Opinión

  • | 2014/04/15 00:00

    Educación: recursos e incentivos

    Tres familias de trabajos recientes aportan diagnósticos y propuestas en materia educativa. ¿El problema es de recursos o de incentivos?

COMPARTIR

En una estupenda columna, Armando Montenegro celebra lo que uno podría llamar el ascenso reciente del tema educativo en el escalafón del debate colombiano. Subraya, entre otros catalizadores de esta dinámica alentadora, la publicación reciente de tres documentos. Uno, los 5 volúmenes que analizan los resultados de la ronda PISA 2012, el más reciente salido del horno. Dos, los tres trabajos sobre educación contenidos en el reporte de la Misión de Equidad y Movilidad Social (MEMS), cuyo resumen elaboró en diciembre último el mismo Montenegro. Tres, el trabajo Tras la Excelencia Docente (TED), auspiciado por la fundación Compartir y elaborado por cinco destacados académicos.

Las tres familias de trabajos se pueden analizar desde dos perspectivas; los diagnósticos, de una parte, y las recomendaciones prácticas, de otra. En materia de diagnósticos, no resulta sorprendente que los colombianos suframos una profunda falencia en materia de calidad, cuya ilustración más nítida la proveen los resultados en PISA, reiterados desde 2006. Esta falta de calidad es transversal a las diferentes etapas de la vida escolar, empezando por la crítica etapa preescolar y terminando en la fase de preparación para el trabajo. Las pruebas que los jóvenes toman a los 15 años de edad, y que tanto revuelo trienal generan en el país, son apenas un eslabón de la cadena pesada que nos sumerge.

Lo interesante está en las propuestas y aquí hay dos grandes hilos conductores. Lo que podríamos llamar el capítulo de los recursos, de un lado, y lo que podríamos llamar el de los incentivos, del otro. En el primer tema, la conclusión irremediable, tan común a todo trabajo de política pública que se respete, es que falta plata. En el segundo, que la estructura de incentivos que tienen los actores (maestros, administradores, padres y estudiantes) es altamente imperfecta.

En materia de recursos, vale la pena recordar que Colombia gasta en educación sumas agregadas que de ninguna manera se pueden calificar de irrelevantes. En 2012 el país le dedicó 4,4% del PIB (algo así como 19% del gasto público) a la educación, cifra que se compara con 4,5% en Chile, 2,7% de Perú y 3% de Singapur. Los docentes analizados en PISA 2012 (Volumen 4, pg.42) tienen en Colombia remuneraciones muy superiores, como fracción del PIB per cápita (170%), de lo observado en países o ciudades con resultados muy exitosos, como por ejemplo Finlandia (que remunera maestros al 120% del PIB per cápita) o Shanghái (110%). Contra un telón de fondo en el que se está haciendo un esfuerzo importante, es necesario explicar por qué no estamos obteniendo los resultados. Aquí es donde entra el capítulo de incentivos.

Quizás el aporte más importante, en este sentido, está en TED, auspiciado por la fundación Compartir: si uno mira el contexto internacional (base de datos PISA 2009) y analiza las diferencias, exclusivamente escolares entre establecimientos educativos de excelencia (superiores muy significativamente al promedio) y establecimientos fallidos, resulta que lo único importante es la manera como los estudiantes evalúan el trabajo de sus maestros (se llevan bien con ellos, les dedican tiempo adicional a clase etc.). Este resultado se confirma para Colombia, usando una metodología similar, con base las pruebas saberes 2011 (grados 5 y 9) y discriminando entre establecimientos oficiales exitosos y fallidos: lo que los estudiantes perciben sobre sus maestros es muy diferente en unos y otros. Adicionalmente, los autores estiman no ya las diferencias puramente escolares entre establecimientos exitosos y establecimientos fallidos, sino las variables (insumos) que explican el resultado obtenido por el estudiante en la prueba. Lo único realmente importante es la educación del maestro (no importa mucho el número de años), su permanencia docente y que sea menor de 55 años.

Coincido plenamente con Armando Montenegro en celebrar la aparición reciente de documentos serios sobre el tema educativo y del debate correspondiente. Juzgando por esta primera oleada de magníficos análisis, los colombianos estamos tirando mucha plata a la basura llamando educación a lo que en realidad constituye, para demasiados actores, un generoso seguro de desempleo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?