Opinión

  • | 2015/03/31 14:30

    Entidad caótica ingobernable

    ¿Será que en realidad somos una Entidad Caótica Ingobernable y no solamente un país inviable?

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Un economista peruano, Oswaldo De Rivero, acuñó la frase de “país inviable” en su libro Los Estados Inviables: No-Desarrollo y Supervivencia en el Siglo XXI, escrito en 2001.

La tesis de De Rivero redefine la clasificación de países desarrollados y países en vías de desarrollo. Basado en teorías de comercio, ventajas comparativas, exportaciones sin mayor valor agregado, flujos de capital y contradiciendo a Adam Smith, De Rivero llega a la conclusión de que los países en vías de desarrollo no son tal.

Nuestros países no van a seguir la senda que convirtió a Norteamérica y Europa en potencias mundiales. No. Nuestros países son más bien inviables, no en vías de desarrollo. No hay una evolución lineal que con el tiempo permita que lleguemos al Primer Mundo. Eso solo lo lograron cuatro economías excepcionales: Taiwán, Corea, Singapur y Hong Kong, todas ellas basadas en la producción exportable de artículos de alta tecnología, que tienen un enorme valor agregado, y que según De Rivero son la fuente del desarrollo.

De resto, los antes llamados países en desarrollo son en realidad países inviables –como Colombia–, y hay otros como Venezuela, Afganistán, Iraq, Sudán, Zimbabwe, Corea del Norte, Siria, Egipto, que clasifican como ECI (entidad caótica ingobernable). No tienen futuro.

Pero, como se pregunta Zabalita al comienzo del excelente libro Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa, ¿en qué momento se jodió el Perú?, ¿en qué momento se jodió Colombia? ¿O es que siempre hemos estado jodidos?

En Colombia hay en teoría separación y fortaleza de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Se dice que por ello no caímos en los gobiernos militares de otros países suramericanos.

Si de algo nos podemos preciar los colombianos es que los últimos presidentes y sus gabinetes (con excepción del gobierno Samper) han sido relativamente serios y honestos. No es sino compararse con la Argentina, donde la Presidente y el Vicepresidente están sub judice. La inmensa corrupción de los ministros argentinos liderados por el Rasputín gaucho, Julio de Vido; la casa de Enrique Peña Nieto; la huida de México de Carlos Salinas de Gortari. La huida de Ricardo Martinelli de Panamá. La cárcel para Fujimori. Y lo peor de todo, el enriquecimiento inconmensurable de la cúpula bolivariana y sus secuaces, revelado ahora en los archivos del Banco de Andorra.

Pero cuando nos vamos al funcionamiento de los otros dos poderes en Colombia, la Justicia y el Congreso, se concluye que si todavía existen es para robar más (con pocas excepciones), destruir más, acaparar más poder y más dinero y corromper más. Al mejor estilo mafioso.

Lo del Congreso es así desde hace mucho tiempo. No por casualidad es una de las entidades más despreciadas, al lado de las Farc. La Comisión de Acusaciones pasó de ser un chiste malo a una puñalada en el corazón.

Las medidas anunciadas por el presidente Santos no van a corregir las instituciones. A las instituciones las hacen la gente que las conforman. Y esa gente, esa clase política, esos magistrados corruptos no van a cambiar. Ni los que los reemplacen, porque el sistema está podrido.

Lo peor es la politización de la Fiscalía, la agenda propia de Eduardo Montealegre, su venalidad al no avanzar el caso Saludcoop, de quien fue abogado, y su complacencia y abyección en la feria de puestos. Por último, su lambedera a los guerrilleros en el Proceso de Paz no sabemos qué contiene pero genera inmensas sospechas.

Un país así no es viable. Ahora vendrá la reinserción de las Farc, con todo lo que ello implica para la sociedad. No habrá legitimidad para juzgar a los cabecillas, no habrá Congreso para legislar y el Ejecutivo con los pantalones abajo, porque Santos va a ceder aún más. La Fuerza Pública desmoralizada. ¿Será que en realidad somos una Entidad Caótica Ingobernable y no solamente un país inviable?
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