Opinión

  • | 2017/05/11 00:01

    El cambio en el modo de producción

    Si los proyectos y políticas no se orientan hacia la conversión al modo de producción de hoy nos encontraremos cada vez más rezagados.

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Los analistas destacan que existe un ‘quiebre’ en la forma como se manifiesta electoralmente el orden político. La desaparición de los partidos, el ‘populismo’, la ‘postverdad’ como instrumento de campaña etc.

Desde el punto de vista de la Economía Política –es decir de la ciencia que estudia los fenómenos económicos como base de la organización social– esta ‘decadencia’ de la política es tan solo un reflejo de los cambios que se dan en el ‘modo de producción’.

Un modo de producción está caracterizado por los factores de producción, los sistemas que se organizan para explotarlos y las relaciones que se derivan de ello. Por ejemplo, cuando los únicos factores de producción eran la tierra y el trabajo se desarrolló el esquema feudal alrededor de la explotación de la tierra mediante el trabajo de los siervos.

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Varios cambios llevaron hasta el modo industrial-capitalista con el cual nos familiarizamos en el último siglo, con el Capital y el Trabajo como principales factores y la relación entre la clase obrera y la empresarial (sindicatos y gremios) bajo la organización de fábricas para producción en serie. 

Como es un proceso dialéctico en el que el cambio de alguno de los tres elementos (sistema organizacional, factores de producción y relaciones) activa el cambio en los otros, nunca se puede determinar un momento ni un estado del modo de producción, pero sí es fácil constatar los cambios que se manifiestan.

También se puede entender que un país es desarrollado en la medida en que responde a lo más avanzado de esos ‘modos’, y recíprocamente que un país es subdesarrollado –o en desarrollo– mientras esté en ‘modos’ anteriores.

Hoy se habla de la ‘sociedad del conocimiento’ para señalar la importancia que ha adquirido ese factor; y ya vemos que aparece la capacidad de innovación cada vez con más relevancia. 

Han perdido peso las ventajas que da la naturaleza e incluso el factor laboral, y los avances tecnológicos con la robótica y la informática determinan nuevos sistemas organizativos.

Sería interesante estudiar dónde estamos ubicados al respecto y eventualmente evaluar cómo se verían nuestras políticas dentro de este marco de análisis.

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El hallazgo de un gran campo gasífero no puede ser sino una muy buena noticia en cuanto a que encontramos una riqueza nueva, como quien gana una lotería. Pero se corre el peligro de continuar dependiendo de los sistemas más primitivos de producción, como es la simple extracción de recursos naturales.

Las energías alternas reemplazan rápidamente los hidrocarburos y el petróleo, que alcanzó a ser el elemento de más peso en la economía mundial, hoy se ve solo como factor de inestabilidad al buscar cómo acabar la dependencia de él.

En cuanto a la función del capital, aún vivimos bajo la idea de que el crecimiento del mismo –y en nuestro caso en condiciones absurdas de concentración– es de por sí un indicador de progreso; podemos ver que la especulación financiera genera aumentos del PIB, pero desde el punto de vista de la evolución del modo de producción no solo no aporta nada sino se convierte en lastre por su falta de aplicación a las áreas nuevas.

La que llaman ‘economía o industria naranja’ puede ser parte de las nuevas modalidades de actividad productiva. Lo que se mueve en el mundo del espectáculo, del turismo y en general del esparcimiento es cada vez mayor.

Los cambios se manifiestan en el modelo del individuo, cuando buena parte de esta generación no piensa en un futuro de familia, ni ve su trayectoria vital preestablecida alrededor de las etapas de carrera, matrimonio, éxito económico, o cuando desaparecen las fronteras de identificación sexual.

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El mundo hoy es el espacio virtual (Internet, WhatsApp, Google, Twitter, Facebook, etc.). Y es alrededor de él y a través de él que vive el ser humano y que maneja su contacto con sus congéneres. (Se ilustra con un ‘chat’ recibido: “Con la caída de Whatsapp conocí gente maravillosa, viven en mi casa y dicen que son de mi familia…”)

Infortunadamente, el nuevo orden tiende a aislar a las personas y a acabar con la relación social propiamente. Contra eso poco se puede hacer.

Pero, en el campo del manejo económico, como no podemos oponernos a los cambios que jalonan los nuevos factores y sistemas de producción deberíamos intentar adaptarnos a ellos.

Nada tiene de malo el explotar la fortuna encontrada en el gas; y es obvio que es conveniente fomentar tanto la agroindustria como la prosperidad del habitante del campo; y la recuperación de la industria y el estímulo a las exportaciones no pueden sino traer bondades; lo mismo el impulso a las construcciones, tanto en vivienda como en obras públicas.

Pero si los proyectos y políticas no se orientan hacia la conversión al modo de producción de hoy (innovación, ciencia y tecnología, informática, actividades soporte del ocio y el esparcimiento etc.) nos encontraremos cada vez más rezagados respecto al mundo al cual aspiramos pertenecer .

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