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Bienvenidos, ahora sí, al futuro

| 12/16/2012 8:03:00 AM

Bienvenidos, ahora sí, al futuro

Todas las circunstancias se están dando para que este auge sea sólido y con un buen pronóstico. Lo único que se requiere es darles continuidad a las políticas de Estado y no dejar de invertir en seguridad.

por Fanny Kertzman

Tal vez los colombianos insertados en la problemática diaria del tráfico y raponeo no se han dado cuenta de la enorme transformación que ha sufrido el país. Colombia era un país cerrado, con control de cambios, hostil a la inmigración y a la inversión extranjera, con políticas económicas discriminatorias y aislado del concierto mundial. Cuando el canal del clima daba su pronóstico, Bogotá no se incluía pero Lima sí.

Vino la apertura de César Gaviria, cuando se acabó de un tajo con el control de cambios y se abrió el país a la inversión extranjera, pero otras circunstancias no se dieron para lograr un progreso tan extraordinario como el que vivimos en este momento. Colombia era uno de los países más inseguros del mundo, uno de los pocos que todavía tenían, no un solo movimiento guerrillero, sino tres. Por más que Gaviria y su ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, trataron de insertar el país en el entramado internacional, esto fue posible solo hasta cierto punto por la inseguridad y el terrorismo.

Además, se atravesó el narcotráfico, que corrompió todas las instituciones. Solo cuando Estados Unidos comprendió que narcotráfico y guerrilla eran una sola cosa y permitió utilizar los recursos del Plan Colombia para luchar contra esa lacra, las cosas empezaron a cambiar.

Y Colombia corrió a coger el tren del progreso que lo había dejado atrás. A partir de 2002 se ha aplicado una política de Estado de lucha contra el crimen y aumento de la confianza inversionista. La inversión extranjera se ha multiplicado por cuatro. Hablaré de la minería en una próxima columna. Por ahora me quito el sombrero ante el nuevo Eldorado y la inmensa expansión en servicios, al punto que el desempleo ha caído a menos de un dígito, cifra que no se veía desde hace 30 años. Los servicios son muy intensivos en mano de obra.

Vuelvo a Colombia después de 12 años de ausencia y de haber dejado un país inviable, y me encuentro con unos centros comerciales como El Tesoro, en Medellín, y Titán Plaza, en Bogotá, para mencionar solo dos, con marcas extranjeras como Coach, Banana Republic, Gap, Nike, Zara, Mango, Falabella, Calvin Klein compitiendo con gigantes nacionales como Tennis, Gef, Punto Blanco, Éxito y Pat Primo.

Esta explosión de marcas se da no solo porque hay un trato justo y equitativo a la inversión extranjera, sino porque también se ha racionalizado el comercio exterior y es posible nacionalizar mercancías sin tener que untar a los funcionarios de la Dian. Una muestra es Ktronix. Hace 14 años ese nicho era de los sanandresitos. Hoy los almacenes de cadena venden electrodomésticos a los mismos precios que en el exterior, con todas las garantías y facilidades, esto como producto de una política conjunta de la Dian y el sector privado.

Si el desarrollo se mide por los conciertos, estamos sobrados. Los conciertos de Madonna dejaron $16.000 millones a Medellín sumando los impuestos, alquileres, llenos en los hoteles, el transporte público y restaurantes. Al haber dejado atrás el miedo, los artistas internacionales ya consideran a Colombia dentro de sus giras. Durante toda mi juventud y vida adulta en Bogotá hubo un solo concierto: Elton John en el Campín. Eso quiere decir que en 35 años solo vino un artista pop de renombre mundial a Colombia.

No solo los centros comerciales sino también los hoteles y restaurantes son espectaculares. Quién se hubiera imaginado hace 10 años el auge de los hoteles boutique o la variedad y calidad de los restaurantes. Así era Caracas a principios de los noventa. Qué pesar. Por eso están llegando muchos venezolanos con billete para invertir.

Todas las circunstancias se están dando para que este auge sea sólido y con un buen pronóstico. Lo único que se requiere es darles continuidad a las políticas de Estado y no dejar de invertir en seguridad. ¿Cuál es el peligro? Un presidente que no comulgue con la política de Estado que se aplica desde 2002. Un Gustavo Petro, por ejemplo. Y esto lo tiene que tener muy claro el electorado. Lo que salvó al país de ser inviable fue la continuidad de unas políticas acertadas, porque por más que se peleen, Santos le ha dado continuidad a las políticas y fundamentales de Uribe, por más que por Twitter digan lo contrario.

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