Opinión

  • | 2015/11/25 19:00

    Adoro a mi LGBT

    ¿Por qué una persona pretende prohibir a mi hija que tenga hijos y se case? ¿Qué derecho tienen precisamente los homofóbicos para tomar decisiones sobre la vida privada de mi hija?

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Cuando yo escribía en KienyKe, me llegaban mensajes de vez en cuando de algún admirador que quería ir más allá de la simple lectura. Cuando le comenté a una colega, me advirtió que a ella le pasaba lo mismo, y que esas relaciones siempre acababan en desastre.

Y efectivamente, en dos oportunidades me encontré con sorpresas muy desagradables. Aprendí la lección y me propuse no volver a chatear o hablar con mis lectores.

Un día me buscó una paisana mía, a quien no conozco. Me comentó que yo conocía a su hermano, lo cual es cierto, entonces decidí darle la oportunidad a esta señora que vive en Bogotá.

Como siempre, acabamos hablando de los hijos. Los de ella son ejemplares juiciosos, estudiosos, buenos hijos. Con desconocidos generalmente no hablo de los míos, que no son perfectos, pero esta paisana me dio confianza y decidí contarle sobre ellos.

-Mi hijo menor es trans, le dije.

-¿Y eso qué es?

-Transgénero, le aclaré.

-¿Cómo así?

-Él es una mujer en cuerpo de hombre. Se viste, actúa, gesticula como mujer. En suma, es una mujer. 

Pues esta mamá de hijos perfectos –y todas las personas que conozco tienen hijos perfectos menos yo– cerró el chat. Se asustó, nunca había oído hablar de eso, no había visto a un hombre vestido de mujer.

Pues me enojé y le dije que los LGBT nacen, no se hacen, que nadie en su sano juicio escogería ser homosexual o trans. Es una vida muy dura, de continuo rechazo y muchas veces son víctimas de la violencia, siendo atacados en la calle. Muchos mueren. 

También le dije que mi hija (porque es una mujer) era una berraca. Que había sido capaz de asumir su sexualidad en lugar de meterla en el clóset. Que había sufrido mucho en la vida por su condición y que yo la apoyaba en todo. Mi familia la acepta tal como es. Y su personalidad no ha cambiado. Sigue siendo el mismo Pedro. Pero ahora se llama Camille y vive en Estados Unidos. En Colombia no habría sobrevivido el matoneo.

Fast forward. En 2004 vivíamos en Atlanta cuando mi marido murió de cáncer. Fue terrible para todos: Camille, su hermana y yo.

Pero ahora que su padre había fallecido, Pedro me confesó que era trans, que tenía que empezar la transición ya (19 años) o si no su cuerpo se iba a masculinizar más todavía. 

Se fue lejos y durante ocho años hizo su transición. Ahora mi bebé está contenta con la vida por primera vez. Estudia en el college preparándose para una futura carrera de abogada.

Es por ello que cuando esta paisana me cerró el chat me enfurecí, no tanto por lo ignorante, pobrecita ella, sino por lo intolerante.

Entra en escena la abogada cristiana Viviane Morales. Está empeñada en hacer un plebiscito para que los colombianos decidan si las parejas homosexuales pueden adoptar hijos. Probablemente muy pronto organice otro contra el matrimonio igualitario, o contra el aborto sin condiciones.

Yo me pregunto ¿por qué una persona pretende prohibir a mi hija que tenga hijos y se case? ¿Qué derecho tienen precisamente los homofóbicos para tomar decisiones sobre la vida privada de mi hija? ¿Acaso le estoy diciendo yo a Vivian que se divorcie de Carlos Alonso Lucio?

La pastora Morales tiene una hija homosexual. Eso no tiene nada de raro. Lo extraño acá es que la pastora promueva un referendo para que su hija sea infeliz: no podría tener hijos ni casarse con su pareja.

Morales, cuando le mencionan a su hija, dice que no le invadan la intimidad. Señora Morales: usted se ha metido en la intimidad de mi hogar tratando de tirarse la vida de mi hija Camille.

Señores Ordóñez, Morales y otros homofóbicos: yo no los juzgo ni impongo reglas sobre la vida privada de ustedes. Entonces ustedes no se metan en cómo Camille debe vivir su vida y todos los demás LGBT, a quienes admiro por su valentía y por lo lejos que han llegado.

Voy a hacer un plebiscito con un umbral bien bajo, exigiendo que Vivian Morales se divorcie de Carlos Alonso Lucio. Es que simplemente, haber estado casada dos veces con Carlos Antonio Lucio dice mucho de la personalidad de Vivian.  

Mis respetos a Colombia Diversa.
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