Opinión

  • | 2014/10/18 14:00

    La ligereza de los caleños

    El conformismo y las bajas aspiraciones pueden ser una barrera muy grande para el progreso.

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Los caleños son gente feliz. Hace unos pocos meses, la encuesta Calibrando le hizo la siguiente pregunta a 1.200 caleños: “En una escala de 1 a 10, ¿qué tan satisfecho se siente con su vida?”. Uno de cada tres dijo estar en el escalón más alto de satisfacción, y solo uno de cada cuatro declaró ubicarse en alguno de los seis escalones más bajos. En promedio, los caleños se sitúan en un nivel de satisfacción de 8,3.

Esto significa que están mucho más satisfechos con sus vidas que los colombianos de cualquiera de las otras grandes ciudades e incluso que los ciudadanos de los países nórdicos, que son reconocidos como los países de mayor desarrollo económico, social y comunitario del mundo.

Estas diferencias llevan a preguntarse si los caleños son diferentes al resto de la humanidad. En prácticamente todos los países se han hecho encuestas semejantes a Calibrando, que han sido estudiadas con técnicas estadísticas para determinar qué circunstancias individuales contribuyen a la satisfacción.

Los caleños son gente común y corriente en varios sentidos. Cuando son jóvenes o viejos son más felices que cuando están en la mediana edad. Sean jóvenes o no, las mujeres son más felices que los hombres. De igual forma, son más felices los caleños que viven en pareja que los que viven solos, sean solteros, viudos o divorciados. Puesto que todos estos rasgos son universales, es seguro que se deben a la naturaleza humana.

Los caleños son también como el resto de la humanidad en cuanto a que les gusta el dinero: a mayor ingreso mayor el nivel de satisfacción con la vida. Pero, como ocurre en todas partes, tener mucho más dinero aumenta muy poco la felicidad. Por ejemplo, si uno compara dos caleños típicos que son iguales en todo, excepto en que uno gana cinco veces lo que gana el otro (digamos que por pura suerte), lo más probable es que el más rico esté apenas un escalón más arriba en la escala de satisfacción con la vida.

Las diferencias de los caleños con el resto de la humanidad tienen que ver con su actitud ante el trabajo y las expectativas económicas. El hecho de trabajar o no los tiene sin cuidado. En todas partes del mundo, quienes tienen una actividad laboral sienten que sus vidas tienen más sentido, independientemente de si tienen un salario alto o bajo. Esto sugiere que los caleños pueden tener una actitud despreocupada e incluso conformista.

En efecto, la encuesta confirma que así es, al menos en lo que se refiere a la vida material. Aunque hay muchas diferencias entre unas personas y otras, el caleño típico considera que sus ingresos están 50% por encima del mínimo necesario, y apenas 30% por debajo del ingreso deseable para vivir holgadamente. Además, dos de cada tres encuestados están satisfechos con su estándar de vida. Esto es sorprendente porque el ingreso mensual promedio de los encuestados es apenas un millón de pesos, y porque una tercera parte de los encuestados declara ganar menos de $600.000 (incluyendo los que no tienen ingresos). Aunque las personas con ingresos de este grupo aspirarían en promedio a ganar dos veces y media lo que ganan para vivir holgadamente, consideran que actualmente ganan lo que necesitan para vivir. Para completar el cuadro, tres de cada cuatro de los caleños que sí tienen trabajo están a gusto con él, a pesar de que cerca de la mitad no tiene contrato ni goza de condiciones plenas de seguridad social.

Todos estos indicios de conformismo son muy preocupantes desde un punto de vista económico, aunque podrían no serlo desde un punto de vista social y comunitario. Al fin de cuentas, si tener más dinero eleva tan poquito la felicidad, puede haber otros aspectos muy enriquecedores de la vida. Sin embargo, Calibrando preguntó a los encuestados que no estaban totalmente satisfechos con sus vidas qué más les haría falta, y la mayoría respondieron cosas materiales: plata, trabajo, casa propia. Menos de 30% destacaron el estudio, la familia, la salud u otros aspectos no materiales de la vida.

Por consiguiente, todo apunta a indicar que el caleño promedio toma la vida a la ligera y tiene expectativas muy modestas sobre su vida. Aunque esto puede resultar tranquilizante, especialmente para las élites y para quienes detentan el poder local, el conformismo y las bajas aspiraciones pueden ser una barrera muy grande no solo para el progreso económico, sino para enfrentar los problemas sociales más graves, como son la falta de seguridad, la baja calidad de la educación y la ineficiencia y corrupción del sistema político.

Es muy posible que la desmesurada satisfacción de los caleños se deba a la forma como se hizo la encuesta Calibrando que, a diferencia de otras encuestas, no se aplicó en viviendas seleccionadas al azar, sino en forma un poco más casual en la calle. Ojalá sea así. En cualquier caso, esta valiosa encuesta debería servir para alentar una discusión pública sobre las aspiraciones de los caleños.
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