Opinión

  • | 2017/01/19 00:00

    Combo Trumpero

    Uno de los factores que hacen lucir preocupante el año 2017 es el “combo” de protección y deuda propuesto por el Presidente Trump.

COMPARTIR

Después de un año económico que pareciera –como el malhechor de un tango flojo– concebido no más para el olvido, llega otro año económico que luce concebido no más que pa’ hacerle la segunda.

Hay que arrancar con los efectos económicos de la sorpresiva llegada de Trump a la Presidencia de los Estados Unidos. En su país, la elección fue recibida con un enorme regocijo en los mercados. Un mes después de la elección, los índices bursátiles habían subido más de 5% en promedio, el dólar se había fortalecido notablemente contra un índice de las principales monedas y los consumidores americanos habían elevado su nivel de confianza en grado notable. Es cierto que las tasas de interés de largo plazo habían subido de manera importante, pero también es cierto que este fenómeno –el empinamiento de la curva– no es necesariamente una mala noticia y de hecho está asociado a mejores rendimientos esperados para los proyectos de inversión y por ende a un mejor desempeño económico futuro.

Lea también: GM cede a la presión de Trump y traslada parte de su producción a EE.UU.

La alegría gringa no es muy sorprendente, dado el tipo de anuncios que ha hecho su nuevo Presidente. En gran síntesis, anuncia el combo de expansión fiscal –infraestructura, defensa nacional, menos impuestos– y proteccionismo. En un país grande, con exceso de capacidad, el efecto de corto plazo de un paquete de políticas de este tipo es inequívocamente expansionista. Los mercados están hablando bastante claramente: Trump es una noticia favorable a las utilidades empresariales y al crecimiento. Si esto se sobrepone a una economía que ya está, finalmente, en un franco y decidido proceso de expansión, pues blanco es y gallina lo pone.

Ahora bien, la pregunta de fondo es si el combo (expansión fiscal y proteccionismo) resultará implementable, en primer lugar, y sostenible, en segundo lugar. De no ser así, los precios de los activos están condenados al reversazo tarde o temprano y quienes hoy están cortos en el mercado americano, ganarían mucha plata.

Primero, ¿será implementable? Ejecutar proyectos de infraestructura es un asunto complejo en la inmensa mayoría de países y no es fácil que a corto plazo se pueda estar echando garlancha. De otra parte, un porcentaje relevante del mayoritario Partido Republicano aborrece el gasto público y habrá piedritas indiscutibles en el camino. Pero cabe pensar que el programa sí pasará del dicho al hecho, y eso es lo verdaderamente relevante para los mercados.

Lea también: Trump buscará desarmar políticas de Obama desde su primer día en la Casa Blanca

La segunda pregunta es: ¿será sostenible? Una vez en la fase de ejecución, digamos un par de años a lo sumo, es extremadamente dudoso que el mercado financiero siga tan de buen genio como lo está hoy. La deuda pública –que era 42% del PIB en 2008 y ya está en camino irreversible hacia 80% del PIB–, podría ser una preocupación, en especial porque la cifra no incluye un par de bombas atómicas: la parte del pasivo pensional a cargo del Estado y el valor presente de los subsidios médicos comprometidos. Si, en efecto, la deuda pública es ascendida en la escala de las preocupaciones nacionales, como creo que va a suceder, las tasas de interés de largo plazo subirían reflejando, esta vez, el riesgo fiscal recién descubierto. Las alzas de tasas de interés generan, como bien lo sabemos en América Latina, un perverso círculo vicioso al vulnerar más la sostenibilidad de la deuda pública y profundizar las preocupaciones que las originaron.

Un segundo componente es la política monetaria. A la FED le podrá gustar el efecto expansivo a corto plazo del programa, pero con seguridad no le van a gustar los efectos sobre la estabilidad financiera y la inflación. Dada la herencia de una política monetaria hiperexpansiva que ya va para una década entera, y el atrofiado balance contable que ello le generó al Banco Central, la implementación de una política monetaria anticíclica va a ser extremadamente desafiante, en términos históricos, y será un proceso no desprovisto de sus propias amenazas para el mercado financiero global.

Para América Latina la perspectiva de un mercado internacional de capitales amparado por alzas relativamente fuertes y rápidas en todas las tasas de interés americanas siempre ha sido una pésima noticia. Si ello se consolida en el contexto de una perpetuación proteccionista del estancamiento que ha tenido el comercio internacional, que pronto cumplirá una década haciendo estragos, pues lo cierto es que hay que ir comprando velas para tanto entierro que se asoma.

Lea también: El peso se apreció por un debilitamiento internacional del dólar

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 523

PORTADA

¿Cómo llegó Jeff Bezos a convertirse en el hombre más rico del mundo?

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, llegó a ser temporalmente el hombre más rico del mundo, lugar al que volverá más pronto que tarde. ¿Cómo lo logró?