| 10/30/2005 12:00:00 AM

Las otras concesiones

El reto es hacer de la concesión un buen negocio para todos.

Las otras concesiones
La experiencia colombiana en concesiones aeroportuarias, como en otros países de la región, no es afortunada. Se han concesionado los aeropuertos de Cartagena, 1996; el de Barranquilla, 1997 y el de Cali, 2000.

Al revisar las dos primeras concesiones, en junio de 1997, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) dijo que la contraprestación ofrecida por el concesionario equivale a un mínimo contemplado en los pliegos de condiciones, que hubo falta de claridad en las inversiones requeridas en los aeropuertos pues no hubo planes maestros previos que proyectaran qué se necesitaba y hubo inquietudes sobre la magnitud del negocio que se le estaba entregando al sector privado.

La Asociación de Transportadores Aéreos (ATAC) hizo su propio diagnóstico, según el cual los contratos no precisaron los riesgos propios de la concesión en cabeza del concesionario, las obras por desarrollar no estaban definidas claramente, faltó precisión en el plan de inversiones y los planes maestros de cada aeropuerto.

Además, el uso de las instalaciones aeroportuarias por parte de los transportadores aéreos se hizo por concurso público y no se hizo distinción entre el arrendamiento de espacios para fines comerciales y los que tienen fines aeronáuticos.

En las tarifas de los servicios básicos se estableció un incremento superior al de los demás aeropuertos del país, y las tarifas por cargos complementarios no tenían un marco regulatorio definido, pues se dejó la puerta abierta a la desagregación de tarifas y a la creación de nuevas, sin que se exijan inversiones.
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