Opinión

  • | 2014/05/18 08:00

    Experimento mental

    ¿El conocimiento regional beneficiaría la calidad de las reformas que deberá introducir el nuevo gobierno?

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Difícil encontrar alguien que pierda más tiempo que este columnista en una noche de esas de insomnio indomable. En la más reciente, me puse a pensar en someter a los candidatos presidenciales colombianos a un experimento que consta de una capucha, un helicóptero y una libreta de apuntes.

En mi experimento, cada uno es encapuchado, montado en el helicóptero de marras y llevado a la plaza central de algún municipio pequeño de Colombia. Al aterrizar, tras un vuelo deliberadamente confuso, se les permite unos minutos para observar sus alrededores y se les formulan tres preguntas que son idénticas para todos y crecientemente complejas. La primera pregunta es: ¿Dónde está usted? 10 puntos si acierta el municipio, 5 puntos si acierta la región específica (no vale “en la costa, ala”), cero si no se ubica.

Tras este lance inicial, los candidatos son plenamente informados acerca del municipio y la región que los acoge y se les formula la segunda pregunta: ¿Qué sabe usted acerca de la historia que ha vivido esta región en los últimos 10 años? 10 puntos si la respuesta acertadamente incluye la evolución reciente en materia de cobertura y calidad de algún servicio público local, incluyendo salud, educación y transporte. 5 puntos si solo habla, atinadamente, de la situación de seguridad. Cero si no sabe, puntos negativos si habla paja.

Finalmente, la más compleja. Una vez se les informa acerca de la historia reciente, se les requiere una discusión acerca de la región que más lecciones le aportaría al municipio y la región que los acoge, sea porque han atravesado una problemática similar y la lograron superar, sea porque no lo pudieron hacer.

No me cabe duda acerca de dos cosas. Primero, que, de lejos, el triunfador sería Oscar Iván Zuluaga. Segundo, que el resultado es relevante para lo que, posteriormente, sería un componente esencial que va a terminar definiendo la calidad del Gobierno que estamos próximos a elegir.

La calidad del próximo Gobierno va a depender del conocimiento a fondo de todas las regiones y de la inteligencia con la que diseñe e implemente una reingeniería de la descentralización vigente. Este país ha sido gobernado con un costoso criterio centralista. El grado de acción que se le permite ejercer a los alcaldes es irrisorio en áreas tan cruciales como la educación, la salud y la infraestructura. La convicción en el sentido de que todo lo que esté por fuera de los cubículos donde ofician sus liturgias los sacerdotes del centralismo es corrupción e incompetencia, ha implicado la reiteración de costos para la provisión adecuada de bienes públicos locales a una porción inmensa de la población colombiana.

Desde luego que hay dos realidades que no se pueden desconocer. La primera, que el ancho y largo asunto de los bienes públicos locales y la mejor manera de proveerlos adecuadamente es apenas una de las aristas de la problemática que habrá de enfrentar el nuevo Gobierno. Mi punto es que hay externalidades muy positivas que podrían emanar de una reingeniería inteligente de la descentralización colombiana para el exigente menú que nos espera, el cual incluye la reforma educativa, la reforma de la salud, la reforma de la justicia, el avance en materia de infraestructura, incluyendo la urbana, la competitividad de costos para la industria y la definición del marco institucional que nos permita estrenar el desarrollo agropecuario con vocación mundial.

La segunda realidad inescapable es que cualquiera con dos dedos de frente encontrará casos en los cuales los mandatarios locales incurren en prácticas cuestionables y hasta delictivas. Pero como en tantos otros asuntos, la pregunta de fondo es si los objetivos que nos proponemos con la descentralización quedan mejor servidos con una espesa maraña de requisitos preventivos que terminan amarrando las manos de los competentes e incentivando jugarretas o si lo mejor es presumir su profesionalismo y construir una manera seria y robusta de detectar y poder sancionar todos los casos contrarios.
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