Opinión

  • | 2014/10/30 06:00

    Pero sigo siendo el rey

    La reciente caída de los precios del petróleo muestra una vez más que, a pesar de la creciente importancia de los Estados Unidos en la industria a nivel global, los que siguen mandando son los saudís.

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El precio del crudo ha caído 26% durante las últimas semanas; de niveles de US$115 por barril a US$85 por barril, donde se ha estabilizado. Las razones detrás de esta caída son múltiples. De manera general, obedecen a una demanda de crudo menor a la esperada durante este año, al tiempo que la producción de países como Estados Unidos ha venido creciendo sistemáticamente, creando una sensación de abundancia. De manera particular, obedecen sobre todo a la estrategia de un país: Arabia Saudita.

Con esta estrategia los saudís están atacando dos frentes. El primero, la defensa de su participación en el mercado mundial de crudo, particularmente por la creciente producción en Estados Unidos. El segundo, tratar de poner orden en la casa OPEP (el cartel de crudo de los más importantes productores a nivel global), dentro de la cual existen países que quieren ganárselas todas a costa de lo que haga el reino, lo que en economía se conoce como free riding. En efecto, la decisión de los saudís de no cortar producción ante la caída en los precios, una reacción clásica e histórica en coyunturas similares, obedece a que no quiere ser el único, esta vez, que corte producción.

Y la ventaja es que Arabia Saudita puede sobrevivir por décadas con niveles de precios bajos. Su enorme posición de activos (US$755.000 millones) le permite financiar sus cuentas fiscales de manera bastante holgada con deuda, mientras que otros países requieren de precios de crudo más altos para que sus cuentas públicas cierren. Países como Venezuela, Nigeria, Argelia o Irak requieren precios de alrededor de US$120 por barril para cuadrar sus abultados presupuestos públicos, y ninguno tiene mayor margen de maniobra en relación con sus capacidades de endeudamiento.

Pero la estrategia de los saudís tiene un límite, pues el precio en que la producción de crudo no convencional es rentable, particularmente en Estados Unidos, ha venido cayendo. Según estadísticas recientes publicadas en Bloomberg, formaciones como Bakken y Eagle Ford, dos de las más prolíficas e importantes en ese país, son sostenibles con precios del crudo de US$80 por barril. Incluso hay campos que todavía tienen márgenes importantes para acomodar una caída adicional del precio. Del total de producción norteamericana de 11 millones de barriles por día, más de 6,5 millones de barriles seguirán saliendo con precios en los niveles actuales.

Lo que sí puede lograr la estrategia saudí es estancar el crecimiento de la producción en Estados Unidos y en otros países que no hacen parte de la OPEP, y es de ahí de donde ha venido el crecimiento reciente de producción a nivel global. En la medida en que se aplace la perforación de pozos, tanto exploratorios como productores, los nuevos barriles se demorarán un poco más en llegar al mercado. Esto da un soporte a los niveles actuales de precio del crudo, los cuales no deberían caer más en el corto plazo.

En el mediano plazo, sin embargo, se espera que no entre nueva producción y que la demanda de crudo, que ha tenido un año flojo, se recupere. Esto obedece a varios efectos: un menor crecimiento en China, el posible estancamiento con tufos de recesión de la economía europea, especialmente en Alemania, y las paradas programadas de las refinerías a nivel global, todo lo cual ha resultado en una menor demanda de alrededor de 7 millones de barriles de crudo por día.

¿Todo esto qué implica para el precio? Que se mantendrá entre US$88 y US$93 por barril. Por el lado de la demanda, se espera un repunte, así sea leve, del crecimiento chino y de otros países consumidores de crudo. En efecto, según estimados del FMI, por una reducción de 10% en los precios del crudo, el PIB mundial crece 0,2% adicional. Esto, gracias a la enorme transferencia de recursos de países productores a países consumidores de crudo, que generalmente tienden a ser además los que jalonan la demanda mundial. Si en el mundo se consumen alrededor de 90 millones de barriles por día, a un precio de US$115 por barril, y ese precio cae a US$85, esa transferencia vale alrededor de US$1 trillón de más en los bolsillos de los consumidores.

Y en este escenario, ¿quién sigue teniendo la capacidad sobrante de producción y, por consiguiente, el control del precio sobre el barril marginal? Arabia Saudita. Es cierto que la producción en Estados Unidos crece, pero lo cierto es que esos barriles tienen un costo de producción superior al de barriles convencionales, los cuales abundan en la península árabe. Por lo pronto, entonces, los saudís mantendrán una injerencia enorme sobre el precio del crudo porque, si bien no llegan primero, parece que sí saben llegar.
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