Opinión

  • | 2015/10/29 19:00

    Peñalosa II

    El alcalde Peñalosa, hoy de 61 años, recibe una ciudad muy distinta a la que dejó cuando tenía 44.

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Como una gran noticia recibieron la mayoría de los bogotanos la elección de Enrique Peñalosa como alcalde de la ciudad de 2016 a 2020. Varios tenemos la memoria de una muy buena gestión durante su primer gobierno, cuando la ciudad se transformó desde el punto de vista urbano y cuando continuó con las buenas prácticas de cultura ciudadana de su antecesor, Antanas Mockus. A la salida de su primer gobierno, Bogotá era una ciudad de mostrar.

Hoy, tanto para bien como para mal, la ciudad es muy distinta a la que dejó, con muchas más complejidades para gobernar y, definitivamente, en una escala muy distinta. Al mirar algunas cifras del año en que Peñalosa salió de la alcaldía (2000), y ajustándolas por inflación hasta finales de 2014, se puede observar el gigante que esta vez debe gobernar Peñalosa. Los ingresos corrientes de la Administración Central, por ejemplo, pasaron de $2,5 billones a $6,8 billones en un lapso de 14 años, un crecimiento de 2,6 veces. Las transferencias que recibe del Sistema General de Participaciones se incrementaron en $700.000 millones durante el mismo lapso (recuerden que todo esto es en pesos de 2014, es decir son incrementos reales, ya controlado por la inflación). Lo que sí se mantuvo constante en términos reales fueron los recursos de capital, en alrededor de $2,4 billones al año.

En concordancia con el incremento en ingresos, los gastos también se han aumentado de manera importante, al igual que su composición. Los de funcionamiento pasaron de $1,4 billones a $2,0 billones y la inversión de $4,7 billones a una impresionante cifra de $8,1 billones al año. Es decir, hoy Bogotá invierte casi el doble de recursos de lo que hacía Peñalosa I. Esta vez, Peñalosa II va a tener un presupuesto de gastos sin precedentes en la ciudad.

Por el lado de la gestión, al revisar las encuestas de percepción ciudadana de Bogotá Cómo Vamos, también se revelan ciertos aspectos de la ciudad que hereda. Los problemas más importantes por resolver, según se interpreta de la encuesta, son tres: i) movilidad; ii) percepción del alcalde y el gobierno; iii) seguridad. Los otros temas como medio ambiente, educación, salud, etc., si bien son igual de importantes, tienen una mejor percepción de gestión que los otros tres.

El segundo es fácil de cambiar en el corto plazo (Petro deja la alcaldía con un nefasto 32% de favorabilidad, solamente superado por lo malo por Samuel Moreno durante su último año, en el que lo destituyeron, y un indicador de confianza entre la ciudadanía de 18%, nuevamente solo superado por Moreno), pero complejo de mantener durante el gobierno. Esto dependerá de la gestión de Peñalosa II y de su acercamiento con las necesidades de los bogotanos. 

En cuanto a movilidad, se requiere una intervención urgente del SITP. Hoy solamente 19% de sus usuarios de Transmilenio, por ejemplo, está satisfecho con el sistema, según las cifras de la encuesta. Si bien el Metro puede convertirse en una solución de movilidad en el mediano plazo (aunque esto está sujeto a debate, especialmente con Peñalosa II), y la bicicleta sin duda ayuda a la movilidad, lo mas rápido es recuperar el sistema de transporte actual. Hay que rescatar la conciencia cívica de los ciudadanos sobre el mismo, actualizando la infraestructura e iniciando las obras nuevas que se necesitan para desembotellar Transmilenio (Avenidas 68 y Boyacá, fundamentalmente), recuperando financieramente los dos operadores del SITP que se quebraron y facilitando de manera dramática el entendimiento de la ciudadanía con respecto a la utilización del sistema integrado. De no intervenirse el sistema de manera urgente, esto le puede costar importantes puntos de imagen de gestión al alcalde entrante, sin contar con unos $300.000 millones a $400.000 millones anuales para mantener el sistema que hoy funciona a medias. Esto se puede complementar con la recuperación de las ciclorrutas actuales, muchas en muy mal estado, y la ampliación de este sistema. Esto requiere además unas políticas de estacionamiento tanto en edificios públicos como privados de bicicletas, cosa que hoy no sucede, y a un ciclista urbano le toca poco menos que tirar la bicicleta en cualquier lado.

Finalmente está el tema de seguridad. Según las cifras de la encuesta, pareciera que esto es más un tema de percepción que cualquier otra cosa. Los números muestran que 59% de los encuestados se siente inseguro en la ciudad, pero apenas 28% se siente inseguro en su barrio. Desde 2009, por ejemplo, se ha caído el porcentaje de personas que dicen haber sido víctimas de un delito, desde 39% a 20%, sin que se haya modificado el porcentaje de personas que no denunció dicho delito (que se mantiene constante en alrededor de 60%). Cambiar la percepción, a través de la mayor presencia de autoridad en las calles, el enjuiciamiento oportuno y efectivo de delincuentes, entre otros, es un reto que Peñalosa II debe enfrentar durante sus primeros días de gobierno.

Son retos grandes los de esta nueva etapa de la ciudad. Hoy Peñalosa encuentra una ciudadanía con mucha esperanza y con ganas de que cumpla con su eslogan de campaña, Recuperemos a Bogotá. Los recursos existen, los problemas están identificados. Esperemos que esa esperanza y confianza en el futuro se vea, como durante su primer mandato, en gestión.
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