Opinión

  • | 2012/09/26 18:00

    Arma de doble filo

    La adopción de políticas para ayudar a la industria se debe hacer con delicadeza y procurando no afectar el resto de variables de la economía.

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La situación de la industria en Colombia preocupa a muchos, y con razón. Si bien la economía creció 4,9% durante el segundo trimestre del año, la industria se contrajo en 0,6%, y lleva dos trimestres consecutivos en declive.

La industria manufacturera en Colombia es importante generadora de empleo, consumidora de bienes intermedios y materias primas, y un importante sector para la economía, y nadie dudaría en que se debe pensar cómo convertirla en una más competitiva y robusta, sobre todo de cara a la firma de los Tratados de Libre Comercio que ha adoptado Colombia. Pero como ocurre con casi todo, el diablo está en los detalles, y el diseño de políticas públicas para la promoción de la industria se debe hacer de manera que distorsione lo mínimo posible otras variables.

No es la primera vez que un país se debate entre dar apoyo a través de políticas públicas a un sector específico. La política industrial, ese conjunto de medidas que se diseñan para promover la competitividad de una industria, ha sido arduamente discutida entre economistas y académicos por décadas. Los más ortodoxos son partidarios de no aplicar políticas públicas particulares para ciertos sectores, y argumentan que las industrias deben desaparecer si pierden su competitividad frente a otras industrias en otros países del mundo. Hay otros que dicen que existen políticas transversales que influyen en toda la economía, que serían benéficas para la industria pero sin generar distorsiones relativas entre sectores y/o variables que a la larga pueden salir más perjudiciales.

De alguna u otra forma, muchos países a lo largo de la historia –China, Chile, Estados Unidos, Alemania, entre muchos otros– han adoptado alguna forma de política industrial, algunos con políticas transversales y otros con subsidios directos. En mi opinión, los subsidios no son la manera correcta de aproximar el tema, y es mucho mejor diseñar políticas transversales que no distorsionen la relación entre las diferentes variables de toda la economía. Es en mantener esa correcta relación donde se dan las señales para que el capital fluya hacia los sectores de mayor rendimiento e impacto, y distorsionarla puede traer consecuencias graves en dicha asignación.

Sin embargo, a veces las políticas transversales chocan con realidades fiscales y políticas que hacen que lo que comienza bien termine mal. El balance de qué variables mover, qué políticas diseñar, es delicado. Una reducción en los impuestos a la nómina, por ejemplo, sin duda generaría incentivos para generar empleo, reduciría el costo de contratación de la industria y la economía en general y permitiría desincentivar la economía informal. Un ajuste en las tarifas marginales de impuesto de renta y un código tributario más claro y menos complejo, también ayudarían a la competitividad en general, al igual que una simplificación del IVA y un aumento de la base de aplicación de este impuesto. Todas fórmulas ya alguna vez plasmadas en una reforma, y todas fórmulas que casi siempre salen del Congreso con distorsiones severas, que al final del día lo que generan es desgaste político, debate institucional y mayores distorsiones.

Otro tema peligroso, a mi juicio, es tratar de reducir costos a la brava, porque sí. “Reducir costos de los insumos energéticos, como la electricidad y el gas, es indispensable para que la industria tenga mejor desempeño”, dijo el Ministro Cárdenas en entrevista a El Tiempo. Los precios de los energéticos en Colombia obedecen a una tradición regulatoria sembrada en la ortodoxia técnica y en la adopción de mecanismos regulatorios probados y con larga aplicación, no solo en el país sino a nivel internacional. El debate alrededor de los precios de los energéticos –tema de mi próxima columna– está a la orden del día como un elemento más de la política industrial, y no se puede convertir en el chivo expiatorio ni en la salida fácil al problema por el que atraviesa la industria en el país.
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