Opinión

  • | 2014/06/13 06:00

    Ajustes Chinos

    La economía de China está cambiando de manera importante. ¿Qué tan probable es una crisis financiera? Muy poco.

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Desde el año 2000 la economía China ha crecido a un pasmoso ritmo de casi 10% anual. Este hecho es especialmente notorio en los años posteriores a 2008, cuando se observa una enorme asimetría entre el dinamismo de la economía china, que sigue creciendo al 10% anual entre 2008 y 2011, y la de los Estados Unidos y Europa, que se estancan casi por completo en el período.

La solidez del crecimiento durante los últimos años es especialmente interesante dadas dos cosas: primero, que el motor principal ha sido, por dos décadas, el comercio internacional y, segundo, que la crisis de 2008 implicó un frenazo sustancial de los flujos comerciales. En China el comercio total pasó de representar 22% del PIB en 1980 a casi 70% en 2005. De otra parte, la caída de los flujos comerciales mundiales en 2009 fue de 32% y en 2013 todavía estaba 11% por debajo de lo observado en 2007, mostrando que el tortazo no fue un asunto pasajero. Lograr, como se hizo, una tasa de crecimiento de 10% entre 2008 y 2011, cuando el motor principal del comercio internacional estaba tan seriamente averiado, motiva fascinantes reflexiones.

Las circunstancias internacionales implicaron un reajuste sustancial de la política económica con gran énfasis en la inversión y el gasto público. La tasa de inversión siempre ha sido notable, pero desde 2008 hay un incremento de casi 10 puntos del PIB. Al mismo tiempo, el déficit fiscal se triplica y la deuda pública pasa de 18% a 33,5% del PIB entre 2009 y 2010. Crecer con menos sector externo y más gasto doméstico, es perfectamente consistente con las metas económicas y sociales contenidas en los dos últimos planes quinquenales, especialmente el actual (2011-2015) y totalmente lógico en un país inmerso en dos pujantes procesos sociales: la urbanización y la expansión de una clase media joven y más propensa al consumo que, en últimas, explica buena parte de aquello que llamamos la calidad de vida.

El problema es la velocidad que ha tenido el proceso y los potenciales desequilibrios que todo exceso de velocidad tiende a implicar. Un ejemplo es el crédito. El sector financiero es enorme en China y esto es cierto desde hace muchos años. Por ejemplo, los créditos totales ya representaban un 120% del PIB en 2000, pero lo que hemos observado desde 2009 es cuento aparte, tanto en tamaño como en composición. El crédito total, lo que se denomina financiamiento social total, ya supera el 190% del PIB y este indicador ha crecido la bicoca de 70 puntos desde 2008. En segundo lugar, el origen de buena parte de esta expansión es extrabancaria, fundamentalmente fondos fiduciarios que no están sujetos al control de tasas de interés sobre los depósitos y que han aumentado su participación en el total de menos de 10% en 2008 a más de 30% en 2013. Según la medición (SRISK) el sector financiero de China ya es la fuente más importante de riesgo sistémico del mundo (US$630.000 millones), sobrepasando ampliamente a Japón y Estados Unidos.

No obstante esta realidad, lo cierto es que no cabe anticipar un ajuste súbito del sector financiero como el observado en otros países por varias razones. Primero, porque respecto del PIB, el tamaño de una eventual capitalización asociada con un deterioro sustancial de la calidad de los activos es 8%, a todas luces manejable. Segundo, porque el boom crediticio coexiste con un exceso de ahorro sobre gasto equivalente a más de 2% del PIB. Tercero, porque la financiación de estos préstamos no parece estar respaldada por depósitos de los hogares y cabe pensar que buena parte proviene del Estado mismo, lo cual significaría que las eventuales pérdidas patrimoniales ya estarían cubiertas fiscalmente en una suerte de bailout anticipado.

No es razonable, así las cosas, pensar que los ajustes que se están dando y que se seguirán dando en China repercutan en Colombia a través de los canales usuales de sequía de flujos de capital en la medida en que no es razonable anticipar una implosión convencional de su sistema financiero. Más bien, los problemas estarían más asociados a una desaceleración de lo que indudablemente ha constituido un motor vital, como bien lo explica la última declaración del CLAAF.

@CarrasqAl


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