Opinión

  • | 2015/06/10 19:00

    Mitología y tarifas de electricidad

    El sector industrial está empeñado en endilgarles su falta de competitividad a las tarifas de energía. Pero como suele ocurrir con los mitos, la realidad es distinta.

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Una definición de la palabra “mito” dice que estos son relatos basados en la leyenda, creados para explicar cualquier cosa para la que no haya una explicación simple. Con el discurso de los industriales en relación con las tarifas de electricidad en Colombia esto parece ser lo que ocurre.

El discurso es sencillo y contundente. Por un lado, dice que las tarifas de energía eléctrica son buena parte de la causa de la falta de competitividad del sector. Las razones detrás de que las tarifas sean supuestamente elevadas en Colombia obedece a una falta de oferta de energía en contratos a precios razonables. Los menos agresivos dicen que esta falta de oferta es malicia de los generadores. Los más, en algunos casos, llegan a afirmar de frente que los generadores son un cartel, y que se pusieron de acuerdo para elevar las tarifas de energía a costa de la industria nacional.

La realidad, sin embargo, es distinta, y vale la pena tratar de entender el fondo del asunto. Las tarifas de energía en Colombia no son altas (tampoco son las más baratas de la región), y no son la causa única de la falta de competitividad de la industria. Según múltiples estudios, el componente de generación de la tarifa industrial en Colombia en contratos está alrededor de $150 por kilovatio hora. A una tasa de cambio de $2.500 por dólar, esta tarifa da alrededor de US$60 por megavatio hora, por debajo de países como Brasil (US$85), Chile (US$93), Panamá (US$100), o Argentina (US$72). Y en relación con la importancia de la energía eléctrica en la estructura de costos de los diferentes sectores industriales, salvo unos casos de operaciones intensivas en energía que se pueden contar con la mano, Colombia es un país de enanos en términos energéticos. En el sector industrial donde más pesa, la energía no llega a 12% de los costos totales.

Claro que la industria se beneficiaría de tarifas más baratas. Pero hay que tener enorme cuidado en no poner en peligro la confiabilidad de suministro que se ha logrado en aras de bajar las tarifas a toda costa. Y hay otras cosas que se pueden hacer: inversiones en reconversión industrial para mejorar productividad y eficiencia; buscar soluciones para el manejo logístico y transporte que permitan reducir los costos de sacar productos a los mercados internacionales; pedir una estructura tributaria más racional y sencilla. Todas estas mucho más importantes, a mi juicio, a la hora de explicar la falta de competitividad de la industria colombiana.

En relación con la segunda queja, la falta de energía en contratos, está el mito de la cartelización. Algo de razón tienen los industriales en que no hay energía disponible en contratos. Pero no porque los generadores estén cartelizados. Hay energía, pero no al precio que los industriales quisieran, particularmente en épocas de sequía como la que se vive actualmente. Esto es consecuencia de dos cosas: la entrada de combustibles líquidos como respaldo de buena parte del parque térmico del país, reemplazando el gas natural. Adicionalmente, no existe suficiente disponibilidad de gas natural para atender la demanda de plantas térmicas, o por lo menos no existe a precios bajos.

Esto en últimas lleva a que la cobertura que un generador debe hacer para cumplir su contrato a precios razonables se ha encarecido de manera importante. Si existe, por ejemplo, un generador con contrato a $150 el kilovatio hora y no tiene cómo respaldarlo con generación propia, debe salir a buscarla al mercado. En épocas de sequía, es muy probable que la tenga que comprar a precios de generación térmica. Si está disponible con gas natural, se consigue a precios de alrededor de $185 el kilovatio hora, lo que genera una pérdida de $35 para el generador. Si no hay gas natural, el precio lo pone una planta de líquidos. Sin embargo, en Colombia existe el precio de escasez, que es un techo del precio de energía en el mercado por encima del cual en la práctica no se hacen transacciones. Este precio hoy está alrededor de $350 por kilovatio hora, lo que generaría una pérdida para el generador de $200 si hay que respaldar el contrato.

Lo importante aquí es que la probabilidad de que el precio esté cerca al precio de escasez hoy no es despreciable. Por eso el riesgo de cobertura de los contratos se ha aumentado. Lo racional, ante este panorama, es contratarse menos, para evitar tener que salir al mercado a cubrirse a pérdida.

A todo lo anterior hay que sumarle el hecho de que varios industriales no firmaron contratos hace uno o dos años cuando podían, y ahora sufren las consecuencias de esa decisión.

Estas explicaciones son mucho más complejas que los argumentos utilizados por la industria. Pero como ocurre casi siempre, así es la realidad. Pero los mitos no. Y el peligro de los mitos es que terminan convirtiéndose, a veces, en realidad.
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