Opinión

  • | 2016/09/29 00:00

    Columna inevitable

    El domingo acudiremos a las urnas para contestar una pregunta sencilla que nos obsesiona de manera paradójica.

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En un par de días, los colombianos, ojalá de manera masiva, informada y serena, acudiremos a las urnas para contestar una pregunta sencilla: apoyamos –SÍ o NO– “el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Y el temita tiene al menos dos características que lo convierten en asunto inevitable para cualquier ciudadano con el privilegio de opinar en los medios. Uno, ha sido obsesión paradójica durante los años que se tomaron los negociadores elaborando el extensísimo documento objeto del escrutinio, y ese simple hecho es interesante. Dos, si los colombianos aprobamos el contenido de este documento, estaríamos no solamente dándole un chance a la paz, como diría John Lennon, sino también catalizando varios procesos de reingeniería institucional.

La importancia del Proceso de Paz, medida a través de las búsquedas de noticias ejecutadas en Colombia, a través de Google, tiene altibajos en los últimos 5 años, desde luego, pero arrasa con búsquedas alternativas como “desempleo” (el marcador es 10-5 en promedio 2011-2016 y 18-3 en septiembre 24), “inflación” (10-2 y 18-3) y ni hablar de “Reforma Pensional” (10-1 y 18-1) o “sistema de salud” (10-2 y 18-1). Los diarios nacionales han dedicado parte sustancial de sus contenidos al tema, un cálculo primitivo, discutible y muy poco científico, permite plantear que 35% de las noticias de primera página, durante 2016, tienen relación directa con el proceso. La importancia relativa del proceso, frente a otros temas, es mucho más alta para las columnas de opinión más comentadas, cuyos autores rara vez han tratado tema distinto en los últimos meses.

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Esta obsesión, planteo, es paradójica por una razón sencilla: contrasta muy marcadamente con la relativa indiferencia de los mercados financieros, que en el mundo entero suelen ser el primer lugar donde se iza la bandera, verde, amarilla o roja, del vaticinio calificado. La tranquilidad relativa que ha tipificado el día a día de la tasa de cambio a lo largo de los diálogos no es muy distinta a la que se observa en latitudes con inmunidad habanera. Cosa similar podríamos decir del precio de todos los activos. El Proceso de Paz, simple y llanamente, no ha tenido, por ahora, efecto alguno en la riqueza de Colombia –la cual sube y baja por razones muy similares a las cuales sube y baja en Chile o en Perú, que gozan de “paz”– y ello sugiere que hay razones para pensar que, a pesar del bochinche mediático, y por fortuna, nadie está apostándole ni a un cataclismo, si gana el NO, ni al paraíso terrenal si gana el SÍ.

El segundo tema interesante es el proceso de reingeniería institucional que se nos viene encima con el SÍ. El punto de fondo es que en ese contexto se crean unas diez burocracias nuevas, y ello se haría por la doble calzada de las facultades especiales. Se perfecciona una reforma constitucional amparada en el concepto del “acuerdo especial” contemplado en convenios septuagenarios referentes a la guerra convencional, y se crea una nueva jurisdicción, con su alta corte respectiva. Me parece ingenuo pensar que todo esto va a ser un proceso indoloro. Las nuevas burocracias, como lo hacen en todas partes del mundo, entrarán a competir por recursos y por facultades, con las burocracias incumbentes y parte esencial de su visión-misión, será hacerse “indispensables”.

Por supuesto, exponenciar la ya enorme complejidad del aparato estatal colombiano sería un costo completamente razonable, si con ello el país lograra conquistar la paz estable y duradera del preámbulo. Infortunadamente, y yo creo que en ello hay conciencia en la franja sensata del SÍ, el hecho es que no hay razón alguna para suponer que las externalidades violentas que genera el crimen organizado van a desaparecer mientras sigan vigentes los incentivos que inspiran a los criminales vinculados a esta o a aquella franquicia delictiva. Desarmar a la banda criminal más importante del país es una excelente noticia, y creo que de ello hay plena conciencia en la franja sensata del NO, pero el hecho es que ahorita mismo, como lo dijo con claridad el Fiscal General, el ghetto de marras se está reorganizando, no está desapareciendo.

Los colombianos tenemos una responsabilidad que nos tenemos que tomar en serio. En mi opinión, en el mejor de los casos el SÍ implica un importante primer paso, pero no implica ni de lejos una paz estable y duradera. El crimen organizado seguirá siendo parte de nuestra realidad, gane el SÍ o gane el NO. La pregunta de fondo es si, con tan flaco beneficio, podemos darnos el lujo de asumir los obesos costos del primer paso. Y de darlo, además, por una trocha espesa y sin retorno fácil. Yo creo que NO.

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