| 3/18/2005 12:00:00 AM

La subasta

Este mecanismo permitió solucionar el conflicto entre las dos familias accionistas.

La subasta
A las 10 de la mañana del 11 de marzo, se encontraron en Ciudad de Panamá los representantes de las dos ramas de la familia Urrea -los Urrea Arbeláez y las Urrea Jiménez- para iniciar el proceso de subasta que se utilizó para concretar qué familia se quedaría con la empresa.

Después de 9 horas, con intervalos de 30 minutos para conversar con sus respectivos grupos, a las 7 de la noche se conoció el grupo que controlará en adelante los destinos de la empresa: la familia Urrea Arbeláez.

La subasta fue el modelo para solucionar el conflicto por el que las dos familias se decidieron, luego de la crisis que estalló el año anterior en la compañía, por su visión y control. Se trató de un acuerdo suscrito ante la Superintendencia de Sociedades, en el que definieron como mecanismo la formulación de una oferta recíproca irrevocable de venta. Es decir, las familias se sometían a un sistema de subasta privada, en el que el mejor postor se quedaba con la compañía, luego de un proceso en el que se presentaban las ofertas, partiendo de una base, y la contraparte las mejoraba, hasta llegar al límite que cada uno de los grupos, internamente, manejaba.

"Este mecanismo de subasta fue ideal, porque era la manera más justa para que las familias definieran esta coyuntura. Era claro que, a pesar de las diferencias, la empresa y su futuro estaban por encima, y no se podía caer en el error de que el problema de la familia trascendiera a la empresa", explica una fuente cercana a Leonisa. "Además, en el proceso no hubo vencedores ni vencidos", agrega. La cifra de la negociación no se conoció, pues las familias firmaron un acuerdo de confidencialidad.
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