Opinión

  • | 2015/10/28 19:00

    El Apocalipsis

    El andamiaje institucional se vino al suelo. La política exterior la lidera Venezuela y la política interna está en manos de autoridades regionales elegidas por el narcotráfico y la corrupción.

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Nos decían en la Universidad que Colombia se salvó de las dictaduras tipo Pinochet, gracias a la existencia en nuestro país de instituciones fuertes, como las tres ramas del poder público independientes, los organismos de control, el Banco de la República y el sistema carcelario. 

De estas instituciones solo persiste el Banco de la República como entidad independiente, y de paso el Ministerio de Hacienda. Y gracias a ello la economía se mantiene estable. No así el resto del Estado.

El Legislativo es, a los ojos de los colombianos, una de las ramas del poder más corrupta. Solo le ganan a las Farc y ELN en impopularidad.

De las Cortes ni hablar. Todo se resume en una frase de Jorge Pretelt: “Es que Mauricio (González) no recibe”, refiriéndose a su compañero de pupitre. Para después revelar que González, Martha Sáchica y otra magistrada son los únicos que “no reciben” –y casualmente son los que tienen los patrimonios más bajos-. Estas son las cenizas de lo que quedó del Palacio de Justicia. 

En una jornada delirante en 1985, el M-19 desapareció la justicia colombiana. De esta desgracia salió una amnistía total a los guerrilleros y, treinta años después, condenas de 40 años a los oficiales del ejército que comandaron la retoma.

Ahora el Fiscal, cuyas intenciones parecen convertirlo en el abogado que les va a negociar la impunidad a los guerrilleros, abre investigación a 14 militares más por la toma del Palacio. ¿No quiere entender el Fiscal que la Fuerza Pública LIBERÓ al Palacio? Fue el M-19 el que se lo TOMÓ, con el propósito de MATAR a los magistrados y QUEMAR los archivos que sustentaban la extradición de Pablo Escobar. Sí, ya es sabido que Escobar financió la toma. 

A este caos se le agrega lo que viene en el barco de La Habana. Hemos perdido la confianza en el presidente Santos y en Humberto de la Calle. Como decía Yolanda Pulecio, “les creo más a las Farc”.

A una justicia desbaratada, inexistente, Santos le atraviesa un Tribunal Especial para las Farc, donde habrá extranjeros (¿Enrique Santiago?) y nacionales (¿Álvaro Leyva?), escogidos a dedo por las Farc y el Gobierno para juzgar a los primeros.

Las Farc, por su parte, dicen que no tienen recursos para compensar a las víctimas. Por lo tanto nos tocará premiarlos, pagando con nuestros impuestos a las víctimas de los terroristas. La revista Forbes calcula en US$600 millones la fortuna de las Farc.

Y, además, los guerrilleros han dicho de mil formas que no entregarán las armas sino que las “dejarán”. ¿Dónde y para qué las dejarán?

Hace poco vi en televisión una escena: Raúl Castro agarrado de las manos de Juan Manuel Santos y de un joven bonachón de barbita que resultó ser Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timo. De ahí sale un acuerdo de firmar la paz en marzo 23 de 2016.

Al día siguiente la guerrillerada niega todo lo que dice el tal acuerdo y el show se va al suelo.

No importa. El propósito no era otro que mandar señales de humo al Comité del Nobel de la Paz. Pero se lo tiraron todo cuando propusieron a Santos y Timo como candidatos –ambos– al Nobel de la Paz. Santos ya había estado en Oslo este año, donde se había mandado a hacer el liqui liqui que estrenó en esa foto en La Habana (nótese que Timo llevaba puesto el mismo disfraz).

Y, para rematar, el Presidente se inventa fórmulas para que el narcotráfico y el secuestro sean delitos conexos con la insurgencia, con la peregrina teoría de que necesitaban la plata para sobrevivir.

El andamiaje institucional se vino al suelo. La política exterior la lidera Venezuela y la política interna está en manos de autoridades regionales elegidas por el narcotráfico y la corrupción. 

Esta desgracia que le pasa a Colombia ha sido causada directamente por el narcotráfico. Este apocalipsis lo anunciaron Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara. Por eso los mataron. Lástima que la profecía de estos héroes la estemos viviendo hoy. Por eso estamos como estamos.
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