Opinión

  • | 2016/02/18 00:00

    ¿Seguirá el posconflicto los malos pasos del Plan Colombia?

    La realidad es que lo que se celebró no fueron los quince años del Plan Colombia –que hacía rato que no existía, y en todo caso nada significaban– sino, como dijo Pastrana, fue la forma de enterrar ese capítulo.

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Como la realidad del Plan Colombia nada tiene que ver con lo que hoy presentan, debe primero recordarse su historia y preguntarnos: ¿convertirán al posconflicto en una mentira como la del Plan Colombia en todas sus etapas?

El Plan Colombia no tuvo nada que ver con ‘el país fallido’ y mucho menos con ayudar a recuperarlo, sino con la presentación que hizo Pastrana de que Colombia por el narcotráfico era la pústula del mundo, y que por eso era interés del mundo entero ayudarnos a controlarlo; la venta de esa tesis de la responsabilidad compartida es la única verdad de lo que hoy reivindican.

Desde su inicio se desplegó la mentira de que era un proyecto colombiano, punto hoy aclarado por el General McCaffrey, quien confirmó de cuál despacho y de cuáles autores de los Estados Unidos surgió. Con ello Pastrana paseó la escudilla y la vergüenza por Europa y logró principios de ayuda, pero allá no se montaron en el proyecto justamente porque se veía como una decisión dentro de la política interna americana (coincidió con la declaratoria de ‘asunto de seguridad nacional’).

Lo concreto del plan, y lo que sí representó un programa especial, fueron cerca de US$7.000 millones asignados los dos primeros años, básicamente para material bélico producido por fábricas americanas (especialmente los Blackhawks escogidos por ellos). En sentido estricto terminó ahí la ayuda del Plan Colombia.

De entonces en adelante se recibieron recursos entre US$300 y US$400 millones anuales que correspondían a lo que siempre había aportado la Nación Americana sin que necesariamente se vincularan a un programa que ya no existía aunque se continuara mencionando ese nombre.

No solo nada tuvieron que ver con la ayuda para combatir la guerrilla sino que fueron enfáticamente vetados para tal propósito, porque también por ese entonces Colombia había sido descertificada en relación a los Derechos Humanos por la administración americana, y de ninguna manera deseaban involucrarse en el conflicto interno. El Ministro Esguerra relata que cuando los Blackhawks recién recibidos detectaban un grupo que podía ser guerrilla, tenían que mandar otro de los no ‘financiados’ por el Plan Colombia a cumplir la misión pertinente. Recuérdese también los aviones parqueados en Palanquero por la sentencia de la Corte Interamericana por el bombardeo a Santo Domingo.

El Gobierno de Álvaro Uribe logró con Bush que se autorizaran misiones contra la guerrilla pero por su actividad de narcotraficantes. Fue explícito e insistente en que eso ayudaría a combatir el negocio de la droga y no al propósito de la guerra contra la insurgencia y, mucho menos, que esto serviría como una forma de buscar la paz.

La política de ‘seguridad democrática’ desvió después para la guerra interna los recursos que se recibían, vinculándolos a la guerra sucia. Se destinaron a compra de materiales de inteligencia como los que se usaron con las chuzadas para buscar sabotear el proceso de paz –‘Operación Andrómeda’– y posiblemente para pago de los falsos positivos. ¿Eran entonces una continuidad del Plan Colombia buscando la paz?

La realidad es que lo que se celebró no fueron los quince años del Plan Colombia – que hacía rato que no existía, y en todo caso nada significaban– sino, como dijo Pastrana, fue la forma de enterrar ese capítulo. Se aprovechó la simultaneidad con el proceso de paz para montar un escenario que diera realce a este último y disimulara u ocultara el total fracaso del primero.

Confirma lo último la cantidad de droga que producimos en este momento –no importa cuál sea la razón o de quién la responsabilidad–. Y respecto a su contribución a nuestro conflicto, a esa presentación le está ‘saliendo el tiro por la culata’ pues, aunque se intenta algo falso al decir que gracias a ese Plan se obligó a sentar a las Farc a la mesa (para presentarlo como si fueran derrotadas), lo que se ha destacado es que estimuló o contribuyó a la guerra sucia que aquí se desató.

Ahora nos dicen que vendrán recursos para el ‘posconflicto’, con otra publicidad de esas entre mentirosas y etéreas… Etéreas porque no existe plan ni destino concreto; y mentirosa porque no solo no serán recursos extraordinarios, sino la misma suma que siempre han donado, y porque es seguro que al pasar por el Congreso disminuirá el monto y se cambiará por lo menos parcialmente la autonomía para su uso.

Y lo peligroso es que en verdad las ‘ayudas al posconflicto’ puedan seguir el camino que tuvo el Plan Colombia, y se desvíe ese aporte hacia otros propósitos como lo presagian afirmaciones tan rechazables como la del Fiscal al asegurar que el DIH sirve para que las acciones de los militares no sean enjuiciables y para justificar el bombardeo al enemigo (dando esta categoría además a todos los ‘grupos armados irregulares’ como ‘el clan Úsuga’).

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