Opinión

  • | 2017/08/31 00:01

    ¿Dónde está la bolita?

    Cuando la gente buena, competente, que hace bien su trabajo se usa como chivo expiatorio, están vacunando al Estado contra la honestidad.

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Me gustaría poder decir que soy amigo de Luis Fernando Andrade, pero no creo llegar a ser más que un conocido. Aunque lo conozco desde hace muchos años y hemos participado juntos en tertulias sobre el país, su mundo como consultor y el mío como funcionario poco se cruzan. Además, mi diagnóstico crudo, brutalmente realista del nivel de deterioro y corrupción de nuestras entidades, tienden a abrumar y alejar a personas como él. Las personas sanas y buenas son vulnerables ante las fieras que han capturado nuestro sector público. Para alguien profesional y serio, creer que lo que le dicen es cierto es lo razonable. Toca tener muchos años de experiencia y malicia para saber que en Colombia los más corruptos se las dan de santos. Ellos tratan de acercarse y generar complicidad contándote en tercera persona las porquerías que ellos mismos hacen.

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Si la justicia llega al desatino de meterlo en la cárcel, es solo para darle gusto a la tribuna. Esto no sería más que parte de la puesta en escena del gran acto de prestidigitación en curso. ¿Dónde está la plática? Ahora la ves, ahora no la ves. Juegan con la opinión pública dándole contentillo para no llegar al fondo del asunto. El problema es sistémico y todos saben que, si halan duro la pita, caen tantos poderosos que el edificio se nos viene abajo. Aquí ni yo mismo quiero saber toda la verdad, no creo que tengamos el estómago para digerir toda la verdad. Solo reparación, perdón, cambio y olvido nos pueden funcionar.

Por el momento nos entretienen mandando al cadalso de la guillotina pública a mandos medios, unos tantos firmones, un buen hombre inocente y alguno que otro, que, a cambio de mucha plata, servirá de fusible. Autores intelectuales no se ve ni uno.

Mientras tanto, los mejores comunicadores estratégicos nos venden etéreos éxitos con flechitas de “al alza” o editoriales titulados de forma pomposa ¡Habemus fiscal! Cuando la burda verdad es: Non enim conspiratio est!

Porque concesiones que ameritan investigaciones por corrupcion es lo que abunda. El Inco era un cáncer y los patrimonios de muchos de sus funcionarios y exdirectores no aguantan auditoria. Los líderes gremiales del sector saben perfectamente que esto es sistémico y que existen otros concesionarios que, como la Concesionaria Ruta del Sol (Consol), hacen pagos a Panamá por servicios de consultoría inexistentes y pagan servicios en Colombia a personas que no existen o compañías de papel (la corrupción siempre usa contratos ficticios ¡que no causen IVA!).

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Hace ya mas de 4 años que se hicieron estas denuncias a la Fiscalía. Pensábamos que era un burdo esquema para la evasión de impuestos. Ahora es claro que lo relevante son los movimientos de las cuentas bancarias panameñas de esas consultoras que prestan servicios para el pago de coimas en el exterior.

Andrade no tenía cómo imaginar nada de esto. Su objetivo era elevar a otro nivel el sector de infraestructura en Colombia y lo logró. El sector debería reconocer públicamente los vicios de los que fueron parte, por acción u omisión, hacer acto de contrición, reparar al país, corregir, devolverle a Andrade su buen nombre y seguir para adelante. El sector es vital para nuestro desarrollo y si Estados Unidos perdona a Odebrecht a cambio de instituir la ética en sus procesos y pagar una jugosa sanción –que perfectamente se puede invertir en mas infrastructura–, ¿qué sacamos nosotros hundiendo lo que tenemos por una mentirosa cruzada por la moralidad?

Con lo que se sabe, esto se podría destapar. Consol hizo pagos por docenas de miles de millones de pesos a empresas de papel. Quienes han aceptado cargos detallan el cómo, pero la historia se trunca, del otro lado alguien tuvo que mandar a pagar todo eso. Además, algún contador de Consol tiene que haber notado los ilícitos. El hecho es que existen pruebas de que Odebrecht desangró a Consol a costa de sus socios para pagar sobornos y estos ni se inmutan.

Y es aquí donde arrancan las coincidencias que no se investigan. El auditor de Consol es el exgerente del Acueduto de Bogota que adjudicó el contrato de Tunjuelo Canoas al consorcio Canoas (Odebrecht y los Solarte). El proceso licitatorio fue cuestionado por el zar anticorrupcion de entonces. Soletanche Bachy, uno de los otros proponentes, fue presionada por el exsecretario de movilidad de Samuel Moreno, Luis Bernardo Villegas, para que pagase un 8,7% del valor del contrato por su adjudicación: $21.000 millones; es el mismo exgerente de ferrovías de la cuestionada ejecución del contrato con Odebercht del ferrocarril de Santa Marta-La Loma. Todos los que están libres haciendo de las suyas y Andrade en riesgo de ir a la cárcel sin razón. ¡Qué absurdo todo esto!

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