Opinión

  • | 2016/02/25 00:01

    A propósito de Reficar: ¿cuáles son las responsabilidades de los miembros de una junta directiva?

    El escándalo mediático de Reficar nos debe ayudar a reflexionar sobre la naturaleza de las juntas directivas, así como sobre nuestro papel en estos órganos de gobierno y, especialmente, acerca de las responsabilidades jurídicas que recaen sobre sus miembros.

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En primer lugar, la naturaleza de las juntas directivas ha evolucionado, no solo en el plano empresarial sino también en el legal. En el pasado, nuestras juntas eran reuniones ceremoniales cuya finalidad era aprobar las propuestas de la administración y sus miembros eran valorados por sus consejos y recomendaciones. En el presente, este rol cambió. Por un lado, la junta directiva es el máximo órgano de gobierno de una empresa y una organización cuya misión es gobernar y controlar la empresa como un todo y, de otra parte, desde la Ley 222 de 1995, los miembros de junta directiva de una empresa privada son considerados como administradores de la misma y, en consecuencia, responden jurídicamente por los daños que sufra la organización, fruto de las acciones y omisiones de este órgano de gobierno.

Esto nos indica que todo miembro de junta directiva debe actuar como un buen hombre de negocios que debe obrar con prudencia, diligencia y, sobre todo, velar por los intereses de la empresa y de la sociedad. Por ejemplo, la prudencia de un miembro de junta directiva se refleja en el análisis de la información, el tiempo de dedicación y la calidad de la deliberación, el control y el seguimiento. La diligencia podemos entenderla como el debido cuidado y atención a los asuntos que se confirman en decisiones que no obedecen a la precipitud o a la improvisación.

A continuación, presentaremos las principales precauciones que debe tomar un miembro de junta directiva para llevar a cabo bien su tarea.

Primera precaución:

La diligencia es el debido cuidado en la ejecución de una tarea. En una junta directiva la diligencia se expresa en la calidad de las preguntas, la lectura cuidadosa de los informes y el continuo seguimiento a los asuntos que discute y decide la junta directiva. Por tal motivo, un buen miembro de junta directiva debe disponer de un tiempo real en su agenda para preparar y estudiar los temas, para pedir consejo y formularse preguntas sobre los asuntos que van a considerar. Cada hora de junta directiva equivale por lo menos a una hora de preparación.

Segunda precaución:

La prudencia directiva significa la capacidad del directivo de ver más allá de lo que se está discutiendo, lo cual implica prever y calcular las consecuencias para anticiparse. Un buen miembro de junta directiva tiene una mirada en el pasado para saber lo ocurrido en otras circunstancias y consultar la experiencia. Asimismo, la previsión le ayuda a imaginarse lo que sucederá y de esta forma tendrá más herramientas para prepararse. Por esta razón, muchas veces la mitología clásica representaba a la prudencia con la imagen del dios Jano que tenía dos caras: una miraba al pasado y otra al futuro.

Tercera precaución:

La finalidad de la junta directiva es salvaguardar el interés de la empresa. Es un error creer que su tarea es representar únicamente a un accionista o a un grupo de interés. El miembro debe velar por la continuidad y la buena marcha de la organización, así esto vaya en contravía de muchos intereses. Incluso, en el ámbito legal, las normas sobre esta materia así lo establecen. Por tal motivo, una junta directiva no es para sacar partido de una posición privilegiada; por el contrario, es un órgano de gobierno que define el futuro y la estrategia de la empresa en el largo plazo.

Cuarta precaución:

Uno de los procedimientos más relevantes para salvaguardar las responsabilidades de los miembros de junta directiva radica en la elaboración, discusión y contenido de las actas. La diligencia de un hombre de negocios se comprueba con sus posiciones al interior de la junta directiva, sus objeciones y los salvamentos de voto. Nada más delicado que no leer las actas de junta directiva y, sobre todo, no detectar en qué momentos las decisiones y posiciones reflejadas en las actas puedan conllevar a responsabilidades por eventuales daños a los intereses de la empresa.

Quinta precaución:

Los miembros de junta directiva deben trabajar muy de cerca con los comités de auditoría, las oficinas de control interno y, de manera precisa, la revisoría fiscal. Por tal motivo, la junta debe promover que estos órganos lleven a cabo un papel activo y creador de valor para así garantizar su profesionalismo y exigir su seriedad. De esta forma, el miembro cumple el rol fiduciario que le han encargado los propietarios.

No obstante, la profesionalización de las juntas directivas requiere dar mayor relevancia a la participación de los miembros independientes que no trabajan en la empresa ni tienen participación en la propiedad. Estas personas, con sus conocimientos, su objetividad y su experiencia pueden ayudar a crear valor a la empresa mediante sus aportes y visión de conjunto de la realidad de la empresa, el sector y el entorno.

En conclusión, debemos revalorar la naturaleza de las juntas directivas. Como vimos, desde el punto de vista jurídico, un miembro de junta directiva no puede lavarse las manos y decir que todo fue a sus espaldas. Por el contrario, responde por sus acciones y omisiones que, en caso de generar daños a la empresa, estos implican una responsabilidad jurídica y patrimonial.

Hoy en día el peor negocio es ir a una junta directiva como florero. En consecuencia, uno de los mayores retos empresariales actuales que afrontan las organizaciones en Colombia es la profesionalización de sus juntas directivas y el ejercicio diligente y responsable de esta actividad.

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