Opinión

  • | 2017/08/03 00:01

    Ausencia de un norte y audaces propuestas

    El país necesita una visión de largo plazo, con propuestas atrevidas y sin tantos cálculos frente al statu quo.

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Resulta fundamental viabilizar los avances logrados al reducir sustancialmente el antiestablecimiento que por la vía militar desafiaba el monopolio de las armas del Estado, debilitaba más la frágil presencia del orden constitucional para imponer la ley y el orden en el país. Y eso solo se logra superando los retos estructurales económicos que demoran el progreso y el desarrollo de Colombia y sus ciudadanos.

Por lo mismo, hay que unir nuestras voces para que en el debate nacional estos temas sean parte de la discusión principal y prioritaria de la clase dirigente frente a sus reclamaciones de política pública.

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De nada sirve esta polarización personalista, poco ilustrativa y propositiva sobre cómo encarar el futuro productivo del país, pero que nos somete a todos, como en otras inexorables veces de la patria boba, a la división alrededor de próceres, sus egos e intereses particulares. Quedarnos allí solo garantiza que todos y las nuevas generaciones resultemos perdedores.

El mundo no se detiene, alrededor de la productividad y la competitividad sigue su trasformación. El cambio económico y empresarial global basado en las ventajas tecnológicas viene trasladándonos a una creciente concentración de las utilidades a nivel de cada sector e industria, de forma que estas recaen mayormente en tan solo unas pocas firmas super-estrellas.

Adicionalmente, estas superestrellas atraen a inversionistas y al capital en la medida en que aumentan su productividad. Ello se observa especialmente, entre otras variables, en que tienen mayor capitalización bursátil y por trabajador, que aquellas de más baja productividad y que son más intensivas en mano de obra. Aunque este cambio supone una amenaza también es oportunidad.

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Han pasado casi 37 años desde que el 75% de la economía mundial estaba en el 30% de la población residente en economías avanzadas, para dar paso a un presente donde 70% de la población mundial, que vive en economías emergentes, representa el 57% de la economía mundial y aporta el 74% de su crecimiento. Tendencias que sobreviven tras 10 años de crisis en muchas economías desarrolladas, al estancamiento industrial y del comercio mundial, la alta dependencia de las sociedades en vivir al debe y la mayor concentración de la riqueza al interior de los países.

Los próximos cuatro mandatarios en Colombia tendrán que liderar al país ante la consolidación del nuevo orden económico y empresarial global, donde China acentúa su peso como la mayor economía mundial, donde siete de las diez principales economías son emergentes –dos de ellas en América Latina–, en que la estrategia de desarrollo internacional empresarial está más basada en la expansión a nivel de ciudades que de países, donde la clase media en nuestra región será casi 73% mayor a la de comienzos de esta década y la de Asia Pacifico seis veces mayor.

Ante estas transformaciones globales Colombia carece de un plan estratégico para su progreso de largo plazo. Uno que sea integral y coherente en su ejecución para el empresariado.

Da la sensación de que el país ha vuelto a caer en la política pública del menudeo, transando sus políticas ante paros y huelgas, y gestionando apenas el día a día con pocas excepciones.

Si en Colombia existen ideas alternativas de cómo apostar al futuro, brillan por su silencio y están lejos de generar un consenso entre los empresarios. Menos aún sobre cómo se articula regionalmente esa estrategia y se implementa en sectores económicos sin caer en el cortoplacismo.

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Si 65% de nuestra economía es consumo de los hogares, ¿cómo vamos a sostener la demanda interna si partimos de que solo 46,6% de nuestra población es ocupada y el 18,6% es subempleada y aun así tenemos indicadores de baja productividad laboral? ¿Cómo defender nuestro aparato productivo que se enfrenta a una alta informalidad? ¿Vía subsidios y prebendas que no solucionan ni lo uno ni lo otro?

¿Cuál es el plan de relocalización productiva y de coordinación de la política pública en la provisión de mejores servicios públicos, adecuado capital humano y capacitado, así como de moderna infraestructura fuera de Bogotá?

A pesar del histórico registro de errores, sobrevaloramos la creación y generación espontánea. ¡Y ahí el resultado!

Ya les tocó a los gringos ver los efectos de la política caudillista, basada en discutir sobre la persona y no sobre sus propuestas y planes de política pública. Trump debilita la institucionalidad, hace efímeros los logros y ralentiza el avance económico con su estilo disruptivo.

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