Opinión

  • | 2015/04/18 09:45

    El individuo libre

    El individuo libre del Doctor Carlos Gaviria tiene una pata estupenda, pero la otra pata está grave.

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En una entrevista larga, dijo el Doctor Carlos Gaviria que: “...mientras no exista igualdad como un fundamento social, no es posible que las personas sean libres y, por tanto, creo que la construcción de una sociedad de personas libres pasa por la construcción de una sociedad igualitaria”. El punto de esta columna respetuosa es que esa manera de concebir la relación entre individuo e igualdad es el obstáculo más potente para el verdadero progreso del país.

La libertad individual es un eje temático importante de su legado como arquitecto constitucional, cosa que yo aprecio y agradezco. Lo que resulta cuestionable no es que Gaviria haya defendido con energía y claridad al individuo como soberano en sus decisiones y cuestionado con firmeza el espíritu prohibicionista y entrometido, sobre todo en los asuntos de alcoba, que se cargan las mayorías colombianas y con ellas el Estado que las encarna. Todo lo contrario.

El problema es que su noción del individuo es incompleta. Es soberano frente al Estado en sus decisiones, pero subsidiario del Estado en la ejecución. La primera arista, la soberanía de lo privado, es parte fundamental de la concepción liberal que germina y florece a partir de la ilustración de cara al yugo de las imposiciones feudales y sin duda es parte esencial de la aparición en escena del capitalismo y del crecimiento económico que el mundo estrena hacia comienzos del siglo XIX. Sin ese individuo soberano, sencillamente no habría propiedad privada, cosa que le fascinaría a un autor como Marx.

La segunda arista, la naturaleza subsidiaria que tiene ese mismo individuo frente al Estado, es un invento mucho más reciente. Los comunistas al menos niegan de tajo la libertad individual y se dedican a construir la sociedad igualitaria usando medios que les conocemos bien desde 1917. Para progresistas como Gaviria la tarea es mucho más complicada.

Tomemos como ejemplo la guerra contra la pobreza que el presidente Johnson de los Estados Unidos inaugura en 1964. A su amparo se inician programas de gasto público en áreas vitales, como la alimentación, la vivienda y los servicios de salud, que cimientan el estado de bienestar americano. A sus 50 años es claro para todos que esa guerra se perdió. Después de medio siglo de gastar unos US$600.000 millones anuales, la incidencia de la pobreza es idéntica a la que el país tenía en 1967. A nivel europeo, aunque la crisis reciente acelera la racionalización necesaria, lo cierto es que en países como Suecia dicho proceso venía de tiempo atrás.

La construcción de la sociedad igualitaria la hacen individuos libres: los políticos que diseñan los programas específicos, los funcionarios públicos que toman las decisiones prácticas, los hombres y mujeres que ponen la plata necesaria pagando impuestos, los pobres y los no tan pobres que reciben los subsidios, y así.

Bajo el manto de construir un país igualitario, se esconde en Colombia un monstruo que terminará devorándonos a todos. Empecemos por el dinero que lo financia: impuestos “progresivos” al sector formal de la economía que, en términos efectivos, superan ampliamente el 50% de las utilidades empresariales. Creo que son bien pocos los individuos libres dispuestos a arrancar una empresa en calidad de socio minoritario. 45% del gasto público social son servicios prestados al 20% más rico por la vía de subsidios pensionales y universitarios. La mitad de la población ocupada gana menos de un salario mínimo legal, uno de los más altos del mundo en relación con el ingreso promedio, lo cual les hace imposible aspirar a la formalidad. Creo que son bien pocos los individuos libres dispuestos a hacer política a favor de gente que poco vota. Más de la mitad de los afiliados al sistema de salud son subsidiados e informales. Creo que son pocos los individuos libres dispuestos a pagar por algo que hoy reciben gratis.

El individuo libre es una construcción admirable que necesita dos patas para andar. Una de ellas, el derecho individual, que Gaviria enfatizó estupendamente. La otra pata, la responsabilidad individual, está gravemente enferma en Colombia y no hay razón alguna para suponer que este individuo pueda caminar sin una cirugía radical.
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