| 3/16/2017 12:00:00 AM

¡Cargando el lastre de Bogotá!

El problema está en el ombligo del país, que se supone es su centro de inteligencia y debería bombear y hacer circular toda la economía nacional.

Daniel Niño Tarazona.

por Daniel Niño Tarazona

En 2009, en medio de la crisis financiera mundial, Colombia tuvo un déficit en su intercambio con el mundo de insumos y productos en la industria manufacturera cercano a los US$14.200 millones. Con la bonanza minero-energética, en 2014, dicho déficit llegó a cerca de US$41.800 millones. Las importaciones de la industria manufacturera habían crecido durante 5 años 6 veces más rápido que las exportaciones, el déficit había aumentado 193%, implicando un fuerte aumento del endeudamiento externo de Colombia.

Después, la tasa de cambio se disparó de $1.800 por dólar hasta niveles de $3.400, a la par que los ingresos petroleros caían con la cotización internacional del crudo. Dicho aumento no solo deterioró severamente la capacidad de pago de las obligaciones de Colombia con el mundo, sino que ese choque de la tasa de cambio se trasladó sensiblemente a la inflación.

Casi ningún economista anticipó que, a diferencia de 2009, el contagio de la tasa de cambio al nivel de precios de la economía iba a ser tan contundente. En parte, ignoraron que a finales de 2014 las importaciones de insumos y productos industriales sumaba US$61.200 millones, el doble que 5 años atrás. Por lo mismo, su peso frente a toda la economía se había elevado peligrosamente, originando mayores presiones de inflación en caso de otra nueva gran devaluación del peso colombiano. Dicha inflación terminó significando mayores tasas de interés para los colombianos.

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Y la culpa de todo la tuvo Bogotá.

La capital, que representa 25% de la economía del país y 36% de industria nacional, vio caer sus exportaciones manufactureras entre los años mencionados y aumentó sus importaciones incluso a una velocidad mayor que toda Colombia, en 138%. El déficit comercial de Bogotá con el mundo en industria manufacturera terminó en 2014 en casi US$30.000 millones. Es decir, la capital explicó 68,4% del aumento del déficit de la industria manufacturera de todo el país.

Si Trump fuera colombiano su campaña habría sido Bogotano, compra colombiano.

Esto no quiere decir que otras regiones como Antioquia, Atlántico, Valle y Cundinamarca no tuvieran también deterioro en su intercambio con el mundo, pero todos juntos son menos de la mitad de lo observado en Bogotá.

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Como lo mencioné en la pasada columna de opinión, es severa la baja productividad de la industria manufacturera de la capital. Luego, una tasa de cambio en $1.800 resultó insoportable para el aparato productivo capitalino.

En dicha columna revelé, para sorpresa de muchos, que Boyacá, Tolima, Huila, Córdoba, Caldas y Magdalena, entre otros, son más productivos que la capital y por eso, con tasa de cambio de $1.800, mejoraron su posición comercial con el mundo en cerca de US$1.600 millones. El departamento del Cesar a su vez disminuyó su déficit comercial industrial en casi US$500 millones en el periodo.

Entre 2009 y 2014, las exportaciones de prendas de vestir de Bogotá cayeron 33% y las importaciones aumentaron 175%. Las ventas al mundo de muebles se redujeron 42%, en tanto las compras aumentaron 253%. Las compras externas de productos de caucho y plástico aumentaron 137%. Las exportaciones de productos de la industria de hierro cayeron 58%, en tanto las importaciones aumentaron 216%. Algo similar ocurrió en productos químicos, vehículos y en la gran mayoría de industrias.

En mi anterior columna señalé que en Bogotá 84% de los establecimientos industriales son altamente improductivos. En muebles, la productividad de la industria bogotana es inferior a la de Colombia en 68% y menor en hierro en 44%, en caucho en 67%, en plástico en 48% y en prendas de vestir en 74%.

Si fuese Ministro de Hacienda o codirector del banco central estaría preguntando al alcalde y a su equipo, así como al tejido empresarial, qué estrategia tienen para revertir el fracaso industrial del Distrito Capital.

Posiblemente descubran que la especialización inteligente de Bogotá requiere una mayor coordinación y estrategia económica nacional. Mientras tanto, todos los colombianos seremos más pobres ante el mundo, más vulnerables a choques de inflación y mayores tasas de interés gracias al nudo gordiano de la capital.

¿Cómo ordenar el uso del suelo para generar costos de oficinas y de bodegas más baratos, reducir el costo y mejorar el abastecimiento de agua, comunicaciones y energía, reducir la congestión, mejorar la calidad de vida para retener el talento, mejorar la gestión, inteligencia de negocios y estrategia empresarial en Bogotá? 

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