Opinión

  • | 2017/01/19 00:00

    El gobierno logra una unanimidad

    La nueva ‘Reforma Tributaria’ puso de acuerdo a todos los sectores colombianos en su contra.

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Nada más repetido y más aceptado que el que no hay una medida de gobierno que no polarice entre defensores y críticos o, más exactamente, entre beneficiarios y perjudicados.

En el momento que vivimos, debería ser esto aún más cierto, cuando un sector político no solo se dedica a la oposición sistemática sino acusa a todas las ramas del poder de ‘persecución’ por las decisiones que se toman –sean administrativas, penales o de orden político–. Incluso en el tema que debería producir más convergencia, el de la Paz, se ha dividido la opinión del país por partes iguales.

Por eso es de resaltar cómo en uno se ha llegado a la unanimidad: la nueva ‘Reforma Tributaria’ puso de acuerdo a todos los sectores colombianos en su contra.

La cuestionan los teóricos o académicos expertos tributarios por no ser progresiva, por tener aspectos antitécnicos, como la forma del gravamen a los dividendos, o el persistente 4 por mil (que además por eso era una medida transitoria y la vuelven ahora permanente); se muestran descontentos los miembros de la Comisión encargada de proponerla porque no responde a los objetivos que se fijaron (ampliar la base tributaria; acabar las exenciones); hasta el Fiscal General se muestra inconforme por no haberse incluido la penalización a la evasión de rentas; los gremios económicos, para quienes supuestamente corregiría las distorsiones generadas por las dos o tres reformas anteriores de este gobierno, la atacan vehemente; no hay un caricaturista que no recuerde el juramento del presidente Santos de que no aumentaría los impuestos; los voceros de los trabajadores se ofenden de que el salario mínimo suba solo 7%, cuando se estima que, por causa de la reforma, para febrero la inflación rondará esa cifra (o sea que ya se habrá perdido el alza); los economistas prevén que el alza del IVA traerá mínimo una disminución del consumo, y el conjunto de las nuevas reglas un desestímulo a la inversión; quienes tienen visión de estadistas destacan que de ‘estructural’ no tiene nada y que lo coyuntural se limita a volver a golpear más a las clases media y baja. Incluso los juristas se preguntan qué pasa si la ley no fue impresa en el Diario Oficial antes del 31 de diciembre.

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Quienes lograron medio punto del incremento del IVA para Salud y Educación quedan pendientes de cuándo vendrá la reforma al sistema de salud para que tenga sentido aumentar los recursos, y por qué no se apropian directamente fondos para la crisis de la universidad pública que parece no tuviera dolientes.

Se justificó la existencia y la forma atropellada de expedir este nuevo estatuto en que fue la exigencia de las calificadoras de riesgo para no castigar los malos resultados de la gestión económica bajando su apreciación sobre la deuda soberana. Pero hasta el momento no han expresado estas su satisfacción, y, si bien es probable que omitan cambiar su calificación en forma inmediata, se puede dar por casi seguro que antes de seis meses pasará lo que se temía y se trató de evitar.

Ni siquiera el Presidente se atreve a mencionar, menos a defender, lo alcanzado en los tres días de debate; sus discursos tratan de salir del tema de la Paz (único reivindicable), y habla de ejecutorias (dudosas varias de ellas) y de futuros promisorios; pero respecto a esta reforma prefiere no tratar ni evaluar el resultado.

El único que se manifiesta satisfecho es el Ministro de Hacienda, quien considera un éxito el desaparecer las figuras del Cree, el Imán y el Imás creadas por él mismo en la reforma anterior.

Hay manifestaciones y demandas de diferentes grupos ciudadanos y seguramente habrá aún más que buscarán tumbar uno u otro aspecto de esta reforma. El malestar que esta genera viene a sumarse al inconformismo con la situación del país y, por supuesto, al sabotaje persistente de la oposición cerrera que dirige el expresidente Uribe.

Si 2016 se inició con esperanzas y el final lo deja con frustraciones e incertidumbres (para la gran mayoría de los colombianos, aunque pareciera que no para los gobernantes), 2017 se inicia al revés, con mucha incertidumbre y poco optimismo (también con las visiones diferentes entre lo que ve el Gobierno y lo que vemos los demás). Que se mencionen como posibles aspirantes a la Presidencia a los principales artífices y propulsores de esta reforma parece sorprendente, pero prueba la distancia entre el país de los políticos y el de los gobernados (o la falta de opciones que se generan en el país político); en la próxima campaña presidencial será el ‘posconflicto’ el principal alimento de los medios; pero habiendo quedado pendiente la ‘reforma estructural’ y los recursos ‘coyunturales’ para los programas de paz (no los de subsanar el déficit por la caída del petróleo), tanto o más espacio deberá ocupar el tema tributario.

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