Opinión

  • | 2014/08/08 06:00

    Humberto, déjame oír tu voz

    En lo que definitivamente hay que comunicar más y mejor es sobre el proceso de paz, que es preciso lo que más polémica y ruido está generando.

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Recuerdo que en las épocas de desprestigio de Ernesto Samper, el gobierno pregonaba que iba muy bien, pero estaban teniendo fallas en la comunicación. La verdad, es muy difícil tratar de proyectar una imagen falsa: si las cosas van mal, el público lo percibe, no hay manera de ocultar la verdad.

El presidente Santos también está preocupado con la comunicación. En cuanto a lo que va bien, no ha habido problemas: la economía del país no podía estar mejor, han mejorado las condiciones de vida de los más pobres, la clase media sigue creciendo, se están haciendo las obras de infraestructura y el sector externo va muy bien. En la reelección fue claro en pedir un mandato por la paz, y gracias a ello ganó con los votos de la izquierda.

En lo que definitivamente hay que comunicar más y mejor es sobre el proceso de paz, que es precisamente lo que más polémica y ruido está generando. Oímos solamente a los guerrilleros en La Habana amenazando y exigiendo. La idea no es que Humberto de la Calle replique cada vez que estos hablen, sino que de manera proactiva se le explique al país lo que está pasando.

La impresión que tiene el público no ilustrado como yo es que en La Habana hay un enorme despelote.

Dos días antes de las elecciones, Santos anunció con fines propagandísticos que en La Habana se había llegado a un acuerdo frente al punto de narcotráfico. No he visto el documento de la Mesa respecto al tema, pero es difícil pensar qué se va a acordar después de leer el impresionante relato de Plinio sobre el dominio de las Farc en todos los municipios del Catatumbo, donde son la única autoridad en siete localidades cocaleras.

Conociendo el compromiso del Gobierno con el proceso, la guerrilla ha arreciado una ola terrorista contra la población civil, tratando de mostrar fortaleza. Matan niños porque son unos cobardes que no se enfrentan a los soldados.

Y nos confunde más. No sabemos nada. No sabemos quién viaja a Cuba, con qué frecuencia, quién los visita, quién los asesora. Nos habían dicho que ya había acuerdo en tres puntos de cinco, que

luego seguiría participación política y, por último, víctimas. Ahora resulta que ya vamos en víctimas pero eso se ha convertido en un circo manejado por Piedad Córdoba e Iván Cepeda.

No sabemos si el Presidente los delegó, pero Iván y Piedad escogen quién va a La Habana, y casualmente no incluyen víctimas de las Farc sino víctimas del paramilitarismo y presuntamente del Estado. Por ejemplo, no quieren llevar al general Mendieta a pesar de que él ha insistido. Ha sido vetado por las Farc.

¿Y en ese pequeño show en un salón de hotel en La Habana, las víctimas de los paras oyendo a las Farc supuestamente en un acto de contrición? ¿Eso era el gran punto sobre víctimas? ¿Dónde está el arrepentimiento y la reparación a las verdaderas víctimas de las Farc?

En su afán de apuntalar el proceso de paz, Santos se la pasa un día completo con Maduro. A Santos no se le ocurre reclamarle a Maduro por las inversiones colombianas en Venezuela que fueron expropiadas y nunca pagaron lo que habían prometido. Hay docenas de empresas colombianas en Venezuela en esa situación, o empresas colombianas que no tienen cómo girar al exterior. Y menos le preguntó por el señor Timochenko, que vive confortablemente en Venezuela.

La guerrilla va a alargar lo más posible las conversaciones. Los “acuerdos” a que se ha llegado son una lista de buenos deseos que requieren desarrollo y reglamentación. Eso les garantiza otros cuatro dichosos años en la isla.
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