Opinión

  • | 2015/11/25 19:00

    Simple, mas no sencillo

    “Un poco de simplicidad sería el primer paso hacia la vida racional, creo”, dijo Eleanor Roosevelt. Y aunque hacerlo es difícil, el paso hacia la formalidad también.

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El domingo pasado, en el periódico El Tiempo, publicaron un artículo con el título La informalidad, una enfermedad de alto costo. Y si bien eso no es noticia, ni tampoco lo es que en Colombia la informalidad es más grande que la formalidad, lo interesante del artículo es que le pone cifras a lo que puede significarle al país el tema. Llama la atención, por ejemplo, que solamente 12% de las empresas en Colombia paguen impuesto de renta (porcentaje calculado con la base de datos de la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales), mientras que apenas 27% de estas presentaron declaración de renta. Y eso que no hablan sobre las cifras en personas naturales, donde la evasión de impuestos debe ser bastante más grave.

Lo que no se menciona en el artículo, sin embargo, son las causas de la informalidad. Si bien este es claramente un tema multidimensional, creo que existen algunos problemas estructurales que están llevando a más de la mitad de la economía a operar por fuera del sistema formal.

La más obvia (aunque no existe evidencia de ello, por lo menos cuantificada) es el narcotráfico y su prima hermana, la corrupción. No es para nadie un secreto que los negocios ilícitos se manejan todos bajo cuerda y que en un país con los niveles históricos de narcotráfico, existan enormes incentivos para manejar las cosas por debajo del radar. Negocios en efectivo, que no declaran impuestos; transacciones inmobiliarias de las que nadie se entera, y a través de testaferros, por precios muy por debajo de los avalúos comerciales; lavado de activos. En fin, miles de transacciones que han dejado, entre muchos males, una cultura de informalidad que ha permeado ya varias capas del quehacer de los negocios en el país. Y como todo cambio cultural, esto toma tiempo y es complejo.

Ahora, menos complejo sería si se adoptan políticas públicas que permitan incentivar la migración de la economía informal a la formal. El aberrante sistema tributario, por ejemplo, es un claro desincentivo a la formalidad. No es sino leer el primer informe de la misión de expertos tributaria que lleva trabajando un año en el tema, para darse cuenta de que todo el sistema es un adefesio. Se sobrecargan a las empresas; se inventan impuestos de fácil recaudo con incentivos perversos, como el cuatro por mil, que gravan todas las transacciones en el sector financiero; se evita tocar los impuestos al consumo, los cuales a su vez están gobernados por un código tributario que tiene exenciones, eximidas y siete tipos de tasa impositiva. Desafortunadamente, el miedo a quedarse sin recursos en el corto plazo puede más que las ganas de hacer una reforma estructural, y casi ningún gobierno ha logrado meterle el diente en serio al tema. Y los que lo han hecho, se han estrellado con la economía política que opera en el Congreso de la República.

Qué bueno sería, por ejemplo, dar exenciones durante algún tiempo a aquellas personas que decidan formalizarse, tanto jurídicas como naturales, con miras a ampliar la base tributaria en el tiempo. O tener un sistema tributario simplificado para empresas más pequeñas, las que más generan informalidad.

Otro tema que desincentiva la formalización es la falta de amabilidad de los trámites del Estado requeridos para hacer empresa en el país. No es que sean muchos, ni tampoco tan absurdos (hay que tener identificación tributaria, y estar registrado en la Cámara, y tener resolución de facturación y demás) sino que los mismos son poco amigables. Para aumentar la formalidad, qué bueno sería que algún gobierno pensara en cómo hacerle la vida más fácil a la gente, en lugar de más compleja o difícil. En aras de la verdad, esto ha mejorado bastante en ciudades grandes como Bogotá, Medellín o Cali, pero aún existen serios problemas para tramitar cualquier tipo de certificación o registro en ciudades intermedias, y ni qué decir de las más pequeñas. Existe una propuesta de la Andi para crear una ventanilla única de registro.

Finalmente, la sed de persecución que tienen los organismos de control del Estado, la Dian, las Superintendencias y muchas otras entidades gubernamentales sobre el sector formal. Entre multas, invención de conspiraciones y carteles, detrimentos patrimoniales donde no existen, sanciones por errores menores y mínimos en un sinnúmero de declaraciones y demás, el desincentivo a formalizarse es enorme.

La tarea de formalizar más la economía no es fácil, sobre todo con ciertos procederes tan arraigados en la cultura del país, los cuales requieren de esfuerzos educativos y culturales de largo aliento para solucionarlos. Sin embargo, una simplificación seria de normas, combinada con un sistema sancionatorio a lo informal más que a lo formal, serían pasos en la dirección correcta.
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