Opinión

  • | 2015/10/28 19:00

    París: ¿Otro Fiasco?

    La diferencia económica entre apostarle al crecimiento y mitigar el cambio climático es la piedra en el zapato de las negociaciones climáticas.

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Entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre, en la hermosa ciudad de París, se llevará a cabo la 21 reunión de la Conferencia de las Partes (COP21, por su sigla en inglés). En dicho evento los representantes de unos 190 países intentarán acordar un texto en el que se plasmen los compromisos individuales necesarios para acotar la temperatura global a 2 grados centígrados por encima de los niveles del periodo preindustrial. Estos compromisos se establecerán en torno al ajuste en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) que cada país haría, respecto de un escenario pasivo (BAU) o de algún año de referencia. Al redactar estas líneas, 156 países habían consignado su compromiso (INDC, por su sigla en inglés). Colombia, por ejemplo, se comprometió a un ajuste de 20% respecto del escenario pasivo en el año 2030.

Los estimativos emanan del último trabajo técnico efectuado en el Panel Intergubernamental de Naciones Unidas (IPCC), el cual estima el efecto sobre la temperatura media que se observaría en el futuro, de cara a escenarios alternativos de emisiones. En números gruesos, la pregunta es qué pasaría si las concentraciones equivalentes a dióxido de carbono pasan de 400 partes por millón (pepm) observados hoy, a –digamos– 630 (escenario RCP4.5) o 1313 escenario (RCP8.5) en 2100. La respuesta que dan los modelos es que bajo RCP4.5 la temperatura en 2100 sería entre 2,3 y 2,9 grados más alta que la observada entre 1850 y 1900 y que bajo RCP8.5 esta diferencia sube a algo entre 4,1 y 4,8 grados, violando la meta en ambos casos. Puesto en otras palabras, para cumplir la meta sería necesario que las emisiones no impliquen pasar de las 450 pepm.

Cumplir la meta implica reducir emisiones entre 40% y 70% en 2050 y eliminarlas por completo más adelante, lo cual, dadas las posibilidades técnicas que tenemos hoy, implicaría un frenazo importante en la actividad económica, razón por la cual la mayoría de países ha publicado INDC, de cara al evento parisino, cuya sumatoria resulta completamente insuficiente en términos de lograr la meta.

Una manera de entender el problema es comparando costos y beneficios derivados del cambio climático, temas en los que tenemos cifras razonables. El profesor W. Nordhaus ha dicho que una reseña de diversos estimativos lo llevan a pensar que si la temperatura sube 2,5 grados, el ingreso global caería 1,5%. 

En cuanto a los beneficios, vale la pena traer a colación el ejercicio efectuado por la Ocde, bajo encargo de IPCC. El trabajo consiste en simular la economía global a largo plazo, bajo cinco escenarios de tipo ambiental. Estos escenarios incluyen dos particularmente interesantes. Primero, en SPP5 no hay ningún tipo de política tendiente a mitigar el cambio climático y los países se enfocan en crecer sus economías con políticas efectivas, de tal forma que el ingreso per cápita de los países pobres converge muy rápidamente al de los países ricos. Segundo, en SPP1 los países cooperan entre sí de tal forma que los países pobres logran sustituir fuentes de energía y reducir emisiones, aprovechando rápidamente el desarrollo tecnológico generado en los países ricos, sin sacrificar demasiados ingresos. El punto de fondo es que la diferencia, en términos de ingreso medio, entre SPP1 y SPP5 es sustancial: llega a 60% en 2100 a nivel global y es mucho mayor en países como China e India. Si la cooperación internacional es imperfecta y si no se logra definir un único precio global para el carbono (escenarios SPP2 a SSP4), como ha sido el caso hasta ahora, las diferencias son sustancialmente mayores. Lo cual nos lleva al corazón del asunto: cualquier escenario de mitigación consistente con las metas establecidas de emisión, genera unos costos que sobrepasan, ampliamente, los beneficios, sobre todo en países pobres y de ahí la larga cadena de fracasos negociadores. 

No hay razones fuertes para pensar que en París se llegue a un acuerdo creíble que sea consistente con la meta trazada –como tampoco en las 20 costosísimas reuniones que le precedieron–. Al fin y al cabo, sin solucionar el problema de acción colectiva inherente, resulta al menos discutible que los habitantes pobres de hoy gasten recursos para elevarles su ingreso un par de puntos a los pobladores más ricos del mañana.
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