Opinión

  • | 2016/10/13 00:00

    ¿AFP o Colpensiones?

    Las implicaciones de la “doble asesoría” exigida para pasarse de un régimen a otro.

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Si usted quiere pasarse de una AFP a Colpensiones, o viceversa, debe pedirles a ambas entidades que lo asesoren para tomar la decisión. Desde el primero de octubre esta obligación aplica a las mujeres de 42 a 47 años y a los hombres de 47 a 52 años (los mayores de estas estas edades no pueden cambiar de régimen). En enero de 2018, la exigencia se extenderá a mujeres entre 37 y 47 años y hombres entre 42 y 52 años. Y en octubre de 2018 aplicará a todas las mujeres menores de 47 y todos los hombres menores de 52.

Se han mencionado dos razones para esta medida. Una es la gran cantidad de traslados de las AFP a Colpensiones (159.000 personas el año pasado). Y, otra, que según el Ministerio de Hacienda y Asofondos, más de 80% de quienes se pasan a Colpensiones les iría mejor quedándose en las AFP.

El paternalismo de la “doble asesoría” pone en evidencia las contradicciones y problemas en que se encuentra nuestro sistema pensional. Supuestamente, la ventaja de tener dos regímenes era que los afiliados pudieran escoger, pero ahora se reconoce que no saben o no pueden hacerlo, pues las normas son muy enredadas y las incertidumbres muy grandes.

Siendo así, ¿no debería exigirse también la “doble asesoría” para la primera decisión de afiliación que es la más importante? Actualmente, 91% de los menores de 35 años están afiliados a las AFP, no porque hayan tomado una decisión consciente, sino porque las AFP hacen publicidad y atraen a los jóvenes con regalos y atenciones, que no son más que un desperdicio de los ahorros de los aportantes. Sería más constructivo dedicarles esos recursos a programas educativos sobre la importancia del ahorro para la vejez.

Puesto que la mayoría de la gente no entiende el complejo sistema pensional, ¿no sería mejor que el Gobierno eliminara la posibilidad de escoger y asignara a cada quien el régimen que más le conviene? O, mejor todavía, que diseñara un sistema que proteja en forma adecuada a todos los trabajadores.

Colombia y Perú son los únicos países del mundo donde se pone a los afiliados en la absurda situación de escoger entre dos regímenes tan diferentes. Y eso ha profundizado los problemas de baja cobertura, inequidad y sostenibilidad de sus sistemas pensionales.

La “doble asesoría” no ayudará a resolver estos tres problemas. Lo que posiblemente ocurrirá es que los traslados sean menos pero más selectivos, debido a la dificultad de completar los trámites. Tenderán a pasarse de las AFP a Colpensiones solo los trabajadores de altos ingresos que han tenido empleos estables, ahora con una seguridad aun mayor de que allí recibirán un subsidio que puede superar los $1.000 millones por persona. En cambio, los trabajadores de bajos salarios, que en su mayoría no consiguen las 1.300 semanas de cotización exigidas en Colpensiones, tendrán claro que les va mejor en una AFP, pues al menos les reconocerán los rendimientos de sus aportes. Sin embargo, casi con seguridad no recibirán ningún subsidio estatal. De hecho, desde que se crearon las AFP en 1993 hasta marzo de este año, solo se han concedido 2.805 pensiones vitalicias subsidiadas por el Fondo de Garantía de Pensión Mínima. La principal razón es que, aunque el afiliado haya completado las 1.150 semanas de cotización exigidas en este caso, pierde el acceso si él o su cónyuge tienen cualquier otro ingreso superior al salario mínimo. Además, muchos prefieren que les devuelvan el dinero en vez de la pensión (lo que también le conviene a las AFP).

Por consiguiente, la inequidad del sistema será aún mayor que ahora: subsidios más concentrados en los ricos. Y como Colpensiones se hará cargo de pensiones más costosas, el sistema será a la larga menos sostenible fiscalmente. Por su parte, las AFP se concentrarán más en los trabajadores inestables o de bajos salarios, que tienen pocas perspectivas de alcanzar pensión alguna, pero que son un gran negocio financiero.

En síntesis, la “doble asesoría” es un mal remiendo para un sistema que está haciendo agua por todos lados y que debería reformarse radicalmente cuanto antes.

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