

La percepción que tiene de sí mismo el Ministerio del Medio Ambiente es que está para “proteger” el medio ambiente, al punto de oponerse al desarrollo. No se concibe al Ministerio como un ente que otorgue licencias ambientales a las actividades que cumplen con los estándares requeridos, sino como un ente que prohíbe de tajo la actividad minera a gran escala, organizada y que paga impuestos y genera divisas.

Se olvida la actual ministra, Luz Helena Sarmiento, que el nombre completo de su entidad es Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. De este último, nada se ve. Cuando se posesionó, prometió resolver el problema de la delimitación del páramo de Santurbán en dos meses, pero ahora resulta que ha aplazado nuevamente la decisión, porque ¡oh sorpresa! descubrió que allá arriba hay ocho pueblos que viven precisamente de la minería.

Resulta que los habitantes de la zona sí quieren el gran desarrollo minero que estaba generando ya 900 empleos directos, sin haber entrado a explotar un centímetro de terreno. Estos empleos se han perdido, lo mismo que en otras zonas donde las multinacionales están empacando para irse o ya se han ido.

Ese lobby verde, que ha impedido el desarrollo de la minería a gran escala, nos recuerda en sus estrategias al lobby internacional de la guerrilla. Y es que causalmente es a la guerrilla a la que le conviene que no haya desarrollo minero, porque ello significa presencia del Estado.

¿Dónde estaba ese lobby verde cuando los cocaleros, léase la guerrilla, destruyeron millones de hectáreas de selva y páramo? La coca llegó hasta el Macizo Colombiano, allá donde nacen los ríos Cauca y Magdalena, las principales fuentes de agua del país. Ni los seudo-verdes ni el Ministerio abrieron la boca.

Algo similar ocurre con el mito de los baldíos en la Orinoquia. Un embeleco creado hace 20 años, la Unidad Agrícola Familiar, ha convertido en delito comprar tierras para sembrar en grandes extensiones de los Llanos y la Orinoquia. Esta tierra, casi estéril, requiere ingentes inversiones en fertilización y adecuación, lo que demanda un capital que un campesino no puede asumir.

En una muestra de su debilidad de carácter, el presidente Santos dejó al Ministro sin respaldo cuando retiró del Congreso apresuradamente la reforma a la ley de tierras. Que conste que en su indecisión hizo radicar la ley dos veces el mismo día, y dos veces la retiró.

El país le ha comido cuento al senador Jorge Robledo. El lobby mamerto se ha apropiado del tema. Nuevamente, la única beneficiada es la guerrilla, que a lo que más teme es a la presencia del Estado.

Se clama por el desarrollo del campo y el Gobierno se queda cruzado de brazos, atemorizado, cuando surge oposición a un desarrollo agroindustrial, que por sus características puede no solo competir con los productos importados, sino generar importantes exportaciones, tal como lo hizo Brasil.

Ese país pasó de producir 170 millones de toneladas de alimentos a 400 millones, mientras que Argentina duplicó su producción al pasar de 100 a 200 millones de toneladas. En Colombia más que se doblaría la producción: de 30 millones de toneladas hoy, se pasaría a 75 millones. No se entiende cómo el mamertismo trasnochado de Robledo se opone a que el país más que doble su producción de alimentos y que la opinión ilustrada le trague el cuento.

La explotación a gran escala del oro, por su parte, quintuplicaría las exportaciones del metal. Pero acá estamos ante un gobierno dubitativo que cede ante la primera presión si esta viene de la izquierda. Pero sucede que estas son las únicas presiones que existen, porque los gremios empresariales o no representan a nadie más que su junta directiva como la SAC y Analdex, o son organismos del gobierno como la Andi.

En año electoral no se van a tomar decisiones. El desarrollo que llevará al país a crecimientos superiores al 5% tendrá que esperar por lo menos otros 4 años si se reelige el presidente Santos, y ese es un lujo que no nos podemos dar.
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