Opinión

  • | 2016/05/26 00:00

    Colombia y el modelo de desarrollo del rebusque

    El Gobierno sigue buscando dónde encontrar recursos transitorios sin estudiar modelo económico diferente de lo que se podría llamar el ‘modelo del rebusque’.

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Falló la sabiduría de los organismos que vendieron la idea de que la internacionalización de la economía iba a ser la redención para países como el nuestro.

El resultado hoy, ya sin el subsidio que representaba la lotería de los altos precios del petróleo, es diciente: la columna vertebral suponían ser los Tratados de Libre Comercio, TLC, en especial el suscrito con nuestro principal socio comercial, los Estados Unidos, pero ni se crearon los centenares de miles de empleos proyectados (seguimos teniendo uno de los desempleos más altos del continente –si no el más alto–); ni disminuyeron las importaciones de allá (entre 2011 y 2014 crecieron de US$12.978 millones a US$17.503 millones); ni aumentaron las exportaciones (bajaron de un saldo favorable de US$8.991 a un déficit de US$4.929 millones); y en nuestra cuenta corriente de la balanza de pagos el desfase total es de US$18.925 millones, equivalente a 6,5% del PIB, porcentaje al cual nunca en la historia se había llegado. Y aunque nos preciamos de haber alcanzado las reservas de divisas más grandes de la historia, poco se gana cuando para lograrlo rompemos el récord también histórico en deuda externa.

Del fracaso del ‘modelo neoliberal’ pasamos a un ‘modelo de minería extractiva’ de venta de nuestros recursos naturales, sobre todo alrededor del petróleo. Más allá de las objeciones a organizar una economía basada en el agotamiento de lo que la naturaleza nos dio, en vez de generar riqueza y valor agregado en la industria y la agricultura, el absurdo grande es hacer depender el bienestar del país de un producto que no tenemos. Porque las reservas probadas nuestras nunca han sido más de 2.500 millones de barriles ni su horizonte de explotación superior a siete años (Venezuela tiene cien veces más reservas que le pueden durar cerca de cien años, y México, Ecuador o Brasil, con reservas mucho mayores, no han creado esa vulnerabilidad). Nunca se logró la extracción de un millón de barriles diarios, y hoy, con los precios que no dan margen para extraer crudos costosos (¡pensar que pretendimos llegar al fracking!), los pesados nuestros dejan de ser rentables y las proyecciones son de bajar a 800.000 y probablemente a 600.000 barriles diarios; es decir, el ingreso petrolero disminuido por precio y cantidad en 60%.

Y la mayor inversión en la historia del país es Reficar, de la cual nos preciamos de ser el ‘top’ en refinerías –no la más eficiente–, que es como quien compra un Rolls Royce para un país de solo trochas. Pero se hace escándalo por la corrupción y no por las decisiones políticas, como si no contara el daño de la locura de querernos calificar como ‘país petrolero’.

Esa dependencia de factores externos –sobre los cuales no tenemos prácticamente ninguna incidencia– hizo que fuéramos la nación más sensible a los vaivenes internacionales; por eso tuvimos la mayor revaluación y después la mayor devaluación del continente, mientras el Ministro de Hacienda, lejos de reconocer lo grave de la incertidumbre que se producía, describía cada variación, desde el ‘dólar Cárdenas’ a $1.900 hasta el pánico porque llegó a $3.300, como la ‘situación ideal’.

Pero desde antes de la caída de los combustibles y los minerales (petróleo, carbón, níquel) ya los desfases fiscales eran ‘estructurales’, subsanados con unos impuestos a la paz y a la riqueza, pero tampoco alcanzaba…

Del modelo minero extractivo pasamos al de gran inversión en infraestructura. A pesar de los juramentos de que la venta de Isagen sería para los sectores sociales –educación, salud– acabamos cuadrando las cuentas de los proyectos 4G con la capitalización del Fondo Nacional de Desarrollo de la Infraestructura. Es decir, aumentándole la capacidad de captación e intermediación de tal forma que resultáramos nosotros asumiendo el riesgo de la financiación, pero garantizando los beneficios a los privados…

Eso tampoco saneó las finanzas estatales. Y el Gobierno sigue buscando dónde encontrar recursos transitorios sin estudiar modelo económico diferente de lo que se podría llamar el ‘modelo del rebusque’.

Y nos volvimos el gran paraíso fiscal dónde lavar dineros con una reducción del impuesto de ganancia ocasional al 10%; y después una amnistía para los bienes en el extranjero al 11%. Y sí, el recaudo ha aumentado vertiginosamente (desde 2011 año tras año, en billones $86,5, $99,2, $104,4, $114,3, $123,7), pero nada es suficiente y ahora la amenaza es una nueva reforma tributaria porque urge conseguir $18 billones más para mantener el ‘modelo’. Reforma que a su turno no durará, pues tendrá que adaptarse después al régimen contable de las NIIF, Normas Internacionales de Información Financiera.

Como ejemplo para los colombianos, el Gobierno se dedica a las improvisaciones y al rebusque, y no solo para lo económico sino también para lo jurídico, con la ‘creatividad’ con que busca salidas en los acuerdos de La Habana....

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