Opinión

  • | 2016/01/21 00:00

    Isagén y los mamertos

    La venta de las acciones de Isagen generó un debate lleno de dogmas y medias verdades.

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La exsenadora Piedad Cordoba, el martes 13 de enero pasado, día en que se adelantó la subasta de venta de la participación de la Nación en Isagen, publicó el siguiente tuit: “#LeccionesIsagen: Con la venta de Isagen buena parte del país ha entendido qué es eso de defender lo público. Los mamertos teníamos razón”.

La verdad, no sé por dónde empezar. Siempre, supongo, es bueno hacerlo por el comienzo. En este caso, por la frase de que el país ha entendido qué es eso de defender lo público, según la exsenadora.

Para que el país entienda qué es eso de defender lo público, primero hay que entender qué es lo público. Un bien público tiene unas características muy particulares. La principal razón por la cual un bien es público es por su característica de que no se puede excluir de su uso a alguien por el hecho de que otra persona lo esté usando, o pagado por él. Un claro ejemplo de esto es una carretera. Los carros, que pagan peaje, no pueden impedir el uso de la carretera por parte de las motos, por ejemplo, que no lo hacen, y los motociclistas usan ese bien por el cual no han pagado.

Las acciones de una compañía, incluyendo las de Isagen, claramente no cumplen con esta característica. El derecho económico de cada acción, el dividendo y la propiedad de parte de la compañía son exclusivos de su propietario, y nadie distinto a él puede beneficiarse de ese bien. Los dividendos y las subidas y bajadas del precio de la acción son solamente de su propietario, quien incurrió en un costo (la compra de las acciones) para poder beneficiarse del mismo.

Ahora bien, un abogado diría que lo público es todo aquello de propiedad del Estado. Sin embargo, entendería yo que ese abogado no puede limitarse únicamente a la propiedad del bien. No por el hecho de que el Estado sea dueño de algo quiere decir que todos podamos beneficiarnos de ello. Por eso, la característica de que el público en general pueda disfrutar del bien es fundamental para complementar lo público con lo jurídico. Un parque, por ejemplo. No una acción. ¿O es que todos podemos beneficiarnos de los dividendos, por ejemplo, que reparte Ecopetrol a la Nación? Claro que no. El único beneficiario es su dueño, que en este caso es el Ministerio de Hacienda. Y es él, sujeto al ordenamiento legal vigente en el país, el que decide cómo se gasta ese dividendo. Para el caso de Isagen hay que sumarle el hecho de que su funcionamiento se rige por el derecho privado, independientemente de quién sea el titular de las acciones.

Entonces, con la venta de Isagen es imposible que los colombianos entiendan qué es eso de defender lo público, por sustracción de materia. Aquí no hay ningún bien público. 

Vamos entonces a la segunda parte: esa de que los mamertos tenían razón. Aquí me parece que la exsenadora se quedó corta. Los mamertos sí tenían razón –utilizando el término de la señora Córdoba–, pero solamente porque están asumiendo un mundo sin restricciones. 

Me explico. Supongamos que un Estado tiene solo dos posibilidades de invertir unos recursos que tiene. Una es en la necesidad imperiosa de capitalizar una hidroeléctrica que requiere recursos frescos. Otra es la construcción de 1.000 colegios. Los mamertos, según la exsenadora, harían ambos. Pero como los recursos tienen restricciones, no alcanzan sino para la mitad de los colegios y para capitalizar a medias la hidroeléctrica. En otras palabras, ambas cosas quedan mal hechas.

¿Qué pasa si, más bien, el Estado vende la hidroeléctrica a alguien que está dispuesto a operarla y mantenerla por su propia cuenta y riesgo, y a pagar impuestos al Estado? Pues que se pueden hacer los 1.000 colegios (esos que no puede hacer nadie distinto al Estado), y además permite no andar corriendo riesgos de que la hidroeléctrica se dañe, la invadan unas comunidades, o le vuelen unas torres de transmisión que impidan que opere. En este modelo el Estado recibe unas rentas por parte de quienes están explotando los bienes por los que pagaron, permitiendo concentrarse en aquellos otros bienes que nadie sino el Estado está dispuesto a proveer. Para que los mamertos tengan razón, es necesario que se puedan hacer tanto los colegios como la capitalización de la hidroeléctrica. Lastimosamente, como todos sabemos, el mundo no funciona así.

Es muy posible que la venta de las acciones de Isagen efectivamente haya dejado muchas lecciones. Pero definitivamente entender la defensa de lo público no es una de ellas. Los mamertos, generalmente, tratan de enseñarnos esto. Pero en la mayoría de los casos la lección queda mal aprendida.

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