Opinión

  • | 2016/08/03 00:00

    De espaldas al mundo en que vivimos

    Todos los sectores actualmente afrontan bajos crecimientos en los ingresos. La política pública debe promover menores costos y no garantizar mayores rentas.

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Son muchos los aspectos de la vida empresarial que suponen importantes cuestionamientos a los tradicionales paradigmas hoy en día y están íntimamente relacionados con las grandes tendencias del mundo económico y financiero en que vivimos.

En mi caso, es común preguntarme ¿qué debería considerar un empresario cuando le dicen que la economía mundial está estancada después de 7 años de haberse presentado la peor la crisis global en 70 años y tras una “trillonaria” inyección de liquidez, pero aun así las poderosas fuerzas económicas contemporáneas arrastran a la baja la inversión productiva y sigue ausente la recuperación del consumo mundial? O ¿cómo perciben muchos el futuro de sus negocios cuando todos los días le recuerden que en las principales economías la inflación se mantiene muy baja y sus tasas de interés nunca habían estado tan bajas y tanto tiempo?

Esas preguntas me vinieron a la mente cuando varios empresarios del transporte decidieron entrar en paro y presentaron al Gobierno unas pretensiones económicas que no solo desafiaban la coyuntura económica local, sino que eran a todas luces de espaldas al mundo en que vivimos. Para empezar, los empresarios del transporte de carga hoy deberían considerar que la gran mayoría de economías con el mayor ingreso per cápita del planeta tienen tasas de interés negativas; es decir, el valor del dinero en el tiempo es negativo. Por otro, deberían percibir que el mal desempeño del comercio mundial ha quebrado a varias navieras y, en una industria cada vez más concentrada, la caída de 4% en 2015 en el volumen de contenedores transportados en el mundo, junto al exceso de oferta de buques, han hundido las tarifas marítimas que había hace dos años en casi todas las rutas del mundo. El asunto solo viene mejorando con una mayor tasa de desguace de buques sin que medie para ello ningún incentivo gubernamental.

En el mundo en que vivimos presenciamos la quiebra de muchas petroleras, especialmente de Estados Unidos; sabemos que desde mediados de 2014 los ingresos de las empresas industriales de China no crecen y las utilidades decrecen; el Wall Street Journal nos informa que las utilidades de las empresas en Estados Unidos que reportan sus resultados en la bolsa completan varios trimestres decreciendo, muy a pesar de las novedosas prácticas contables para maquillar su verdadero desempeño con el fin de superar las expectativas de los analistas.

También las empresas más exitosas en la generación de valor, como la billonaria Apple, se ven obligadas a rediseñar sus productos estrella para poder hacerlos más asequibles. Así es, Apple ha sacado un nuevo prototipo de iPhone para competir con las empresas asiáticas de smartphones y ganar la batalla en la penetración a los mercados emergentes. Para ello no basta con que el producto sea mejor, ha tenido que salir casi a la mitad del precio del iPhone original.

¿Qué estarían pensando entonces los empresarios del transporte de carga cuando le propusieron al Gobierno subir los precios de los fletes entre 20% y 40% en Colombia? Su interés en centrar las negociaciones en los ingresos y no en los costos obedece a que, según el Dane, los costos del transporte de carga en lo corrido de 2016 han aumentado apenas 0,75% y en todo 2015 aumentaron 2,89%. Esto después de que la entidad hubiera modificado la composición de la canasta, aumentando el peso de la gasolina de 30,28% a 40,20% y de los insumos de 8,79% a 9,70%.

A pesar de que la inflación al consumidor en Colombia está en un nivel máximo de 15 años, la del transporte de carga, así como la medida por precios al productor son bajas, registrando la del productor un aumento de 1,07% en lo corrido de este año.

El problema, para todos los empresarios en este mundo en que vivimos, es que estamos atrapados en un entorno en que difícilmente crecen los ingresos, al tiempo que apremian las deudas y hay una sobreoferta que profundiza la competencia y empuja los precios a la baja. Es una realidad mundial que silenciosamente ya llegó a nuestras orillas. Muy mal haría un gobierno en considerar que debe resolverse el problema con subsidios o fijando los precios por decreto porque ello haría mella en el margen de otro u otros sectores. En cualquier caso, la forma de afrontar con relativo éxito nuestros tiempos de bajos precios globales es permitir que para toda la economía sean flexibles los costos y dejar que estos puedan también ajustarse a la baja.

Adenda: Requiem lux perpetua luceat eis querido Juan Mario.

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