Opinión

  • | 2016/07/07 00:00

    Decisiones

    Ya es hora de que se tomen las decisiones requeridas para enderezar el rumbo de Emcali.

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Los resultados financieros son indicadores de la salud de una compañía. Más que la causa de sus problemas, reflejan es la consecuencia de la gestión y las decisiones que toman las diferentes administraciones para manejar el negocio. Esta verdad de a puño es fundamental a la hora de analizar lo que sucede con Emcali. Enfocarse en los resultados financieros no es suficiente, así sea importante en el corto plazo. Los problemas de Emcali están es en su gestión o, más bien, en la falta de la misma.

Y no es que falte voluntad de las administraciones locales para ello. Por el contrario, las últimas alcaldías han tratado por muchos lados de mejorar la situación de la empresa, con las mejores intenciones, pero la política y los sindicatos se han atravesado. Y lastimosamente la gestión de Emcali depende tanto de las administraciones de turno (alcaldes y gerentes con la mejor voluntad) como del Concejo y del sindicato.

Para poner en contexto la importancia de Emcali, es importante repasar las cifras. Para 2015, los ingresos alcanzaron $1,67 billones y se logró una utilidad operacional de $113.000 millones. La utilidad neta, de $312.526 millones, obedece sobre todo a unos ingresos extraordinarios de $301.478 millones, correspondientes a la reversión de una provisión de propiedad, planta y equipo de $245.000 millones.

Las cosas se ponen interesantes al mirar las cifras por negocio. Según un informe de la Superintendencia de Servicios Públicos entregado en junio, el Ebitda de la compañía fue de $176.000 millones. El Ebitda de acueducto fue de $52.000 millones; $140,000 millones Ebitda de alcantarillado (que además carga con la mayoría de la deuda con la Nación, pues esta se utilizó para la PTAR; se alcanzaron $50.600 millones de Ebitda del negocio de energía, que tiene un importante ingreso por el lado no operacional (los otros ingresos ascendieron a $118.120 millones, de los cuales $48.000 millones son dividendos, sobre todo de Epsa). Y si bien no se reporta el Ebitda de telecomunicaciones, hay un dato importante en el informe de la Super: según sus cálculos, este negocio ha dejado de percibir alrededor de $100.000 millones entre 2013 y 2015.

Los principales pasivos son la deuda con la Nación, de $1,1 billones, y los estimados por pensiones, que suman otro billón de pesos. A pesar de la recuperación de caja evidenciada someramente en los resultados anteriormente mencionados, el Municipio se vio obligado a renegociar los términos de pago de la deuda con la Nación porque el flujo no alcanza para pagar la misma en 10 años. Se negoció una reducción en la amortización a capital, renegociable dentro de 7 años, que bajó el servicio de deuda total de alrededor de $180.000 millones a $120.000 millones.

Estos resultados palidecen frente a lo que podría ser una compañía que desarrolle todo su potencial. Emcali está en un negocio maduro, donde las opciones de crecimiento orgánicas son muy difíciles de lograr. Por eso el crecimiento en las utilidades futuras dependerá exclusivamente de lo que se pueda hacer para volver el negocio actual más eficiente y, por otro lado, de lo que se haga para crecer.

En acueducto, Emcali tiene unas pérdidas de 57%. Más de la mitad del agua que la empresa potabiliza se pierde, como consecuencia de conexiones fraudulentas y el estado precario de las redes. En energía, tiene una exposición a bolsa superior a las de otros comercializadores (23% para 2016, 34% para 2017 y 44% para 2018, según el informe de la SuperServicios), lo que implica tener mucho menor certeza sobre los resultados futuros y eventualmente pagar precios de energía superiores a los que se podrían conseguir en contratos (en eventos de Niño y durante los veranos). Adicionalmente, las pérdidas en distribución son de 13%, las más altas entre los distribuidores importantes del país (en algunas zonas de la ciudad, como en el centro, llegan a 20%). En telecomunicaciones, Emcali ha perdido más de 300.000 clientes y no tiene ni cerquita las fortalezas que se requieren para gestionar un negocio tan cambiante como este.

Hay que invertir en redes de acueducto, buscando reducir pérdidas, al igual que en distribución de energía. En comercialización de energía, hay que buscar mejorar la posición de coberturas, bien sea a través de contratos o de generación; y en el caso de telecomunicaciones, como se ha manifestado una y tantas veces, hay que buscar fortalezas a través de un socio o, mejor aún, vendiendo el negocio.

Hay un común denominador en estos ejes de gestión: se necesita mucho capital para lograr hacer lo que toca. Y hoy esto solamente se logra con un socio.

Es mucho menos importante y mucho más dogmático discutir si la empresa es o no de los caleños, si es privada o estatal, etc. Lo importante es que la ciudadanía cuente con una compañía fortalecida que preste servicios públicos con eficiencia, calidad y de manera rentable, que tenga cómo crecer, y que aporte recursos importantes a la ciudad vía dividendos.

Yo, por mi parte, pienso que Emcali necesita un socio privado para todas sus actividades, que inyecte capital y permita atender los requerimientos del negocio. Sé que suena iluso, pero estas son el tipo de decisiones que hay que tomar si queremos ver una compañía aportando verdadero valor a los caleños.

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