Opinión

  • | 2016/07/07 00:00

    De la nueva economía

    Acaba de salir el nuevo Marco Fiscal de Mediano Plazo, documento estrella del debate fiscal colombiano. Está estupendo, pero deja dos dudas gruesas.

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Acaba de salir del horno la versión más reciente del Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), como ordena el primer artículo de la Ley 819 de 2003, y hay que comenzar expresando la enorme satisfacción que produce leer un documento que evidencia muchas horas de trabajo serio y de reflexión detallada por parte de un equipo profesional de primerísimo nivel.

Yendo al grano –o, por espacio, al menos a uno de ellos- el documento revela cuatro hechos que merecen reflexión. Uno, la tasa de crecimiento en 2016 (3%) es más baja de la que se podría obtener en condiciones normales (3,7%). Dos, la tasa de crecimiento potencial mencionada (3,7%), no solo es baja, sino que es bastante menor a la planteada hace apenas un año en el MFMP2015 (4,3%). Tres, la tasa de inversión hoy día (29% del PIB) es altísima en términos históricos. Cuatro, el déficit externo (entre 6% y 6,5% del PIB en 2015 y 2016) es sustancial.

 Estos cuatro hechos sugieren que un problema fundamental que sufre la economía colombiana está relacionado con la inversión. En primer lugar, ella no se está traduciendo en crecimiento económico al ritmo que lo hacía en otras épocas. En segundo lugar, este hecho ha estado presente por varios años ya. En tercer lugar, la nueva inversión -relativamente improductiva- se está apalancando en deuda –de ahí el déficit externo-. Esta realidad es claramente insostenible y, entre las posibilidades, hay mecanismos de ajuste costosos: cae de manera importante y rápida el flujo de inversión, con contrapartida en un frenazo en la cuenta de capitales, proceso que vivimos en carne propia en 1999.

 Lamentablemente, el MFMP2016 no es muy claro en cuanto a explicar la manera como el Gobierno estima que será el proceso de ajuste que la economía atravesará en los próximos años. Primero, supone que la tasa de inversión sigue siendo muy alta (26,4% del PIB entre 2017 y 2027). Segundo, no obstante esta dinámica favorable, considera que la tasa de crecimiento potencial sigue siendo baja (3,7% anual), implicando que la baja productividad del capital es un lío crónico en Colombia. Tercero, considera una trayectoria de ajuste muy gradual en el déficit externo: de 6,5% en 2015 a 5,4% en 2017, implicando que una inversión relativamente improductiva se seguirá apalancando sin mayor problema en el futuro. Este escenario me parece que tiene dos problemas esenciales.

El primero, que resulta poco realista: no es viable que el mercado de capitales continúe financiando unos flujos de inversión que generan tan poco crecimiento. El segundo problema, que es un escenario demasiado complaciente con una tasa de crecimiento a todas luces insuficiente. Al estupendo recuadro sobre capital humano, bien le convendría un complemento igualmente bien pensado sobre los evidentes problemas que observamos en los retornos al capital físico, máxime en un “nuevo país” cuyos tres cimientos incluyen inversiones en infraestructura, o sea en capital.

 En gran síntesis, el MFMP2016 enriquece mucho el debate fiscal colombiano, pero tiene un par de falencias gruesas que deberán ser aclaradas en el curso del diálogo que convoca. La primera es que no toma posición alguna respecto de la caída -a todas luces sustancial- en la tasa de crecimiento potencial de la economía y por ende tanto en el stock de riqueza a largo plazo como en el valor presente del recaudo tributario. Bajar en 0,6% la tasa de crecimiento para siempre tiene consecuencias fiscales de enorme calado y el tema ameritaba una reflexión cuidadosa.

La segunda falencia es que el documento presenta un proceso de ajuste de mediano plazo que, en ausencia de argumentos más fuertes que los esbozados, luce altamente improbable. No es consistente, en este sentido, plantear que al bajonazo ya mencionado en la tasa de crecimiento de largo plazo, la acompañe sin mayor problema una tasa de inversión casi 10 puntos superior a la observada históricamente y un generoso respaldo financiero, reflejado en un déficit externo que excede por varios años -y en cuantías significativas- los promedios históricos, los patrones internacionales y lo que en diversas latitudes es considerado el límite de la prudencia. 

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