| 4/30/2004 12:00:00 AM

¿La salida?

¿La salida?
El reto de Luis Fernando Alvarado, gerente liquidador de Hilacol, es muy grande. Tiene que lograr que los activos de la compañía no pierdan valor y vender la empresa como una unidad productiva y no en pedazos.

El caso de Fibratolima es distinto, porque -antes de acogerse a la liquidación- firmó un contrato por 4 años por $14.000 millones con Fabricato para alquilarle sus plantas y trabajadores y hacerle maquila. Este modelo es una réplica del que adelantó la empresa paisa Liverpool que, en su liquidación, hizo lo propio con la CI Doskar para fabricarle maquila. "Como la Ley 222 obliga a las empresas en liquidación a cumplir sus contratos en curso, la empresa siguió funcionando. No se perdieron los puestos de trabajo y el valor de sus activos no se derrumbó", asegura Álvaro Isaza, un abogado promotor de esta iniciativa junto con Álvaro Arango.

La figura es que la planta queda funcionando. La empresa no se despedaza y puede funcionar mientras la persona jurídica se liquida. Eso le permite llegar a un acuerdo de liquidación para buscar a alguien que la compre y los activos se reincorporen al sector industrial. Más aún cuando el país necesita más telas y plantas para potenciar los beneficios arancelarios.

Hoy el suministro de prendas para las tiendas de Azúcar se hace por medio de un proveedor en Medellín, la firma Ferrocarril, con lo cual la marca, como uno de los activos intangibles más valiosos que quedan, pierde menos valor y hoy es uno de los más preciados.
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