Opinión

  • | 2016/03/17 00:00

    Felicidad presente y tranquilidad futura

    Por solo pensar en el monto de la pensión deseada, y no ver si alcanzan los requisitos para jubilarse, muchos arriesgan el futuro de su vejez.

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Los colombianos somos hoy los más felices del mundo, según mediciones internacionales, pero de lo que debemos estar seguros es que para garantizar dicha felicidad logremos una vejez tranquila.

Según la regulación actual, planear la vejez en Colombia implica tomar la decisión de pertenecer al régimen de ahorro individual o a Colpensiones. En ambos esquemas, las pensiones son vitalicias y en ningún caso pueden caer por debajo del salario mínimo.

En ahorro individual, la pensión se determina principalmente por el capital ahorrado, mientras que en Colpensiones la pensión se establece por la edad, (57 años mujeres y 62 hombres), y un mínimo de 1.300 semanas cotizadas. La mayoría de los afiliados de ahorro individual, que cotizan con un salario mínimo y no logran el capital, pero tienen 1.150 semanas de aportes y logran la edad de jubilación, se pensionan por el Fondo de Garantía de Pensión Mínima. Por estas razones, la cobertura esperada de pensionados es más alta en el régimen de ahorro individual. Muchas personas solo comparan los montos de las pensiones esperadas, sin tener en cuenta si llenan los requisitos y, por eso, ponen en riesgo su futuro pensional.

Consistente con esto, según un estudio del Ministerio de Hacienda divulgado en 2015, 95% de los trabajadores que se trasladan de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) hacia Colpensiones, lo hacen sin disponer de información suficiente y muy frecuentemente se equivocan.

Se estima que 90% de los afiliados a Colpensiones no alcanzarán a jubilarse. Si en ahorro individual hay todavía muy pocos pensionados, comparado con el régimen público, es solo porque es un régimen aún muy joven.

La solidaridad en ahorro individual está focalizada en los trabajadores de menores ingresos, sin tocar los recursos del presupuesto de la Nación. Entre tanto, en Colpensiones todas las pensiones tienen subsidios y pueden alcanzar por persona los $1.000 millones en la pensión máxima. Pero, dada la informalidad laboral, muchos no alcanzarán a cotizar suficientes semanas y nos preguntamos qué les pasará a los que no se jubilan. Si pertenecen al régimen de ahorro individual recibirán la devolución de sus aportes más los rendimientos históricos de los fondos: 8,5% en términos reales. En contraste, todos los afiliados de Colpensiones que no alcanzan los 26 años de cotización exigidos, que son precisamente los más pobres, reciben sus aportes sin ningún tipo de ganancia, solo un ajuste por inflación. Así, la estrategia es muy regresiva: el Estado se financia gratis con los aportes de las personas de menores ingresos para subsidiar las pensiones de los más ricos.

Estos subsidios en Colpensiones explican en gran parte los problemas de sostenibilidad fiscal del Gobierno. El hueco de las pensiones públicas alcanza unos $32 billones (4% del PIB), equivalente a un cuarto de los ingresos del gobierno nacional. Si a este desbalance fiscal sumamos los problemas de sostenibilidad derivados del envejecimiento de la población, Colombia corre el riesgo de caer en lo que el Wall Street Journal de 9 de marzo de 2016 llamó “la bomba de tiempo de las pensiones”, que hoy enfrentan los gobiernos europeos occidentales.

Las AFP nacieron en los noventa como una respuesta a la incapacidad del fisco de atender las obligaciones pensionales, a la ineficiencia y falta de transparencia del extinto Seguro Social. Aun así, los problemas de defraudación se siguen presentando en el régimen público. Las AFP han realizado una labor jamás imaginada, con la gestión activa de los portafolios de inversión que, en 2015, sumaron $167 billones, una rentabilidad acumulada histórica de 8,5%, cifra excelente en Colombia y en cualquier parte del mundo. Gracias a esa rentabilidad, de lo que cada afiliado tiene en su cuenta de ahorro individual, 66% corresponde a los rendimientos generados por las AFP y 33% es su ahorro real.

La gestión de las AFP ha sido crucial también para desarrollar el mercado de capitales, impulsar el mercado de deuda pública y privada, financiar proyectos claves para el desarrollo del país e impulsar los códigos de Gobierno Corporativo que buscan una mayor transparencia y las mejores prácticas en la administración de los emisores.

El BID y la Ocde han coincidido en la necesidad de ajustar los parámetros del régimen público y fortalecer el régimen de ahorro individual para mantener sus buenos resultados. Para continuar siendo una sociedad feliz, necesitamos construir un mejor sistema pensional y tener, así, una vida digna y tranquila en la llamada edad dorada.

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