Opinión

  • | 2013/10/16 18:00

    Petro y el mal de Hubris

    Los mandatarios que sufren de este mal son impulsivos, temerarios y orgullosos. Sus principales características son el narcisismo y la megalomanía.

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El neurólogo norteamericano David Owen describe en su libro In Sickness and in Power: Illnesses in Heads of Government during the Last 100 Years (En la enfermedad y en el poder: enfermedades en la cabezas de gobierno durante los últimos 100 años) lo que llama el síndrome de Hubris. El hubris o hybris era un concepto del teatro griego antiguo que se podría traducir como “desmesura”.

Los gobernantes que lo padecen son impulsivos, temerarios y orgullosos y se creen iguales o superiores a los dioses. El clásico ejemplo es Ícaro, que intentó llegar al sol y se quemó en el intento. Sus más claras características son el narcisismo y la megalomanía. Según él, quienes lo padecen “se sienten invencibles pero ven enemigos por todas partes”. Hitler, Stalin, Chávez y ahora Maduro, son claros ejemplos.

La primera mención en nuestro medio al síndrome de Hubris la hizo el médico y periodista argentino Nelson Castro, refiriéndose a Cristina Kirchner. Nuestro Hubris criollo es Gustavo Petro.

Quien sufre de la enfermedad ve al mundo –su reino– como un espacio para su propia glorificación a través del uso del poder. Gustavo Petro es un tirano que pasa por encima del Concejo al adoptar el POT por decreto. Irrespeta a sus funcionarios –de ahí la cadena de renuncias que no termina– e ignora los principios mínimos de la administración pública.

La víctima del mal de Hubris toma acción principalmente para realzar su imagen personal. Es así como Petro rota la sede de la Alcaldía de Usme, a Kennedy y a Ciudad Bolívar. El sujeto muestra una preocupación desproporcionada por su imagen y presentación. De ahí la exhibición permanente de un modelo infinito de chaquetas de Bogotá Humana.

Otra característica es un entusiasmo mesiánico y exaltación en su discurso. Petro ejecuta acciones extremas como “atrincherarse” en la Empresa de Acueducto como si lo fueran a atacar. O “rompe” con el gobierno nacional al expedir el POT por decreto.

Quien sufre el mal se fusiona a sí mismo con la institución. Frente al riesgo de ser destituido por el Procurador, Petro anuncia movilizaciones en Bogotá “en defensa de lo público y del Alcalde Mayor y la Bogotá Humana”. Programa una “gran asamblea popular en la plaza de Bolívar” (El Tiempo, junio 23, 2013) en apoyo a su gestión.

Otra característica es el uso del pronombre “nosotros” o de la tercera persona: “Yo sé que la batalla que estamos dando no es para que el alcalde mantenga un puesto público, sino para que el proyecto progresista y pacifista en Colombia triunfe” (entrevista a María Jimena Duzán, Semana, octubre 13 ,2013).

Manifiesta desprecio por los demás: a los funcionarios los despide a través de los medios, llega tarde a las reuniones. El episodio con Leszlie Kalli es una clara muestra del machismo en la institución.

Quien sufre el mal de Hubris pierde contacto con la realidad. En la misma entrevista a María Jimena Duzan, Petro liga su destino al proceso de paz: “La estrategia para destruir la paz [es] debilitar el gobierno nacional. Para lograrlo hay diversos mecanismos, entre esos uno fundamental: acabar el gobierno progresista en Bogotá. Por ello la revocatoria y la presión a la Procuraduría para que destituya al alcalde... es la primera pieza fundamental que terminaría derribando el proceso de paz”.

Los actos del mandatario que sufre el mal son impulsivos. Petro alienta manifestaciones en Bogotá durante el paro agrario que se salen de madre y terminan en vandalismo y toque de queda. Él mismo organiza el ataque a Transmilenio, que acaba destruyendo estaciones y ocasionando daños inconmensurables al sistema.?En consecuencia, quien sufre el mal de Hubris es incompetente y completamente ignorante de los principios básicos de administración y de políticas públicas.

Y, aunque parezca casualidad, el mal de Hubris produce sangrados subdurales. Tanto Cristina Kirchner como Gustavo Petro los sufrieron. A ambos les ordenaron 30 días de reposo. Este dato científico debería ser agregado al estudio del experto.
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