Opinión

  • | 2014/03/19 18:00

    Cuestión de tiempo

    A menos de que el gobierno venezolano recurra a tácticas más sangrientas, la crisis económica de ese país va a terminar por tumbar al gobierno de Nicolás Maduro.

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No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, dice el refrán. Este popular adagio aplica a la perfección en la Venezuela de hoy. La pregunta es por dónde se irá a romper el sistema: por el mal, o por el cuerpo. La ruptura vía la extirpación del mal sin duda implica el derrocamiento del gobierno actual. Si se rompe vía el cuerpo, el pueblo venezolano probablemente no ha visto nada de lo que es capaz de hacer el régimen, y seguramente se pondrá mucho peor.

La situación económica ya llegó a un punto de no retorno, y es solamente cuestión de tiempo para ver cómo van a desarrollarse las cosas en el vecino país. La inflación está por encima de 56% anual, con un riesgo no menor de convertirse en hiperinflación, lo que eliminaría prácticamente el poder adquisitivo de los venezolanos que ganan en bolívares, que son la gran mayoría. Adicionalmente, el absurdo y dogmático control de precios impuesto por el gobierno de la revolución hace que producir bienes en Venezuela no sea rentable, lo que ha llevado a la imperiosa necesidad de importar del resto del mundo para atender la demanda en el país, tanto de bienes básicos como de otro tipo. Pero no contentos con el control de precios, el intransigente e incompetente gobierno de Maduro sigue controlando el mercado cambiario, lo que implica que no se generen suficientes divisas para importar los bienes que se requieren en el país. Esto a su vez alimenta la escasez, generando un incremento en los precios aún mayor. Y así sigue la espiral, creando cada vez más inflación, menos bienestar, más descontento.

Como si fuera poco, el gobierno ha venido gastando hasta lo que no tiene (la deuda pública se ha doblado en menos de diez años, tanto la interna como la externa) para tratar de aplacar los ánimos de un pueblo cada vez más cansado de las tonterías estatales y cada vez más consciente del lamentable estado en que se ha dejado al país, gracias a un puñado de funcionarios públicos que muchos afirman están enriqueciéndose a costa de los ciudadanos. Esto ha llevado a unos déficits fiscales insostenibles, los cuales se han tratado de ocultar imprimiendo cada vez más billetes, exacerbando aún más el efecto inflacionario y de pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Es complejo saber qué tan profunda es la crisis, pues la información económica disponible es muy poca, y desde 2011 o 2012 no se encuentran cifras confiables para analizar.

O se cae el régimen (todo el régimen, no solamente el presidente Maduro, sino sus secuaces revolucionarios, incluyendo los congresistas, militares, etc.) o se perpetúa, cada vez con más represión, más violencia, más encubrimiento.

Obviamente el escenario más favorable para Venezuela sería lo primero, la caída de un régimen incompetente, corrupto y aprovechado. Este escenario tiene sus grandes complicaciones, pero a la larga el país, con sus enormes reservas de petróleo, tiene cómo dar la vuelta a una situación económica en extremo frágil con la aplicación de reformas que devuelvan la vida a un mercado moribundo, y que permitan controlar la inflación, irrigar divisas a la economía, generar un balance en la ecuación productiva que permita nuevamente producir en el país.

Claro que no es fácil, y claro que algunos sufrirán, particularmente quienes tienen deuda en bolívares y aquellos prestamistas internacionales que no tienen coberturas ni garantías adecuadas. Pero este camino es mejor que la alternativa, pues esta implica el escalamiento de la violencia y la represión a niveles que probablemente hoy no nos imaginamos. Venezuela podría ser un alumno estrella de Cuba, pero con la diferencia de tener recursos para ser capaces de cometer atrocidades que ruborizarían a los Castro.

El desenlace no está muy lejos. Es solamente cuestión de tiempo. Por el bien del pueblo venezolano, esperamos que se erradique el mal de raíz. De lo contrario, vendrán años muy oscuros para Venezuela.
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