Opinión

  • | 2015/12/16 19:00

    Una fragata y dos galeones

    España pactó el olvido total en el tratado de paz con Colombia en 1881. Reclamar el San José es desconocer la historia.

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Seguramente el gobierno peruano tomó atenta nota de lo dicho por el ministro de relaciones exteriores de España, José Manuel García-Margallo, cuando anunció que propondría negociaciones al gobierno colombiano sobre la propiedad del galeón San José, porque –que se sepa– hasta ahora España no ha facilitado ninguna negociación al Perú en relación con las reclamaciones de ese país sobre el tesoro de Nuestra Señora de las Mercedes, una fragata que hundieron –once again– los ingleses en 1804, cuya carga de medio millón de monedas de plata fue rescatada cerca de las costas ibéricas por una empresa caza-tesoros americana llamada Odissey, que la llevó a la Florida a través de Gibraltar para intentar evitar que cayera en manos del Estado español, que se considera legítimo sucesor del naufragio. 

Pero España cruzó el Atlántico nuevamente –esta vez para litigar ante las cortes norteamericanas contra Odissey y demás enemigos jurídicos– y se hizo entregar el tesoro que ahora exhibe en Cartagena (España). Y después de la entrega, la única “negociación” que han hecho los españoles sobre el tesoro de la fragata Mercedes consiste en prestarle algunas monedas a Bolivia para que las exhiba en La Paz, con el fin de recordar que la plata con la que las hicieron viene de las minas de Potosí. 

El Estado peruano intervino en el pleito que España le puso a Odissey en una Corte de la Florida, argumentando tener mejor derecho sobre el tesoro de la fragata por haber sido acuñadas sus monedas en la ceca del Callao, pero España derrotó en ese pleito a Odissey, al Perú y también a un grupo de personas naturales –entre quienes había algunos colombianos obviamente popayanejos– que aseguraban ser herederos de nobles comerciantes que habían enviado monedas en ese barco. 

Hoy España blasona del triunfo judicial que obtuvo en los Estados Unidos contra Odissey e insinúa que ese antecedente le da especial peso a sus pretensiones sobre el San José, pero los argumentos que esgrime para exigir su supuesto derecho sobre el galeón se contradicen con los que planteó en la Corte de la Florida para lograr que le entregaran el tesoro de la fragata.

En efecto, la decisión de la Corte de la Florida –posteriormente refrendada en dos instancias judiciales superiores incluyendo la Corte Suprema de los Estados Unidos– que le dio la razón a España frente al Perú, se basa simplemente en que esa Corte consideró que no tiene jurisdicción para dirimir un pleito entre dos estados soberanos. Pero el juez que falló ese pleito analizó marginalmente algunos de los argumentos que España presentó contra el Perú, que incluyeron el pacto de olvido total que convinieron esos dos Estados en el tratado de paz y amistad mediante el cual España reconoció la independencia del Perú en 1879.

 Lo interesante para nuestro caso es que Colombia y España suscribieron un tratado prácticamente idéntico en 1881, en el que también se pactó el olvido total del pasado, de lo que se seguiría que los colombianos no podemos reclamar a los españoles lo que se llevaron de aquí, mientras que ellos no pueden pedir que les devolvamos lo que aquí dejaron, pero España olvidó ese pacto y hoy pretende que le entreguemos un galeón que está en Colombia hace 300 años. Igualmente, se critica en el fallo que el Perú intente soportar su reclamo en la convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar por no ser ese país parte del mismo, pero ahora argumenta España –con base en ese mismo tratado del cual tampoco somos parte nosotros– que Colombia debería reconocer sus hipotéticos derechos sobre el galeón.

En 1708 –cuando se hundió el San José– la bandera bajo la cual navegaba ese galeón era tan peninsular como americana, y el territorio colombiano hacía parte del virreinato del Perú que a su vez pertenecía al imperio español cuando este aún no había sido descuartizado por las potencias europeas. Posteriormente se independizó Colombia y sucedió a España en todos sus derechos sobre el territorio que hoy ocupa nuestro país. El galeón San José pertenece a Colombia gracias a las victorias de Bolívar y Santander tal como pertenece a España La Alhambra gracias a las victorias de los reyes católicos. 

Pero cuidado. 300 años debajo del mar pueden acabar con cualquier cosa y tal vez el San José, aunque importantísimo arqueológicamente, valga mucho menos dinero de lo que se espera. Por ahí dicen que el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, cuyo precio se tasaba en US$500 millones, en realidad solo vale US$10 o US$20 millones. Al parecer, cuando los cazadores de tesoros encuentran un naufragio suelen exagerar el valor de los hallazgos para poner a soñar a sus inversionistas, y sin buscarlo, ponen a soñar también a los gobiernos. Y por cierto, ¿será que Sea Search Armada (SSA) descubrió algún otro galeón y no el San José? No parece razonable que esa empresa haya pasado 30 años pleiteando en Colombia por un pecio que no existe, ni tampoco es creíble que el Estado colombiano haya mentido cuando dijo que descubrió el galeón por fuera de las coordenadas entregadas por SSA. Además, como los ingleses eran tan traviesos, el fondo del Caribe está lleno de naufragios.
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