Opinión

  • | 2014/12/18 06:00

    Los congresistas ¿pagan impuestos?

    Cuando usted lea este artículo ya la reforma tributaria estará aprobada por unos seres primitivos, sin escrúpulos, a quienes solo los motiva el dinero.

COMPARTIR

Mi marido (Qepd) y yo habíamos dejado de ver noticieros desde 1997, porque todos parecían dirigidos por Luis Carlos Vélez; sangre, puñaladas, tomas guerrilleras, 350 alcaldes despachando desde la capital del departamento, miles de secuestrados y el terror de que le hicieran algo a nuestros hijos.

A mi marido le hicieron el paseo millonario, al novio de mi hija de 16 años lo chuzaron en el pulmón, y a mí me robaron la cartera rompiendo el vidrio de la camioneta con una bujía.

No más, dijimos. Después del experimento del Caguán, Colombia se había vuelto un país no viable. Un abogado nos tramitó la visa a Estados Unidos, como “alien of extraordinary abilities” y los cuatro recibimos el green card. Después de la Dian nos fuimos a Canadá tres años, y en 2003 llegamos a Atlanta, con Enrique enfermo de un tumor cerebral, que finalmente se lo llevó.

Yo había tramitado dos proyectos de ley de reforma tributaria y bonos de guerra cuando estaba en la Dian y conocí el Congreso por dentro. Las manoseadas de los congresistas, las trampas de los secretarios, los goles que trataban de meter y el whisky de contrabando que introducían al recinto a fin de año.

Me hice la reflexión de que los congresistas son iguales a su electorado. La gente que vota por ellos es idéntica. Rige la cultura de la corrupción. Y eso fue lo que nos decidió a irnos. Si el pueblo colombiano era como sus congresistas, no había nada que hacer.

Por esas cosas de la vida tuve que volver a mi patria chica, Medellín, el año pasado. Las cosas habían mejorado notablemente: papel en todos los baños, excelentes restaurantes, buen cine, un tráfico respetuoso. Hay una piscina espectacular al aire libre para entrenar, hermosos paseos, metro y sus alimentadores, más toda la infraestructura para espectáculos y exposiciones. (Claro, ahora viene Luis Pérez y se lo tira todo).

Bogotá, por el contrario... sobran los comentarios. Sentí las situaciones más amenazantes porque vengo de pueblo chico. Atracadores en todas partes, no se puede tomar taxi en la calle. Ahora el paseo millonario lo hacen de día. Las reuniones se hacen por teléfono porque es imposible transportarse.

Tenía que ir al Congreso en plena reforma tributaria con mi amiga Fabiola Barraza para meter algunos goles que querían los clientes. Javier Hoyos, el Senador # 103, nos ayudó a entrar. Fabiola y yo estábamos adentro del recinto, poniendo cara de yo no fui. Se estaba discutiendo la ponencia para el primer debate de la reforma tributaria en comisiones terceras y cuartas de Cámara y Senado.

Lo único que había cambiado para bien es que el baño de mujeres en el Congreso tenía papel. No así jabón ni toallas desechables.

Como buenas lobbyistas fuimos a saludar a los congresistas. Saludé a Antonio Guerra, el súper churro del Senado, y al lado de él estaba el Ñoño Elias. Musa Besaile daba vueltas por ahí. Los otros representantes que no conocía eran costeños.

Y ahí reviví los momentos más duros en Colombia. En pleno pupitreo de los artículos de la reforma tributaria, que ni siquiera se leían, aquella casta corrupta votaba positivamente ponerle más impuestos al sector productivo, elevando la tasa de tributación casi a 50%.

Ni Musa, ni Ñoño y sus congéneres probablemente pagan impuestos. Y estaban clavando al aparato productivo, de lo poquito que funciona en Colombia. Todo para tener más dinero para mermelada. Qué contubernio con el Gobierno ¿Qué les dieron para que pupitriaran así esta nefasta reforma?

Cuando usted lea este artículo ya la reforma tributaria estará aprobada por unos seres primitivos, sin escrúpulos, a quienes solo los motiva el dinero.

Por eso estoy considerando volverme a ir. El país no ha cambiado. Todo lo contrario. Ahora hay más plata y más corrupción. La guerrilla envalentonada con el proceso de paz. Bacrim. ELN. Quiero irme de nuevo, a menos que me resulte el trabajo soñado, que este fin de año se me esfumó cuando creí que ya lo tenía.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?