Opinión

  • | 2013/11/30 04:50

    Más vale malo conocido…

    La incertidumbre, como todos saben, genera dudas sobre la inversión. Investigaciones recientes le ponen números a esa ecuación. Las autoridades colombianas harían bien en estudiarlas a fondo.

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Es una verdad de a puño de los economistas que la incertidumbre tiene impactos negativos sobre la inversión. Sin embargo, medir exactamente el impacto que tiene la incertidumbre sobre la decisión de las firmas no es una tarea fácil, pues existen eventos que se correlacionan en esa ecuación y separarlos no es evidente.

Un artículo publicado recientemente por la revista The Economist busca dar luces sobre el asunto. En él se citan dos estudios, uno de 2007 realizado por investigadores de las Universidades de Stanford, Oxford y el London School of Economics (LSE), y otro publicado este año y elaborado por economistas de la Universidad de Arizona y el Analisis Group, una consultora. En ambos se busca aislar las decisiones de inversión de varias firmas inglesas y americanas por los efectos de la incertidumbre, y cuantificar el impacto sobre esa inversión.

Los resultados de ambos arrojan conclusiones interesantes. Como primera medida, encuentran que efectivamente la incertidumbre afecta la decisión de inversión de las firmas. Pero más importante aún es que encontraron una relación de qué tan grande es ese efecto. Según estos investigadores, por cada 10% en que se aumenta la medición de incertidumbre, la inversión se contrajo en 1%. En consecuencia, durante la crisis financiera de 2008-2009, por ejemplo, calculan que la incertidumbre aumentó en cerca de 40%, sugiriendo que la inversión cayó en alrededor de 4%. De ser esto así, eso implicaría que solamente el aumento en la incertidumbre fue responsable de alrededor de 50% de la caída total de la inversión durante ese periodo. Y no solamente encontraron que cae la inversión; también cae el gasto de las firmas en otros rubros, particularmente mercadeo y, más preocupante aún, en el aumento en puestos de trabajo.

Adicionalmente, el estudio de los investigadores de Stanford, Oxford y LSE muestra que cuando la incertidumbre es alta, la respuesta de las firmas a estímulos de política económica tiende a no existir. Es decir, no importa qué haga el gobierno de turno, bien sea desde el ámbito fiscal o el ámbito monetario, la decisión de no invertir se mantiene.

En Colombia estos resultados deberían ser analizados detenidamente por las autoridades económicas. En este país, como todos saben, la incertidumbre proveniente del cambio de leyes y reglas de juego es pan de cada día. Como muestran estos estudios, ya es suficiente con la incertidumbre normal de las variables sobre las cuales no se tiene control, como los precios de las materias primas, los efectos climáticos sobre la economía, la seguridad y demás. Pero estos efectos se ven ampliados con los diferentes y frecuentes cambios de política económica local (especialmente desde el lado fiscal, que es mucho más volátil que el monetario, donde se ha mantenido algo de constancia durante los últimos tiempos), por lo que uno se pone a pensar en últimas en cómo es que una firma realmente decide invertir en Colombia. Y lo peor de todo es que, ante el aumento de inversión, existen fuerzas legislativas que pretenden apretar las tuercas para quedarse con una tajada cada vez más grande de la renta, exacerbando aún más el problema.

Y las cifras de inversión reciente así lo muestran. El importante aumento en este rubro proviene fundamentalmente de los sectores de energía e hidrocarburos, y más recientemente y en el futuro próximo, de infraestructura. Estos sectores tienen una relación contractual directa con el Estado (los de hidrocarburos e infraestructura) o están regulados directamente por el Estado (energía), lo cual podría implicar un poco más de certidumbre sobre las reglas; adicionalmente, y particularmente en infraestructura, existen mecanismos de resolución de conflictos y restablecimiento del equilibrio de la ecuación económica contenida en el mismo contrato. En estos casos, la incertidumbre proviene fundamentalmente de los cambios contractuales en el tiempo, y de la interpretación de dichos contratos por parte de la justicia (algo no menor). Además existen grandes incertidumbres en temas transversales, particularmente en relación con la política tributaria y ambiental en donde existen problemas no solamente de normatividad e institucionalidad, sino de ejecución.

Los estudios mencionados ayudan al debate mostrando que la incertidumbre proveniente de las variables sobre las cuales no tiene control el Estado ya es suficientemente fuerte como para, encima de ello, agregar incertidumbre con respecto a las reglas, las cuales están enteramente bajo el control gubernamental. En ese caso, más vale malo conocido que bueno por conocer: mejor una política estable, lo suficientemente buena así no sea perfecta, al cambio constante en las reglas de juego.
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