Opinión

  • | 2017/01/19 00:00

    Desconectados, peor que estar out

    Internet de las Cosas significa que los datos están en todas partes todo el tiempo. Descripción que no aplica a la realidad de los colombianos.

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La población mundial supera ya los 7.000 millones de habitantes, lo que hace urgente alcanzar rápidamente niveles de sostenibilidad del planeta. Para 2030 la demanda de agua superaría en 40% la disponibilidad del recurso, según cifras resaltadas por Bridget Karlin, directora ejecutiva de Estrategia e Integración de Productos de Internet de las Cosas en Intel. Igual, si en 2040 la población mundial supera los 10.000 millones de habitantes y el desarrollo económico sigue su curso, la demanda mundial de alimentos y energía será 70% y 56% mayor, respectivamente, a la demanda vigente, con un aumento en las emisiones de carbono de 40% frente a las actuales.

Los retos económicos y sociales que enfrenta la humanidad son dramáticos y perturbadores. Solo pueden superarse con mayor, mejor y más radical innovación y transformación tecnológica que en el pasado. Por lo mismo, responder ¿a qué velocidad se debe conducir para maximizar el uso de la gasolina y disminuir al mínimo en forma constante las emisiones de CO2?, resulta casi definitivo para la supervivencia humana.

Para hacer realidad la respuesta se requerirán vehículos con sistemas automatizados que pre-determinan la ruta y velocidad óptima en los diferentes tramos. Que pueden comunicarse e intercambiar información con otros vehículos y objetos. Sistemas que, a pesar de la información aleatoria, toman decisiones complejas y evitan todo tipo de accidente.

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El desarrollo del Internet de las Cosas (IoT) significa que los datos se podrán capturar, consultar, compartir, monitorear y almacenar sin restricciones. El principio básico es que la proliferación de datos hace posible la ubicuidad de la inteligencia. La tecnología 5G –donde movilidad y computación convergen y se hacen indistinguibles– permiten a IoT conectar todos los objetos del día a día, intercambiando información y produciendo interpretaciones que modificarán a una velocidad y escala sin precedentes la forma en que vivimos y trabajamos.

Pronto será posible la denominada agricultura de precisión. Usando sistemas inteligentes de riego y fertilizantes aplicados en forma programada y óptima que aceleran las cosechas y disminuyen los costos. El monitoreo en tiempo real bajo rutinas programadas de drones permitirá aplicar pesticidas en las dosis y zonas requeridas.

Tras la invención de la escritura no ha habido en la historia de la humanidad nada tan impactante que cambie tan de raíz la forma como los humanos socializamos, aprendemos y vivimos cada etapa de nuestra vida, según Karlin. Los aspectos de la vida y las partes que la componen serán conectados por red, así como cada persona estará integrada a la red global de la civilización digital con enormes beneficios. También con serias amenazas como el acceso a toda la información por quienes desean usarla para ejecutar acciones criminales, terroristas, de espionaje o sabotaje.

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El desarrollo de IoT y de la tecnología 5G, con miles de millones de aparatos y sensores enlazados a sistemas de monitoreo que transmiten datos entre sí y los comparten en la nube, implica en los próximos cinco años una inversión global similar a 16 veces el tamaño económico de Colombia.

El impacto esperado a partir de 2025, por año, es similar al actual tamaño económico de Japón, aunque podría ser casi tres veces mayor; es decir, parecido al tamaño económico hoy de China.

En este nuevo mundo y nueva economía prácticamente ningún bien ni individuo reportará mayor valor e importancia económica o social si está desconectado de internet. Por lo mismo, según el Boston Consulting Group, las inversiones en tecnologías de internet como porcentaje del producto interno bruto en años recientes ha sido de 12,4% en el Reino Unido, 8% en Corea del Sur, 6,9% en China y de 5,4% en Estados Unidos.

Tras el maltrecho resultado económico y social que para las empresas y la población supuso el ineficiente servicio de Electricaribe, empieza a ser evidente el reto del Estado colombiano por actuar e intervenir con urgencia la creciente precariedad del servicio y la baja calidad, tanto en las soluciones de internet fijo como de datos móviles por los que pagan los colombianos. En las experiencias de usuario de quienes viven en el país es común vivir todos los días más tiempo desconectados de la red o tener muy baja velocidad.

No hay que ser genio para saber que hay, y continuará habiendo, un crecimiento exponencial de la demanda de datos. En general, en el inmediato futuro sin datos empezaremos a dejar de existir. ¡Es como hoy, sin liquidez no hay actividad económica!.

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