Opinión

  • | 2014/11/30 11:00

    Llegando al límite

    El efecto de la reforma tributarua sobre la rentabilidad de las empresas hace pensar que en el futuro habrá que, o reducir el gasto público, o cargar más a las personas naturales.

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La semana pasada el Gobierno anunció la ponencia de la reforma tributaria en el Congreso. Esta consiste en ampliar el plazo del impuesto al patrimonio, ahora a la riqueza, hasta 2018, para patrimonios superiores a $1.000 millones y tarifas que se van reduciendo hasta llegar a 0% en ese año. Para las empresas con patrimonios superiores a $5.000 millones, este impuesto suma 3,05% durante los cuatro años.

Adicionalmente se crea una sobretasa al impuesto de CREE, que en últimas es un impuesto a la renta de las compañías, así tenga destinación específica. Esta sobretasa comienza en 4% para 2015 y sube hasta 9% en 2018, cuando se termina.

¿Qué efectos tiene esta reforma sobre la rentabilidad de las empresas? Para contestar esa pregunta analicé uno de los indicadores que más se utilizan para calcular esta rentabilidad, como lo es el ROE, o rentabilidad sobre patrimonio. La forma de calcularlo es dividiendo la utilidad neta durante un periodo específico sobre el patrimonio de la compañía, y mide qué tan rentables son los recursos que tienen invertidos los accionistas.

Haciendo unas cuentas relativamente sencillas, se puede comprobar que el efecto del CREE sobre el ROE es mayor que el del impuesto a la riqueza para compañías con rentabilidades más altas. Mientras que el impuesto a la riqueza representa una disminución del ROE de 3,05% durante el periodo hasta 2018, para un ROE de 15%, por ejemplo, la sobretasa del CREE tiene un impacto de 5,9%. Para un ROE de 8%, en cambio, la sobretasa tiene un efecto de 3,2% durante el periodo, muy similar al del impuesto a la riqueza. Conceptualmente esto es razonable, dado que las compañías con más ROE tienen utilidades mayores por unidad de patrimonio; es decir, tienen un patrimonio más “eficiente” desde el punto de vista de rentabilidad. Esto implica que la afectación de cada unidad de utilidad tiene un impacto mayor sobre el ROE que para empresas con rentabilidades menores.

El efecto total de estos impuestos sobre el ROE varía también. Para compañías con rentabilidades del 15%, es de entre 1,7% y 2,0%. Para compañías con ROE del 8%, es de entre 1,8% y 1,1%. Es decir, para empresas con rentabilidades bajas, el impacto de la reforma es importante, y podría reducir la rentabilidad sobre el patrimonio a niveles de 6%. Si asumimos una inflación de 3% anual, esto quiere decir que para ciertas compañías la reforma va a llevar las rentabilidades sobre el patrimonio a 3% real. Es más rentable un TES.

Estos efectos también se calcularon para varias empresas en el país, utilizando los estados financieros de cierre de 2013 y asumiendo que ese resultado se replica en el tiempo (un supuesto grueso, pero permite sacar conclusiones interesantes). Ecopetrol, que en 2013 tuvo un ROE de 20,2%, ve reducida su rentabilidad entre 2,6% y 3% al año hasta 2018; el Grupo Aval (ROE de 6,9%), entre 1,6% y 0,6%; Bancolombia (ROE de 11,8%) entre 1,8% y 1,2%; EPM (ROE de 7,8%) entre 1,7% y 0,9%; y Grupo Argos (ROE de 2,2%) entre 1,4% y 0,2%.

Estos resultados concuerdan con el modelo, y también permiten ver que para las compañías holding; es decir, las que reciben la mayoría de sus ingresos por dividendos (y en consecuencia tienen un ROE que se acerca a la rentabilidad sobre dividendos, y no sobre utilidades, como en otro tipo de compañías), si bien el efecto absoluto sobre su rentabilidad es menor, el efecto relativo es más impactante. Ecopetrol, por ejemplo, vería reducida su rentabilidad a 17%, mientras que el Grupo Argos o el Grupo Aval verían su ROE reducido a niveles de entre 5% y 6%.

Otro análisis interesante es ver cuánto les cuestan a las compañías estos nuevos impuestos. Ecopetrol, por ejemplo, pagaría alrededor de $2 billones de impuesto a la riqueza en cuatro años, y algo así como $6 billones en sobretasa de CREE. Empresas como Aval o EPM pagarían alrededor de $700.000 millones de impuesto a la riqueza. Cifras realmente importantes.

El análisis anterior, por más crudo y elemental que sea, podría servir para concluir que los impuestos empresariales en Colombia están llegando a unos límites que podrían eventualmente dar al traste con los incentivos para invertir. Esto hace pensar que cualquier reforma tributaria futura (que seguramente la habrá) debería venir bien sea por el lado de la reducción del gasto (eliminando prebendas para sectores particulares, metiéndole el diente finalmente al tema pensional del sector público, entre otras posibilidades) o por el aumento de los impuestos a personas naturales.

Seguramente en el presupuesto de la Nación hay mucha tela por cortar. Ojalá esa sea la ruta seleccionada en el futuro.
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